EL ARBOL DE LA SERPIENTE (II)

La zona sur del bosque era la más insana pues estaba invadida por ciénagas y lodazales. El cauce del río se hacía más ancho y el agua empapaba el suelo del bosque creando una densa red de canales, charcas y cañaverales entre los que se alternaban algunos árboles retorcidos. El lugar estaba infestado de insectos picadores, alimañas venenosas y plantas urticantes. En verano era un pozo de enfermedades y en invierno era un infierno helado. Sólo un loco pretendería vivir allí.

Probablemente por eso los orcos del Tejón Cornudo habían tomado aquel lugar como su territorio permanente.

ebb_20040217_HalfOrcs_Shadow_Marches La tribu del Tejón Cornudo no guerreaba tanto como las otras. Sus miembros solían enorgullecerse de ello y atribuirlo al miedo que les tenían las otras tribus aunque realmente ni la tribu del Oso, ni la del Lobo, ni el Colmillo de Jabalí, ni ninguna otra tenían el menor interés en acercarse a los apestosos pantanos del Tejón Cornudo. Los orcos del Tejón Cornudo vivían de una caza y una pesca que producían una comida bastante desagradable incluso para los orcos. Por necesidad, habían desarrollado cierta facilidad para nadar (no mucha y no todos sabían) e incluso construían toscas balsas pero ningún otro orco apreciaba estas habilidades.

Con comida mala, terreno insano y pocas ventajas más, muchos pensaban que el Tejón Cornudo era un acúmulo de fugitivos y renegados sin otro sitio a donde ir. Sin embargo, la tribu del Tejón Cornudo llevaba en los pantanos más tiempo del que ningún orco podía recordar (bien, eso no es gran cosa pero aún así llevaban muchos años ahí metidos) y raramente salían de allí. Lo que les ataba a aquel pantano era su desmedida afición a ciertos frutos que sólo crecían en aquella parte del bosque. Además del grok orco (destilado a base de raíces, sangre y hierbas más o menos al azar), los orcos del Tejón Cornudo eran muy aficionados a toda suerte de setas, bayas y frutos alucinógenos que les producían gran felicidad y visiones maravillosas. El mayor exponente de esta afición era su propio líder, Tripchung Cabeza Enferma.

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Tripchung era conocido en la sociedad orca por varios motivos. En primer lugar, por sus extravagantes ropajes. Acostumbraba a llevar amplias túnicas con centenares de abalorios, huesos y semillas colgando por lo que cuando se movía hacía más ruido que unas maracas. En segundo lugar, se le atribuían extraños poderes mágicos que él mismo se encargaba de predicar (que no de mostrar) a cualquiera que se encontrara. En tercer lugar, Tripchung era aficionado a guardar desagradables mascotas a las que alimentaba con cualquier prisionero que capturara. Tenía un pozo lleno de arañas venenosas, otro con serpientes y un estanque con peces carnívoros en los que de tarde en tarde acababa algún miembro de la tribu como castigo a alguna falta (real o imaginaria). Por último, tampoco era ningún secreto el hecho de que Tripchung le daba cosa mala al groc y a las bayas juju lo que, si los orcos se hubieran parado a pensar sobre ello, justificaba las otras tres “rarezas”.

El jefe Karg sabía todo eso y no confiaba en Cabeza Enferma. No le parecía de fiar (bien mirado, los jefes orcos jamás confiaban entre ellos) y su tribu estaba muy debilitada para un enfrentamiento contra el Tejón Cornudo en su propio territorio pero eran tiempos difíciles que requerían medidas desesperadas. Si el Colmillo de Jabalí quería sobrevivir debía unirse al Tejón Cornudo. Probablemente, la tribu del Lobo o la del Oso serían más afines con la suya (de hecho, muchos miembros estaban emparentados aunque eso les daba bastante igual a los orcos) pero los enfrentamientos con ellos eran demasiado recientes para andar proponiendo alianzas. Y si alguien estaba dispuesto a admitir a una treintena de orcos zarrapastrosos en su tribu a cambio de media tonelada de carne de gigante ese era Tripchung.

Cabeza Enferma puso sus condiciones, claro. Subido en su trono-piedra, embadurnado en pinturas “mágicas” y sosteniendo su báculo mágico (una rama con calaveras de bichos pegadas) dictaminó que la unión de Karg y los suyos a su tribu le parecía bien a cambio de que A)siguieran siendo el Tejón Cornudo y él el jefe absoluto, claro, B)los nuevos cocinaran toda la carne que habían traído y la probarían primero por si acaso en la Gran Fiesta de Bienvenida que harían para celebrar su ingreso, C) que las nuevas hembras pasarían a formar parte de su harén personal hasta que le dieran una camada cada una y D) que los nuevos miembros de la tribu se encargarían de ir a por leña para la Gran Fiesta de Bienvenida.

Karg y sus orcos intercambiaron miradas de desaliento e impotencia. No les parecían unas buenas condiciones incluso a cambio de su propia supervivencia pero era lo que había. La caza del gigante que los había diezmado había dejado a la tribu para el arrastre y no podían andarse con exigencias. No tenían fuerzas ya para seguir buscando supervivientes por el bosque estando a merced de cualquier tribu con ganas de pelea. Tenían que reagruparse y recuperarse, aunque fuera al amparo de Tripchung Cabeza Enferma.

* * *

Las hachas esgrimidas por Karg, Tizak, Bastardo y los demás cayeron sobre la corteza del árbol como fauces hambrientas. En parte aún estaban rabiosos pero sobre todo estaban borrachos. Tripchung los había mandado al bosque a por leña y había tenido el detalle de proveerles de varios odres de grok. A su pesar, los orcos del Colmillo de Jabalí tenían que admitir que Cabeza Enferma era un fiera destilando bebidas. Aquel grok tenía un sabor mucho mejor que el que ellos sabían preparar y les calentaba el corazón y la cabeza por igual. Tripchung sabía cómo ganarse a los orcos.

A poco de alejarse del poblado del Tejón Cornudo (todas las hembras y sus cachorros se habían quedado), los orcos habían apurado sus odres y habían descubierto que su situación ya no era tan mala. Cantando una balada obscena tras otra y jurando contra su nuevo jefe, Karg y los demás habían buscado el árbol más gordo y más seco posible para por lo menos dar una buena impresión a sus nuevos compañeros de tribu. Que no se dijera que los orcos del Colmillo de Jabalí eran unos vagos.

Ni siquiera estando sobrios los orcos se habrían fijado en las runas serpentinas que cubrían la corteza de aquel enorme árbol. La palabra escrita era algo demasiado complicado para ellos. Como mucho, a veces dejaban marcas en los troncos de los árboles para indicar quién había pasado por allí pero no más. El mero concepto de encerrar el espíritu de un hechicero en un árbol cubierto de runas mágicas era demasiado para que se les ocurriera nada parecido.

De modo que destrozaron el tronco a hachazos (en su estado era difícil que acertaran en el mismo sitio dos veces) y lo echaron abajo. Cuando el árbol-tumba de Zachaon-Hiss-Ska´ak cayó contra el suelo del bosque sonó un trueno retumbante (los orcos miraron extrañados al cielo sin nubes) y todos los pájaros en muchos kilómetros a la redonda levantaron el vuelo a la vez. En la ciudad de Ushgarak, baluarte de los elfos oscuros, la cabeza de la estatua principal del Dios Serpiente cayó sobre cuatro sacerdotisas aplastándolas. En Trorn, el archi-sacerdote de Heimon saltó por la ventana de la torre del homenaje (si bien era un secreto a voces que el viejo carcamal ya estaba bastante mochales por sí solo como para considerar aquello una mala señal). En el bosque Lothoril, la reina elfa Niblegaiderel tuvo un repentino dolor de cabeza (y cada vez que le venía uno solían pasar cosas malas como apostillaba el consejero Eldrebanis). El único orco que notó repentinamente que algo iba mal fue Tripchung, que notó una repentina arcada y tuvo que salir corriendo de su choza.

Escupiéndose en las manos, los orcos del Colmillo de Jabalí (ahora del Tejón Cornudo) agarraron el arbol y empezaron a arrastrarlo hacia su nuevo hogar.

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5 comentarios to “EL ARBOL DE LA SERPIENTE (II)”

  1. JoanElMisericordioso Says:

    Mmmmh..

    Mola…

    T faltaba decir, cdo has enumerado las consecuencias inmediatas de la caida del tronco en esa variedad d templos y hechiceros q a alguna suma sacerdotisa elfa se le adelantó la regla.

    Por otro lado…Orcos q viven en cienagas inmundas…Ultimamente has estado viendo Shrek, verdad¿?
    (para los agilipollados q puedan pensarlo, si, se q shrek es un ogro y no un orco, pero tb es feo y maloliente y vive en una cienaga).

    Ala…Un saludo a todos. Wazowsky t echo de menos.

  2. Hermesh Says:

    Pobre Karg, lo que tiene que aguantar, aunque me da a mi que la que acaba de montar va a ser peor que aguantar a un orco triposo

  3. Xetegol Says:

    Has sacado la parte cómica de “la pandilla” jeje.

    Una duda que me queda… cuando el tripa chunga (Tripchung) dice que las hembras formarán parte de su haren… ¿ha tenido en cuenta a Madre Ullag?

    Yo creo que si esta vez vuelve a haber masacre habra que cambiar de entrenador…

  4. Por partes:

    “Tripchung”, en efetcto, no es un nombre inventado para la ocasión. Creo que el original era una regla mnemotécnica sobre trypanosomas (ni puta idea de cómo se escribía) pero hasta ahí puedo leer. Las reglas sobreviven a los juegos, ya ves.

    Evidentemente, a un tío que le llaman Cabeza Enferma difícilmente intuya los problemas que pueden ocasionarle meterse en las bragas de Madre Ullag. O a lo mejor ella se deja, vete tú a saber…

    No tengo más escrito de esta historia en concreto. Tiempo al tiempo…

  5. pelonido Says:

    Pues sí, pues sí… Tenía yo la misma duda que Xetegol. Esa situación con Madre Ullag se auspicia delicada…

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