EL ARBOL DE LA SERPIENTE (III)

Después de bastante tiempo, he decidido retomar esta historia de orcos (gracias, Xetegol…). Incluyo aquí las primeras partes para el que no se acuerde:

PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE

Los orcos tiraron del árbol caído a través de las ciénagas del Tejón Cornudo arrastrándolo lentamente. Había tramos en los que el lodazal hacía la tarea muy dura incluso para veinte orcos borrachos pero ninguno estaba dispuesto a rendirse: tenían que demostrar a su tribu adoptiva que eran tan buenos como el que más.

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A pesar del grok que corría por sus venas, las canciones no dejaban de sonar. Eran canciones orcas alegres, obscenas, violentas y escatológicas, un signo de desafío para demostrar a los demás que uno no estaba cansado por mucho árbol que llevaran a cuestas. Eran orcos, faltaría más.

Llegaron hasta la orilla de un lago de aguas oscuras y se detuvieron mirándolas con aprensión. Al otro lado del lago se encontraba el poblado de la tribu del Tejón Cornudo pero les llevaría muchas horas rodearlo. Varias miradas desdeñosas cayeron sobre Tizak, que había guiado al grupo a la espesura en busca de “un árbol decente para quemar” y al final, andando, andando, los había alejado demasiado.

Maldito tuerto de las pelotas, parecían decir los orcos con la mirada.

Fue Bastardo el que tuvo la idea de utilizar el árbol como barca. En otras circunstancias, los orcos habrían ignorado la ocurrencia del mestizo: Karg le habría dado un papirotazo y habrían discutido la mejor manera de arrastrar el árbol.
Pero aquellas no eran circunstancias normales. Karg ya no era oficialmente el jefe y todos estaban deseosos de impresionar a los orcos del Tejón Cornudo para ser aceptados. A los orcos no les hacía demasiada gracia el agua pero sabían que los del Tejón Cornudo navegaban y obtenían su comida en ella. Si querían formar parte de ellos, tendrían que comportarse como ellos así que, con un último esfuerzo, empujaron el árbol muerto hasta el agua y se subieron encima cuando se alejó de la orilla.

Empleando sus armas y ramas arrancadas a manera de remos, los orcos empezaron a cruzar el lago lentamente.

Colgado de una rama con su mano-colmillo, Karg remaba como podía sujetando con la otra mano su hacha de guerra. El antiguo jefe del Colmillo de Jabalí estaba sumido en sombrías meditaciones.

Ya no era el jefe: volvía a ser un guerrero orco como antes del Festín de los Valientes donde ganó su cargo a dentellada limpia. Su tribu había sido diezmada y aunque sentía que había hecho lo correcto para asegurar la supervivencia de los suyos no podía ignorar un sentimiento de pérdida y tristeza que le corroía por dentro. Tenía la molesta sensación de que todo había sido culpa suya y no sabía como solucionarlo.

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La noche anterior había dormido con sus guerreros, que ahora eran sus iguales. Lo había hecho muchas veces durante incursiones y en la guerra pero prefería hacerlo en su choza abrazado a Madre Ullag. Sentir el calor y el hedor de aquella horripilante hembra le ayudaba a conciliar el sueño. Cuando las hembras habían acompañado a Tripchung Cabeza Enferma a su enorme choza, Karg había intercambiado una mirada con Madre Ullag que su cerebro verdoso había almacenado sin comprender.

No le guardaba rencor a Madre Ullag. Al fin y al cabo, ella hacía lo que tenía que hacer: irse con el más fuerte para tener descendencia con él. Ni Karg ni ninguno de los miembros de su antigua tribu eran ahora orcos importantes en el Tejón Cornudo así que era lógico que las hembras se fueran con otros. Pero, por algún extraño motivo, sentía que no le gustaba que las cosas fueran como tenían que ser.

Después de todo, un gigante había arrasado su poblado y, aún estando muy debilitada, la tribu del Colmillo de Jabalí se las había arreglado para vengarse. No había lógica en que unos orcos mataran a un gigante pero así había sido. Karg notaba que para repetir algo así iba a tener que pensar mucho más de lo que estaba acostumbrado pero no rendirse ante lo imposible no entraba en la naturaleza de los orcos.

Un gigante no caía de un solo golpe. Hacían falta cuarenta guerreros, una trampa y un ariete. También necesitaba a Madre Ullag.

* * *

Tripchung Cabeza Enferma podía ser muchas cosas desagradables pero todos los orcos estaban de acuerdo en que no había nadie como él organizando fiestas. Muchos miembros de la antigua tribu del Colmillo de Jabalí tuvieron que reconocer que servir bajo las órdenes de un jefe así no estaba mal, al contrario.

Para la “Ceremonia de Iniciación”, como Tripchung llamaba pomposamente a la bacanal que había organizado, habían encendido una enorme hoguera junto a la orilla del lago. La leña que los nuevos guerreros habían traído estaba toda mojada (¿a quién se le había ocurrido fletar el árbol que iban a quemar?) así que habían amontonado gran cantidad de maleza a su alrededor y, tras sazonarla con unas misteriosas hojas que el chamán del Tejón Cornudo había traído, una densa humareda cubría la zona. Era un humo extraño que irritaba los ojos y las gargantas y producía una extraña sensación de nerviosismo. Junto al fuego había un gran número de estacas clavadas en el suelo, cada una con un enorme pedazo de carne de gigante asándose.
Apartada de la hoguera había una enorme cuba de barro en la que habrían cabido una docena de orcos llena de grok hasta el borde y a su lado había docenas de cráneos orcos, humanos, enanos y alguno elfo abiertos que todo el mundo empleaba para beber sin medida, además de dos sacos llenos de bayas juju a las que tan aficionados eran los orcos del Tejón Cornudo y que iban mermando poco a poco.

hembras

Los miembros de la tribu, machos, hembras y cachorros, estaban todos casi desnudos, con el cuerpo cubierto de extrañas pinturas de colores. Junto al trono de Tripchung, que lucía sus mejores galas, había un grupo de orcos con toscos tambores y troncos huecos que golpeaban sin cesar con palos y huesos.
En un rincón estaban todos los orcos del Colmillo de Jabalí, también semidesnudos pero sin pinturas y desarmados. Ninguna hembra les acompañaba. Bebían y comían como los demás intentando no pensar a qué clase de prueba los someterían aquella noche.

Karg estaba de un humor sombrío. Bebía en silencio de su cráneo mientras observaba con cierto disimulo a Tripchung. Comprendía perfectamente que todo aquello era una treta para ganarse la lealtad de sus guerreros y le molestaba comprobar que estaba funcionando. Era más o menos como cuando él cargaba a la cabeza de sus orcos para demostrar que era el más fuerte. Igual pero de otra manera.

Sentado en su roca-trono, el chamán parecía pletórico de felicidad. Sus ojos estaban enrojecidos y ojerosos y sus gestos eran erráticos. A su alrededor estaban tendidas desnudas las nuevas hembras que había adquirido para su tribu, pintadas como si fueran esqueletos con arcilla blanca. Según les había explicado, aquello formaba parte del ritual por el cual renacerían como miembros de pleno derecho del Tejón Cornudo. También era una argucia elemental para meterles mano mientras las embadurnaba.

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6 comentarios to “EL ARBOL DE LA SERPIENTE (III)”

  1. Coño ! ¿y que paso con el mago encerrado en el tronco?.
    Te ha quedado muy bien y es sorprendentemente pacifico

  2. hermesh Says:

    Me veo al pobre Karg asesinado por sus guerreros. Por cierto. Ya era hora, jeje. Cuantos días sin obsequiarnos algo largo. ¿No serás infeliz? Bueno no te preocupes mañana mientras me pierdo el partido de la champions por machacar al caos, te hago unos mimitos. Parezco tu XXXX otra vez

  3. ¡¡GRACIAS A TI!! Ya había ganas de algo así hombre, y encima concluyendo una historia que había creado espectativas, buenisimo, el Tarot funcionó parece ser.

    Pinta bien, abriendo de nuevo el hambre para que empiece la fiesta con ganas, se va a liar buena en esa celebración ¡¡todos queremos más!!

    Saludos, Nacho.

  4. Joan El Misericordioso Says:

    Y aqui esta le tercero…como hemos echado de menos esas historias.

    Por supuesto, aunq haya comentado menos, he seguido todos los posts.

    Encima nos enfrentamos a una situación en la q el orco va a empezar a pensar…estamos viendo un paso de gran importancia en su historia. Les servirà de algo? tachaaaan!

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