Archivos para Junio, 2009

UNA VEZ, EN UNA TRIBU…

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 29-Junio-2009 por warbriel

Sucedió hace mucho tiempo…

Fue al final del Invierno del Venado Podrido (llamado así porque la tribu encontró en su deambular una manada de ciervos muertos en una ciénaga y ese fue el menú principal durante la estación de las nieves) cuando Grutolg la Obesa fue al corral de los cachorros y se encontró que el más fuerte y prometedor de todos ellos estaba muerto y casi devorado por completo por los demás. Un cachorro de orco muerto no era algo raro durante el invierno (las propias madres sacrificaban a los débiles para alimentar a los fuertes) pero el hecho de que un orco joven y fuerte de casi dos años hubiera caído en manos de sus hermanos y hermanas, algunos de los cuales apenas gateaban, era algo fuera de lo normal. Gutrolg supuso que la joven orca que se mantenía apartada de los demás mordisqueando un brazo del muerto al lado de una gran piedra ensangrentada tenía algo que ver: era la hermana melliza del muerto y, como éste, no tenía nombre (ningún orco recibía su nombre hasta que salían del corral). Aquella joven orca era algo más baja que su hermano muerto pero seguía siendo más alta que la media. Tenía unas extremidades gruesas y poco femeninas.
Gutrolg se preguntó para sus adentros si valdría para parir buenos orcos. Finalmente, tras cruzar sus ojos con los de la criatura, que mascaba un trozo de carne con la boca abierta, decidió darle una oportunidad.

2400928665_eeb10ea406El principio de la primavera trajo una nueva generación de orcos. Los cachorros que ya llevaban dos inviernos en los corrales ya eran lo bastante grandes como para salir e integrarse en la tribu. Los machos fueron distribuidos entre las partidas de guerra como porteadores y las hembras quedaron a cargo de Gutrolg la Obesa. De entre todas las jóvenes hembras, aquella orca alta y desgarbada sobresalía más de una cabeza entre las demás. La habían llamado Ullag, para distinguirla de Ollag, Ellug, Ullog, Illig y Ullig (Gutrolg carecía de imaginación) y su tamaño la hacía un blanco fácil de la ira de Gutrolg cuando necesitaba desahogarse con alguien.

Gutrolg la Obesa, como matrona de la tribu, se encargaba junto a otras orcas adultas de educar a las nuevas generaciones. Pasaban los días en el bosque recogiendo bayas o leña , en la orilla del río recogiendo arcilla para elaborar toscas vasijas, en el poblado cuidando a los cachorros y un sinfín de tareas destinadas a convertirlas en orcas adultas. Tenían de tiempo hasta el verano, momento en que el jefe de la tribu, Gastrombullag, se encargaría de desflorarlas y bendecirlas con su primera camada.

En todo ese tiempo, Gutrolg no perdió ocasión de torturar a Ullag. Con frecuencia le rompía las vasijas recién hechas, le tiraba al suelo las bayas que había recolectado o la empujaba al río cuando iba a pescar o a buscar arcilla. Los orcos odian el agua. Además, la Obesa siempre llevaba un palo con el que castigar a sus alumnas por cualquier falta, real o imaginada. Y lo utilizaba tan a menudo y con tanta fuerza que tenía que reemplazarlo con frecuencia.
A diferencia de las demás jóvenes orcas, Ullag hablaba poco. Su voz era poco más que un gruñido grave y profundo. También era sorprendentemente fuerte aunque una hembra de dos años no era rival para Gutrolg. Gutrolg pesaba casi noventa kilos y era un chiste corriente en la tribu asegurar que era más fácil sobrevivir al pisotón de un gigante que a una noche de pasión con ella. La vieja hembra se divirtió demostrando a Ullag que no podría con ella si se le ocurría tomar represalias.

La tribu fue atacada a principios de verano.

Card_2005516_68nPoco antes del invierno, cuando los goblins se habían retirado a Gorgal-Tum, el bosque había quedado a merced de los orcos. Y fue entonces cuando Kroggar, un feroz guerrero renegado de la tribu, había fundado su propio clan orco en el extremo norte del bosque, uniéndose a otros orcos llegados de muy lejos. Aquella nueva tribu se hacía llamar del Oso porque aseguraban tener la fuerza de aquellas feroces criaturas. Los orcos de Kroggar contaban con muy pocas hembras entre los suyos así que decidieron conseguirlas de la manera más sencilla y directa que se les ocurrió.

Ullag estaba enferma. Le dolían las entrañas de una manera extraña que nunca había sentido. Sabía muy bien lo que les ocurría a los orcos demasiado enfermos para valerse por sí mismos así que intentó disimularlo todo lo posible. Sin embargo, el ojo vigilante de Gutrolg la había descubierto demorándose un poco más de la cuenta al volver del río y la fiera matrona decidió castigar a la joven orca. Como ya se ha dicho, Gutrolg la Obesa carecía de imaginación.
Llevó a la orca enferma a su cabaña y allí se dispuso a eliminar de una vez a aquella jovencita tan problemática. Ató las manos de la joven Ullag con una correa y le rompió varios palos en la espalda a base de azotarla. Ullag estaba tirada en el suelo, respirando entrecortadamente y con la espalda magullada y sangrando por varias heridas. Sus ojos se abrieron de par en par al ver a Gutrolg sacar de la hoguera que ardía en el centro de la choza una daga calentada al rojo vivo.

Pero su hora no había llegado todavía. Al menos, quedó aplazada en el momento que en la choza entraron dos fornidos guerreros de la tribu del Oso, ansiosos de pelea y botín. Gutrolg intentó plantarles cara y se llevó un hachazo en el hombro. La obesa orca se derrumbó en el suelo prácticamente a la vez que el orco que la había herido se arrancaba el taparrabos y le saltaba encima. Ullag se preguntó si los gritos de Gutrolg se debían a la herida o a lo que le estaba haciendo el orco que, según sabía, era lo que le haría el jefe de la tribu si salía con vida de esta. El segundo guerrero orco del Oso, no obstante, parecía muy dispuesto a mostrárselo.

El guerrero orco sujetó a la joven Ullag con un pie contra el suelo y la tumbó de espaldas. Con las manos atadas, la orca poco podía hacer aparte de patalear y chillar y mover las manos. Vio caer a su lado el taparrabos del guerrero y no se sintió tranquila en absoluto cuando notó que le apartaba la túnica. Braceó desesperadamente buscando un arma y se quemó los dedos al encontrar el cuchillo al rojo de Gutrolg la Obesa.
La voltereta de Ullag, el chillido del orco que estaba sobre ella y el olor a carne quemada fueron prácticamente a la vez. Ullag retorció la hoja en la entrepierna de su adversario antes de afianzar las piernas y hacer toda la fuerza que pudo hacia arriba. El orco cayó sin dejar de gritar sobre la hoguera del centro de la choza levantando una nube de chispas y humo.
Gruñendo como un animal rabioso, Ullag se incorporó de un salto y se arrojó sobre el orco que estaba violando a su matrona. La daga subió y bajo una docena de veces antes de que el ardor guerrero que le quemaba el pecho se calmara un poco. Permaneció sentada sobre el cadáver del orco que aún permanecía sobre la enorme Gutrolg. La respiración de Ullag se calmó poco a poco mientras gruesas gotas de sudor le corrían por la prominente barbilla.
Con sorpresa, advirtió que estaba sangrando. Tocó la mancha roja que se iba extendiendo entre sus piernas y la olió inquieta.

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-Ahora…-le dijo Gutrolg con dificultad-ya eres una auténtica orca.

Ullag le dedicó una mirada fría y llena de ira.

-¡Tú ya no!-gritó levantando la daga todavía caliente.

QUÉ DECIR SI TIENES LA REGLA Y POCA IMAGINACIÓN

Publicado en Instruir Deleitando el 25-Junio-2009 por warbriel

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“Ojalá te llenes de aires y flatulencias y no puedas eructar ni pederte y te hinches y encima retengas líquidos y no puedas mear”

EL UNICORNIO Y EL LOBO

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 23-Junio-2009 por warbriel

jabu1El aire del interior del pasadizo estaba cargado de electricidad y olor a incienso. Cientos de extraños jeroglíficos con imágenes de hombres y pájaros cubrían las paredes, el suelo y el techo.
El cabello de Saori Kido, la reencarnación de Atenea, colgaba sobre el brazo de Jabu, el Caballero del Unicornio. La chica estaba inconsciente debido a la pérdida de sangre que había sufrido a causa de la herida en el pecho que le había producido el cuchillo de pedernal de Tezcatlipoca, uno de los temidos Caballeros de Quetzalcoatl.
Detrás de la pareja cojeaba Nachi, el Caballero del Lobo. El joven caballero de bronce había acudido al templo de Chichen Itza junto con sus compañeros para rescatar a Atenea de las garras del diabólico dios-pájaro. Había logrado derrotar a la Mujer Serpiente aunque no sin sufrir una fea herida en la pierna derecha.
-¿Cómo está?-preguntó deteniéndose un momento a recuperar el aliento.
-Mal-gruñó Jabu-Si no logramos sacarla de este maldito templo, morirá sin duda alguna.
Varias gotas de sangre de la diosa cayeron junto a sus pies. Jabu era un leal seguidor de Atenea pero tenía muy poca paciencia. Estaba orgulloso de haber podido acudir al lugar de la acción pero se sentía rabioso e impotente por no haber podido proteger a su señora.
Nachi miró de repente hacia el pasadizo que dejaban atrás. Jabu siguió la dirección de sus ojos pero no pudo ver nada más que oscuridad. Sin embargo, pudo sentir una ominosa presencia acercándose. Era una sensación opresiva y silenciosa, como una gran sombra moviéndose bajo el agua.
-¿Puedes sentirlo?-preguntó Nachi tragando saliva.
-Sí. Un cosmos increiblemente agresivo se acerca hacia nosotros-Jabu miró inquieto el rostro pálido de Shaori-Si no nos damos prisa, nos alcanzará rapidamente.nachidelobo
-Creo que es Kukulcán del Jaguar-dijo Nachi entrecerrando los ojos-He sentido su cosmos antes.
Kukulcán era el líder de los caballeros de Quetzalcoatl. Era un individuo enorme de ojos penetrantes y fornida musculatura. Él solo había arrasado la ciudad de Mexico DF matando a millones de personas sólo para atraer a Atenea y sus caballeros a los dominios de Quetzalcoatl.
-Vamos, no podemos luchar con él con la señorita Kido en este estado-le apremió Jabu reanudando la marcha.
Nachi no hizo ningún movimiento para seguirle.
-Cargando con ella y conmigo no tienes la menor oportunidad de escapar-dijo incorporándose lentamente-Yo me enfrentaré a él y ganaré tiempo para vosotros dos.
Jabu le miró en silencio. Su devoción por Atenea y su valor chocaron. No le hacía ninguna gracia dejar a su compañero herido atrás para enfrentarse contra un adversario como Kukulcán pero tampoco quería dejar a la señorita Kido indefensa. El orgullo le clavó los pies al suelo.
-Me quedaré contigo y nos enfrentaremos juntos a Kukulcán-dijo finalmente.
-Ni se te ocurra-replicó Nachi-Atenea está muy grave y morirá si nadie se ocupa de ella. No sabemos cuántos caballeros de bronce quedan con vida y, de nosotros dos, tú eres el único que sigue ileso. La señorita Kido necesitará a alguien que la proteja si yo no puedo con Kukulcán.
Aquello pareció convencer al caballero del Unicornio. Jabu se alejó dos pasos con Atenea en brazos antes de volverse hacia Nachi por última vez:
-Suerte, lobo-dijo.
-No te preocupes por mí, Jabu-sonrió Nachi-Recuerda lo que dice la leyenda: el lobo vence siempre excepto en una ocasión. Y en esa, muere.
-En ese caso, deberías haber muerto una docena de veces-sonrió Jabu.
-Si salgo de esta, te haré tragar el cuerno de esa armadura de pacotilla que llevas-amenazó el caballero del Lobo en tono guasón-Y ahora, ¡lárgate!
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Jabu se perdió en la oscuridad.

THE DICK FASCIST SHOW: EDICIÓN DE VERANO

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 21-Junio-2009 por warbriel

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-SEAN BIENVENIDOS…-atronaron los altavoces-… ¡AL SHOW DE DICK FASCIIIIIIIIIIIIIST!

Una nube de confeti brillante acompañó a la atronadora salva de aplausos que anunció la llegada del popular presentador. Dos palmeras de pega se apartaron para dar paso a aquel hombre que cada vez que salía en pantalla paralizaba a media nación. Una docena de bailarinas semidesnudas y ataviadas con motivos frutales ejecutaron una veloz coreografía a su paso al compás de una música que sonaba como “Dick, dick, dick, chachachá

-¡Buenas noches, querido público!-saludó Dick Fascist con un rápido gesto que paralizó los aplausos-Esta noche les hemos preparado un refrescante cóctel de emociones para que puedan sobrellevar mejor estas fechas tan cálidas. Pero no olviden que no hay nada más refrescante que una alimentación sana rica en frutas, verduras y vitaminas.

Mientras hablaba caminó frente a la primera fila del público con la mano extendida. Todos los miembros del público se esforzaron por tocarle. Una señora agredió a otra por arrebatarle el honor pero cuatro fornidos guardias de seguridad las cubrieron a ambas de dardos tranquilizantes.

-Este verano les acompañaremos con un programa más suave, más acorde con esta época del año-explicó Dick Fascist a las cámaras-En verano es bueno variar un poco de la rutina del año y para ello hemos traído aquí a tres intrépidos concursantes que nos deleitarán con su saber. ¡Un fuerte aplauso para ellos!

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Mientras la ovación del público estallaba, un panel de la pared giró y aparecieron tres hombres en camisa de fuerza. Los tres estaban inmovilizados contra la pared con cadenas y correas y tenían un gotero conectado a un brazo. Uno de los hombres llevaba una ridícula peluca afro y otro de ellos tenía la mandíbula desencajada en un horrible rictus que mostraba sus dientes. Sólo el del centro parecía mantener la calma y no luchaba contra sus correajes.

-Empecemos con la ronda de preguntas-dijo Dick Fascist sacando una tarjeta y acercándose al hombre de la peluca afro-no sin antes recordar a nuestro público que nuestros concursantes están conectados a un gotero que contiene una solución venenosa que irá penetrando en sus cuerpos a medida que pase el tiempo. Si aciertan suficientes preguntas, echaremos antídoto en el gotero. ¿Lo ha entendido, amigo?-se acercó al hombre de la peluca afro.
-¡Suélteme, hijo de puta!-le escupió.
-Bien dicho, caballero-Dick Fascist se ajustó las gafas antes de leer-Y dígame, ¿cuál es la luna de Saturno que presenta mayor temperatura media?
-¡Que te den por culo!

Una luz roja se encendió detrás de la peluca afro y un PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTZ indicó que la respuesta no era correcta. Una enfermera en bikini giró una ruedecita en el gotero del concursante, el cual se retorció con un chillido.

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-¡Cuánto lo siento, amigo!-Dick Fascist sacudió la cabeza-¿Les he mencionado que el veneno tiene efectos nerviosos y tetanizantes? ¡Si siguen así mucho rato se les pueden caer hasta las babas!

Una carcajada del público acompañó la ocurrencia del presentador, que se acercó al siguiente concursante.

-Dígame, ¿las gallinas marrones atacan al hombre?

Se hizo un silencio pesado y ominoso mientras el concursante alzaba una ceja pensativo.

-No-dijo por fin.
-¡Cooooooooooooooorrecto!-aplaudió el presentador-¡Un fortísimo aplauso para este caballero!

Dio dos pasos más y se enfrentó al tercer concursante. A pesar de su ancha sonrisa, no se le veía especialmente saludable.

-Este concursante nos ha preguntado antes en el camerino qué era exactamente lo que conteían los goteros-Dick sonrió-Como ven, dos inyecciones y ya tiene su respuesta. Pero no intente mirarme, hombre y mire en su memoria para decirme… ¿en qué continente nos encontramos si hay un fénec en la carretera?

Sin poder controlar apenas sus movimientos, el concursante emitió un gruñido estrangulado y dejó caer la cabeza hacia delante. Incapaz de levantarla de nuevo, el concursante siguió emitiendo ruiditos inconexos y babeando de forma desagradable. La luz roja brilló sobre su cabeza antes de que sonara el PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTZ seguido del “OooOooOooh” del público.

-Una auténtica lástima-dijo Dick volviendo al primer concursante-Tal vez pueda romper su mala racha si puede recordar… ¿qué ocurrió en Polonia en 1649?

El concursante parpadeó con dificultad mirando al presentador mientras intentaba mantener la verticalidad.

-Yo no…

PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTZ

La cámara siguió a Dick Fascist mientras tras él la enfermera manipulaba el gotero para horror del concursante. Le tocó de nuevo al número dos.

-¿De qué color es la hierba?
-Eh… color hierba.
-¡CoooooooOoooOoorrectoooo!-aulló Dick Fascist alentando al público a continuar con su ovación-Bravo, amigo, a este paso no habrá quien le gane…

El concursante que babeaba apenas reaccionó ante el presentador que llegó hasta él.

-¿Puede decirme cuantos átomos de carbono tienen dos moléculas de ácido pantoténico?

Evidentemente, no: PRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTZ

El primer concursante giró la cabeza para mirar a Dick Fascist cuando llegó hasta él. Sus ojos estaban muy abiertos pero una de sus cejas estaba muchísimo más arriba que la otra y desaparecía bajo el flequillo de la peluca afro. Abrió la boca y varios hilos de saliva colgaron antes de que la cerrara de nuevo.

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-¿Cuál es la raíz cúbica de diecinueve?-preguntó Dick Fascist levantando una mano hacia el público.

El concursante frunció el ceño intentando hacer un cálculo. Tragó antes de empezar a hablar:

-¿Tres conPRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRTZ

Dick Fascist llegó hasta el segundo concursante:

-¿Dónde viven las patatas?-sonrió al concursante ladeando la cabeza.
-Mmm… bajo tierra-contestó el otro tras mirar fijamente una hebilla de su camisa de fuerza.
-¡Bastardo!-logró articular el primer concursante girando la cabeza con tanta fuerza que su peluca afro cayó al suelo.

La cara de sorpresa del segundo concursante detuvo el gesto de Dick Fascist pidiendo un aplauso. El segundo concursante miró al presentador con angustia en los ojos:

-Es inútil, Dick-anunció apesadumbrado-Este se ha dado cuenta de que llevo chuleta.

¿Y TÚ, LECTOR INTELECTUAL?¿SABRíAS CONTESTAR A LAS PREGUNTAS DE DICK FASCIST? (ahora con Google todo es tan fácil…)

HASTA LA VISIÓN MICROSCÓPICA SIEMPRE

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 18-Junio-2009 por warbriel

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EL ÁRBOL DE LA SERPIENTE (y VIII)

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 16-Junio-2009 por warbriel

En el zénit de sus poderes, Zachaon-Hiss Ska´ak había puesto el mundo patas arriba. Enarbolando la Olbliteradora y poseedor de la magia más poderosa de su tiempo, el hombre-serpiente había hecho caer de rodillas a cuantos se habían cruzado en su camino. Incluso los dragones, tan individualistas y reacios a colaborar con nadie, habían sido doblegados a su voluntad.
Parecía que, atrapado en el cuerpo de un orco, las cosas no le iban igual de bien.

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Zachaon intentó resistirse a Madre Ullag pero aquel cuerpo no le respondía bien. Aunque había levantado a la despreciable hembra que había intentado los dioses sabían qué, los músculos de aquel brazo no aguantaban la tensión a la que los sometía. En pocas palabras, era demasiado fuerte para que el cuerpo de Tripchung Cabeza Enferma pudiera soportarlo.
Madre Ullag, en cambio, llevaba muchos años siendo el orco más fuerte de su tribu y cazar un jabalí con las manos desnudas no tenía secretos para ella. Alzó a Tripchung y a Zarnix uno en cada mano sin dificultad y los arrojó por encima de la hoguera rugiendo como un troll.

pirana Desde que su tribu se había establecido en los pantanos, Tripchung había considerado una idea útil criar alimañas peligrosas como mascotas. De esta forma, podía emplear sus estanques de serpientes ponzoñosas, arañas devoradoras o peces carnívoros como “castigo divino” a las faltas de los orcos descontentos. El sistema había funcionado bastante bien siempre pero últimamente había descuidado las necesidades de sus animales y se había mostrado demasiado tolerante ante ciertas faltas de los orcos que en otras ocasiones habrían dado con sus huesos en el estanque.
Por eso, cuando los cuerpos de Tripchung y Zarnix cayeron dentro del estanque, el agua pareció hervir debido a la enorme cantidad de peces hambrientos que se congregaron en torno a ellos. Los dos orcos no tuvieron ni siquiera tiempo de gritar porque tenían tantas mandíbulas tirando de ellos hacia abajo que no lograron volver a la superficie. La espuma del agua enrojeció de golpe mientras el chasquido de centenares de bocas dentadas se sumaba al estruendo orgiástico de afuera, al que no tardó en unirse otro estruendo.

Los antiguos orcos del Colmillo de Jabalí se habían entusiasmado demasiado. Totalmente ebrios y enfurecidos con todo el mundo, su trifulca se salió de los límites que les habían asignado. El tumulto de orcos vociferantes rodó por el suelo y chocó contra la orgía del Tejón Cornudo en una algarabía de caricias interrumpidas, puñetazos desviados y rugidos de indignación. Muchos de los participantes de la orgía decidieron unirse a la pelea y de pronto había más de ochenta orcos intentando partirse el cráneo unos a otros rodando de un lado a otro.

Subida a la roca-trono de Tripchung, Madre Ullag se dedicaba a eliminar a sus guarda-espaldas cada vez que se acercaban lo suficiente. Armada con una piedra en cada mano, la feroz orca era vagamente consciente del caos que se había formado a su alrededor. En ningún momento había tenido ninguna duda de que la “Ceremonia de Iniciación” acabaría de otra manera distinta del estilo orco de hacer las cosas.

Los estanques de alimañas carnívoras pronto estuvieron demasiado llenos. Incluso las mascotas más famélicas eran incapaces de devorar tanta carne y llegó un momento que había tantos orcos en el agua que los estanques se desbordaron.

Y sobre la multitud de orcos que luchaban y gritaban con el agua enrojecida de sangre hasta la cintura flotaba una nube de humo espeso y cabreado: Zachaon-Hiss Ska´ak era demasiado poderoso para morir fácilmente.

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Aunque había estado cerca. Por mucha rabia que le diera admitirlo, el feroz brujo tuvo que reconocer que ni siquiera los antiguos hechiceros que le encerraron en el árbol se habían acercado tanto a darle muerte. Claro que entonces él tenía su genuino cuerpo mortal y todos sus horribles poderes para poner en cintura a quien hiciera falta y no aquel abotargado y fofo armazón de carne que se habían zampado las pirañas.
Lo peor de todo era que seguía necesitando un cuerpo mortal para poseerlo. Sentía que cada vez más su mente se abotargaba y la voz de sus pensamientos sonaba cada vez más distante. Tenía que poseer un cuerpo para poder huir lejos de aquel lugar de locura y encontrar un anfitrión más adecuado.

Descartó rápidamente al ser que le había arrojado a las pirañas: su anterior cuerpo había sido muy poco apropiado pero, a pesar de ello, era la mente más abierta que había en aquel lugar. La mayoría de criaturas que le rodeaban eran igualmente obtusas y poco podría hacer en sus reducidos cerebros.

Encontró algo mínimamente aceptable cuando un enorme orco arrojó una gran piedra contra otro. El proyectil salió totalmente desviado y golpeó brutalmente la cabeza de un cachorro borracho que daba vueltas arrastrando un cráneo de grok vacío. El impacto dejó la mente del cachorro en blanco, reduciéndole para el resto de sus días a un vegetal viviente (en circunstancias normales entre los orcos sería como mucho un día). El caos que asolaba el campamento del Tejón Cornudo hizo que nadie se fijara en la nube de humo que se posaba sobre el cachorro herido y penetraba en su interior por su nariz y su boca abierta.

El cachorro se incorporó lentamente con los ojos brillando. Zachaon movió su nueva y dolorida cabeza. Se sentía pequeño e indefenso en aquel cuerpo maloliente pero por lo menos no le costaba pensar. Dirigió sus tambaleantes pasos hacia el pantano cuando una enorme mano le cogió del cuello y lo alzó por los aires.

De repente, Zachaon se encontró frente a la cara con colmillos de Madre Ullag que le olisqueaba inquieta. Al ver que el cachorro se encontraba bien y que tenía la cabeza dura, Ullag gruñó satisfecha y lo sujetó en brazos mientras gritaba órdenes a las demás hembras para que quitaran a los cachorros de en medio de todo aquel follón. Había visto una tribu deshecha. No quería ver otra.
Atrapado contra los pechos de Madre Ullag, Zachaon dejó escapar una maldición en alto ofídico que nadie entendió.

* * *

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Amanecía en el pantano cuando los primeros orcos sucios de barro, pintura y sangre empezaron a volver en sí. La hoguera aún tenía rescoldos humeantes pero las hojas alucinógenas habían ardido hacía tiempo. Todas las cabezas dolían, ya fuera por la resaca o por los golpes.
Como casi todas las cosas relacionadas con orcos, la fiesta había acabado en una pelea antológica. O sea, desde el punto de vista orco, había acabado bien. Había cadáveres tirados aquí y allá, orcos ahogados flotando en el pantano, algún miembro cortado y tirado por el suelo, pequeños grupos de orcos desnudos dormidos y docenas de recipientes rotos.
Sucios y sin ropa, doloridos y resacosos, los orcos del Tejón Cornudo ya eran indistinguibles de los del Colmillo de Jabalí.

La Ceremonia de Iniciación había terminado. Había nacido una nueva tribu.

QUÉ DECIR SI TE DICEN QUE HAS ENGORDADO

Publicado en Instruir Deleitando el 14-Junio-2009 por warbriel

Ya tenéis colgado el séptimo capítulo de “A VERLAS VENIR“. La cosa está que arde…

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“Ojalá te salga una almorrana como una garrapiñada y te sangre y no te puedas sentar y te pases el resto de tu vida de pie”

EL ÁRBOL DE LA SERPIENTE (VII)

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 12-Junio-2009 por warbriel

10totemTripchung Cabeza Enferma pensó que había bebido demasiado.

Si bien era conocido como el poderoso hechicero que gobernaba la Tribu del Tejón Cornudo, el propio Tripchung sabía muy bien que su única virtud era ser un poco más despabilado que los demás orcos. Hacía ya muchos años que había comenzado su pantomima particular con un grupo de orcos vagabundos y aún se sorprendía de lo que había llegado a crear. De alguna manera, todos aquellos dioses y espíritus de los que tanto hablaba y supuestamente controlaba, habían permitido medrar a aquella tribu destartalada y chiflada (incluso para los estándares orcos) mucho más que si hubieran creído estar solos en el universo.
Al principio, Tripchung había intentado creer a pies juntillas que sacrificar un conejo a los dioses del pantano realmente propiciaba una buena pesca. O que sus ruidosos collares de cuentas espantaban a los malos espíritus. Sin embargo, la lógica (una característica aún más rara entre los orcos que las aptitudes mágicas) le decía que todo aquello era un puro disparate: ¿seres superiores que no podían ver que lo controlaban todo? ¿Y por qué no, ya puestos, creer que las enfermedades las causaban seres tan diminutos que no podían verse? O que el universo, puestos a divagar, provenía de la cataclísmica explosión de un pequeño trozo de materia superconcentrada.
Sin embargo, su tribu lo creía ciegamente y no se arriesgaban a irritar a los espíritus. Y le apreciaban como líder. Las disputas por el poder, tan corrientes en los demás clanes orcos, faltaban en el Tejón Cornudo. A partir de un puñado de desarrapados despreciados por las demás tribus había nacido y crecido una tribu que vivía allí donde nadie más podía hacerlo. Eran felices a su manera gracias, quizás, a esos dioses y espíritus que aquel chamán politoxicómano se había inventado y que nadie podía ver.
Tripchung Cabeza Enferma no podía quitarle eso a su pueblo. Y mientras él tuviera grok , hembras y bayas juju ¿qué más podía pedir?

Contuvo una arcada. Definitivamente había bebido demasiado. Y el humo alucinógeno estaba empezando a sentarle mal. Podía ver cómo las volutas de humo creaban extrañas formas, como si una figura monstruosa estuviera materializándose sobre las llamas. Creyó ver una especie de cabeza de dragón que le miraba y se le acercaba con las fauces abiertas.

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Sin duda, también se había pasado con las bayas juju.

* * *

Zarnix se incorporó y arrojó a un lado la única ropa que llevaba, un pequeño taparrabos de piel, y se acercó contoneándose a Tripchung Cabeza Enferma. Las demás hembras la miraron en silencio. Incluso Madre Ullag permaneció en su sitio silenciosa observándola.
Los guardaespaldas del chamán asintieron con una sonrisa. Por fin los nuevos empezaban a entender cómo debían ser las cosas.
Zarnix se plantó frente a Cabeza Enferma con las manos en las caderas y le dedicó su mejor mirada (que habría hecho huir a una hiena pero que los orcos encontraban extremadamente erótica). Para su decepción, Tripchung estaba mirando algo que sucedía demasiado lejos de allí así que decidió pasar a la acción directamente. Le levantó el taparrabos.
Tripchung sí que reaccionó entonces. El chamán se congeló con un espasmo y dejó escapar un gemido estrangulado. Zarnix sonrió de nuevo y comenzó a arrodillarse frente a Tripchung pero la mano de hierro de Cabeza Enferma la cogió por la garganta y la levantó del suelo sin moverse de su trono.

Los ojos de Tripchung estaban a punto de salirse de sus órbitas y brillaban como carbones encendidos mientras hablaba en una lengua gutural e incomprensible con una voz que no era suya. Estaban clavados en los de Zarnix, que se agitaba desesperadamente intentando zafarse sin éxito. Si la mujer orca hubiera comprendido el alto ofídico habría entendido que a Zachaon-Hiss no le gustaba que le tocaran.

El hechicero hombre serpiente no estaba en su mejor momento. Para un intelecto de su calibre, introducirse en el cuerpo de alguien como Tripchung era parecido a meterse en un estrecho y apestoso ataúd con los ojos tapados por una venda apretada y las orejas, nariz y boca llenas de arena. Le resultaba difícil respirar en su nuevo cuerpo y le resultaba extremadamente desagradable el hecho de que en muchos kilómetros a la redonda no hubiera nadie mejor. Decidió que aquella miserable hembra inferior pagaría por su ira.

En aquel momento sucedieron varias cosas: Oweg, consejero principal de Tripchung y experto en hacerle la pelota, asomó por el borde de su roca-trono para sugerir a su señor que quizás la hembra fuera más valiosa con vida. No llegó a decir nada porque justo cuando levantaba un dedo para hablar, un hacha de hueso arrojada desde el otro lado de la ceremonia se clavó en su cráneo con un crujido. Zachaon-Hiss tuvo la vaga impresión de que el hacha provenía de un grupo de orcos vocingleros que en aquellos momentos se avalanzaban como uno solo sobre el más grande de todos ellos, al cual le faltaba una mano. Su mano iba a terminar de estrangular a aquella criatura insolente cuando sintió que otras dos garras, grandes como las de un dragón, se cerraban sobre aquel desagradable cuerpo que había ocupado.

Y los dos seres más feroces de dos épocas distintas se miraron a los ojos durante un segundo en el que el universo entero pareció contener el aliento.

Madre Ullag detestaba que la dejaran de lado en las fiestas.

EL ÁRBOL DE LA SERPIENTE (VI)

Publicado en Cuentos de Gabrielowsky el 9-Junio-2009 por warbriel

Zarnix decidió que había llegado su momento. Era una de las pocas supervivientes de la antigua tribu del Colmillo de Jabalí y, habiéndose pasado media vida a la sombra de Madre Ullag, vio en Tripchung una excelente oportunidad para promocionar su posición social.

Era joven y voluptuosa para los cánones orcos, con grandes pechos y anchas caderas. Incluso tenía una larga melena negra que le caía por la espalda. Sin embargo, Madre Ullag la había tratado siempre muy mal y, aunque ese era el orden natural de las cosas cuando implicaban a la feroz matriarca, no estaba dispuesta a ser una orca de segunda clase toda su vida.

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Desde que su tribu se había adentrado en los pantanos del Tejón Cornudo, Zarnix había estado madurando su plan. Proporcionarle una camada a Cabeza Enferma era algo relativamente sencillo pero ella se encargaría de que el chamán quisiera más camadas suyas. No le resultaría difícil ya que sabía muy bien como satisfacer a los machos. Puesto que físicamente no podía competir con Madre Ullag, Zarnix había buscado otras maneras de ganar poder. Esto la había llevado a yacer con todos los machos de la tribu con mucha más frecuencia que las demás hembras y le había permitido aprender no sólo a pasarlo bien ella sino también que lo hiceran los machos, que buscaban su lecho con mucha más ansia que los de las demás.

* * *

-¡Débil!-gruñó alguien.

Karg miró a su alrededor con la cabeza embotada. Estaba demasiado borracho pero sabía que estaban hablando de él. Sus guerreros ya no le respetaban puesto que ya no era el jefe. Una vez formaran parte del Tejón Cornudo, cualquier lealtad que hubieran tenido para con él se desvanecería y tendría muchos motivos para temer por su vida.
Después de todo, un orco con una sola mano era carne de cañón.
Miró el muñón de su mano izquierda en silencio. A pesar de estar mutilado, Karg había logrado llegar a ser jefe de su tribu. Ahora, sin el colmillo de jabalí que solía emplear como mano artificial, se sentía más viejo y cansado que nunca. Y bastante borracho.

-¡No me toques, ugruj!-rugió Tizak tumbando de un puñetazo a Tjab.

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Ugruj era una palabrota orca universal empleada en gran variedad de situaciones. Una incursión fallida era un ugruj. La carne demasiado cocinada era ugruj. Una hembra fea y estéril era ugruj. Un orco que gustaba de molestar a los demás era un ugruj.
Y se decía que pisar una ugruj daba buena suerte.

Tjab se incorporó gruñendo y mostró los colmillos amenazadoramente a Tizak. Todos estaban cabreados, juntos y borrachos y normalmente bastaba con uno de esos motivos para que comenzara una bronca. Tizak era un guerrero veterano de muchas batallas pero Tjab era un poco más grande, joven e imprudente. Suficiente para que Urmuch decidiera poner las cosas más interesantes poniéndole la zancadilla a Tizak. Por supuesto, si Tjab tenía sus aliados, Tizak también tenía los suyos y de pronto a Urmuch se le cortó la respiración cuando Kregg decidió cogerle por el cuello. Otros cuatro orcos se tiraron encima de ellos, cada uno con su particular opinión de quién debía ganar aquello. En pocos segundos, la antigua Tribu del Colmillo de Jabalí era una masa de orcos que se golpeaban, forcejeaban, mordían y escupían entre gritos, gruñidos y cráneos llenos de grok rotos.
Nadie fuera del grupo pareció notar el tumulto. Ni siquiera los centinelas.

Los centinelas. Tripchung Cabeza Enferma había apostado un par de guerreros armados con lanzas para mantener vigilados a los nuevos miembros de la tribu pero uno de ellos hacía rato que se había incorporado a la orgía y el otro roncaba y babeaba a partes iguales por efecto de las bayas juju. Karg dejó de prestar atención a sus orcos mientras se golpeaban (después de todo, tenían que relajar la tensión) y se quedó mirando al centinela dormido y el hacha de hueso que colgaba de su cinturón.

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Miró un instante a Tripchung Cabeza Enferma que parecía estar teniendo unas visiones espantosas. Y tuvo una idea.

COÑA TAILANDESA

Publicado en Concursos el 7-Junio-2009 por warbriel

taichiste

(traducido del tailandés)
-¿Tu no decías que se había muerto tu hermana?
-Nooo, hombre, que me había comprado un yo-yo.
-¿En serio?
-¡Macho, pareces tonto!

¡GRAN CONCURSO!

¡Inventa tu propia traducción de este chiste y queda como una persona divertida! ¡Haré una ilustración paint para el más disparatado!