OBLITERA QUE ALGO QUEDA

Magrimm el Matador se dejó caer contra la pared resoplando como un toro jadeante. La sangre y los restos del centenar de enemigos que yacían a su alrededor lo cubrían de pies a cabeza goteando por sus barbas y sus músculos. Su pelo estaba pegajoso y sus numerosos tatuajes eran casi invisibles bajo la capa de despojos. Tenía el sabor de la muerte en la boca.
Lo único que permanecía limpio y brillante en aquella sala era la monstruosa arma que colgaba de su mano: la Obliteradora.
Aquella enorme espada con ojos, cuernos y colmillos jamás se manchaba de sangre. Parecía que se la bebía. Una serpiente de cobre se prolongaba desde su mango enroscándose en torno a la muñeca de Magrimm, clavando sus fauces en su antebrazo e impidiéndole soltarla. La debilidad que le invadía cada vez más a menudo cuando empleaba aquel artefacto diabólico le hacía preguntarse si le chuparía la sangre, le arrancaría el alma, le inyectaría veneno o todo a la vez.
Magrimm Mirando los restos descuartizados de los hombres bestia, Magrimm no podía sino asombrarse del poder que le concedía la Obliteradora pero a veces se preguntaba si había sido una decisión juiciosa cambiar su fiel hacha Comesesos por aquella monstruosidad que le empujaba a la masacre y la vorágine.
Había sido la decisión menos mala, se repetía una y otra vez.
La masacre de su clan, los enanos Cabeza de Yunque, había exigido que tomara medidas drásticas: hacer el juramento de los matadores e intentar morir en combate (la lógica aplastante de los enanos les impedía sencillamente suicidarse o luchar para perder) buscando la venganza. Sin embargo, la horda de hombres bestia del bosque de Terein-Gaar era un adversario demasiado grande incluso para un enano pasado de vueltas.

Hasta que encontró la Obliteradora.
Desde entonces, su ansiado combate final que pusiera fin a su triste existencia se había pospuesto hasta lo indecible. Ya no luchaba: participaba en masacres. Y delante de él siempre estaba la Obliteradora, chillando y aullando en medio de la carnicería y tirando de él hacia lo más sangriento de la contienda.
La mano que siempre sostenía el arma, incluso cuando dormía, se había agarrotado y ennegrecido a medida que sus venas se abultaban.
Y la Obliteradora le hablaba.
No era una gran conversadora, la verdad. Era un interlocutor más bien del tipo pelmazo que no le dejaba dormir o se metía en conversaciones que no eran de su incumbencia. Además era monotemática en sus soliloquios: que si era la Obliteradora, que si quería almas para segar, que si el batir de los eones esto, que si los dioses olvidados lo otro… Su hacha Comesesos no tenía las mismas prestaciones pero por lo menos se estaba calladita.

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-Es la hora de que devore tu alma y yo gane mi libertad-dijo la enorme espada-El honor de esgrimirme ha terminado para ti.
-Ah, ¿sí?-Magrimm notó como la presión de la serpiente sobre su muñeca se relajaba-¿Y a qué debo que se me acabe dicho honor?
-Siento el poder de alguien mucho más apropiado para empuñarme-dijo la Obliteradora con aquella voz cavernosa-¡Sólo el más fuerte es digno de mí!
-Yo creo que eres mucho menos de lo que dices-contestó Magrimm con sencillez sentándose en el suelo.
-¿Desafías mi paciencia y benevolencia, hijo de Grungi?-tronó el arma apretando su presa sobre el enano-¡Civilizaciones enteras han sido barridas por mi poder por ofensas mucho menores!
-Lo que tu digas-sonrió Magrimm cerrando los ojos-pero si fueras tan terrible como dices no te harían falta guerreros poderosos: te apañarías con cualquiera. ¿No eres tú el azote de los dioses, el verdugo de almas y todo eso?
-¿Osas insinuar que hay un límite a mi inagotable poder?
-No insinuo nada-Magrimm se escurrió la sangre del lado izquierdo de su bigote-pero me da la impresión que no eres tan poderosa como dices.
-¡Levántate ahora mismo, perro descreído!-tronó el arma levantando ecos en la sala llena de cadáveres-¡Te mostraré de lo que es capaz un arma forjada en los albores de la historia por los dioses más terribles que puedas imaginar!
Magrimm se incorporó con dificultad y siguió la dirección que la Obliteradora le indicaba. Si alguna vez renunciara a su juramento de matador (cosa imposible, por otro lado, pues el único destino de un matador era la muerte) probablemente escribiría un libro que titularía “Psicología de las armas demoníacas”.

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2 comentarios to “OBLITERA QUE ALGO QUEDA”

  1. Esto es reposicion, pero como mola la obliteradora. ¿que tal un duelo Magrimm contra el poseido jefe de la tribu del pantano?

    • Técnicamente, no: es una respuesta a un comentario elevado a la categoría de post. Me sabía mal dejarlos por allí olvidados y los he aprovechado. En cuanto a Zachaon, aún tengo su final pendiente de escribirlo. Me ocuparé de ello cuando pueda.

      Por cierto, el post del 14 de julio “Historias para no dormir” está experimentando un ascenso meteórico en los índices de audiencia y comentarios de diversa índole (desde los que se mean de risa a los que condenan las cosas que encuentran por internet). No dejéis de visitarlo…

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