HOTEL APACHE
El conserje le dirigió una mirada cargada de extrañeza:
-Em… ¿apaches ha dicho?-repitió inseguro-¿Indios con plumas?
-Cuatrocientos doce guerreros apaches para ser más exactos-concretó él con un gesto-Los envía Chuflomunkas, un descendiente de Jerónimo, ya sabe, el jefe indio.
El conserje miró a su alrededor de nuevo sin salir de su asombro. Lo que aquel extraño había acudido a contarle a su puesto de trabajo a las cuatro y media de la mañana resultaba una historia como mínimo peculiar. Tanto más cuando se encontraban en el hall del Grand Palace Hotel de Cangas de Narcea (Asturias) donde los muebles caros, las lámparas de araña y los tapices valorados en miles de euros daban al lugar una apariencia de orden y sosiego difícilmente alterable.
-Pero… ¿van a venir aquí?-preguntó de nuevo.
-Como lo oye-le confirmó el extraño-Todos ellos armados con winchesters y tomahawks. Probablemente organicen una carnicería con los huéspedes, le corten la cabellera al personal de servicio, monten tipis en el salón de té o, lo que es peor, le hagan perder su empleo.
-Sí que parece grave la cosa-admitió el conserje-pero, entiéndame, resulta difícil de creer…
-Lo sé, por eso le he traído algunas pruebas irrefutables de lo que digo-el extraño se agachó, cogió algo del suelo y lo depositó sobre el mostrador.
Era un maletín de cuero marrón con las esquinas gastadas por el uso continuo. Las manos del extraño manipularon los cierras con habilidad y la tapa se abrió ante el conserje. Su boca y sus ojos se abrieron con asombro:
-Dios mío-dejó escapar con un voz entrecortada-Entonces no hay duda: vienen hacia aquí.
-Exactamente-contestó el extraño cerrando la tapa del maletín con un golpe seco-y ahí es donde entra usted si quiere que les detengamos.
-Haré lo que sea necesario-aceptó el conserje con determinación.
-Me alegra oírle decir eso porque hay una posibilidad si colaboramos-apoyando las manos en él, el extraño se subió sobre el mostrador y empezó a desabrocharse el cinturón-Verá: los apaches son un pueblo extremadamente supersticioso y creen que si dos estrellas entran en sendos agujeros negros el universo se acabará al instante y será un presagio de muy mala suerte para cualquiera que lo vea.

-¿Y por qué se está bajando los pantalones?
-Es todo puro simbolismo-explicó el extraño bajándose los calzoncillos-Mis testículos representan dos supernovas peludas y sus cuencas oculares harán el papel de agujeros negros. En estos momentos, los exploradores apaches ya deben estar espiándonos para reconocer el terreno. Si ellos nos ven…
Una sombra de duda cruzó el rostro del fornido conserje. Había sido militar durante buena parte de su vida y estaba acostumbrado a las situaciones límite. Aquel trabajo de conserje le parecía un cierre amable y tranquilo a su vida de aventuras y horror. Aún así, no le parecía mal que de vez en cuando ocurriera algo que rompiera con la monotonía de su rutina diaria. Sin embargo, por un instante, le dio la impresión de que estaba tratando con un liante que pretendía restregarle los genitales por la cara.
-Oiga, pero…-balbució-¿Y si nos ve alguien que no es un apache?
-Tranquilo, hombre-contestó el extraño cogiéndole la cabeza con ambas manos y acercándole-Son las cuatro y media de la mañana. ¿Quién iba a rondar por aquí?
Y tenía razón. Lástima de cámaras de seguridad.

14-enero-2012 a 6:45 pm
Buena forma de integrar el mortadelo en la vida cotidiana.