“Me voy a Salou a hacerme un porro, co, muerte al rey”
(Chiste Supremo Zaragozano. Cualquier lugareño que lo oiga se expone a morir de risa. Cualquiera que lo cuente se expone a morir de hipodignidad)
El otro día me preguntaron que qué tal los monólogos. Cometí el error de contestar que bien y, acto seguido, tuve una actuación ligeramente lamentable por ir tentando a los malos espíritus.
Después de mucho ensayar he logrado que, salvando las variaciones personales (lo que se viene a conocer como tener “días malos“), los monólogos me salgan más o menos iguales. Lógicamente, en estas condiciones cualquier fracaso de crítica es SIEMPRE culpa del público. Y es que a veces se ponen a hablar y tocan los huevos y otras, sencillamente, no se enteran. Y que conste que he suavizado mucho mis textos para poder adaptarme a las exigencias humorísticas locales (la clave es simplificarlo todo para que hasta el más zote se entere). En palabras de Chabito: me he vendido y hago humor costumbrista. Tiene razón pero también es verdad que no me he vendido por menos de nada. Al contrario.

(En cambio, como veterinario tengo la autoestima por las nubes. Ved aquí a Tractocarro durmiendo a pierna suelta tras curarlo con éxito)
Intentar ir de humorista “inteligente“, “irónico” u “original” es una batalla perdida de antemano con el populacho. La gente no quiere nada que se aparte del caca, culo, pedo y pis. La frase con la que empieza el post refleja tres aspectos (de los cuatro o cinco que hay, no se crean) que hacen gracia a la gente, a saber:
-Drogas: Lo prohibido hace risa, es un hecho. Y no sólo drogas (los porros son muy recurrentes) porque la caca y el sexo también son cosas archisobadísimas pero que más o menos funcionan (funcionan menos cuando suelto una de las mías pero de las mías-mías). Jajjajajjj
-Topicazos locales: cada sitio tiene los suyos propios. Ya sean expresiones, pueblos rivales o un equipo de fútbol que da risa, mencionar esta mierda te hace super-majo a los ojos de la audiencia. Lol, lol, lol…
-Injurias a la corona: qué fácil es hacer la revolución sentado en un bar, no ya conspirando sino escuchando a la gente. Con reírte cuando alguien se caga en la monarquía has hecho tu parte del trabajo para mejorar el mundo. Como dijo Mariano en su día, más nos vale que el día de la revolución no llueva porque si no, no irá nadie. O sea, no digo que nuestra familia real no sea cosa de risa (lo es y mucho) pero se agradecería que un poco más de sofisticación. Equis dé, equis dé.

(Vedlo, vedlo que ojitos más tiernos, más simétricos y más sanos tiene el puñetero)
Ahora estoy haciendo una clasificación de los tipos de público que me pueden tocar y el humor que debo emplear en consecuencia. Me faltan aún bastantes posibilidades pero se nota cierta tendencia:
-Público joven de menos de veinte años: CEPORROS.
-Público adulto y maduro: CEPORROS.
-Público universitario y con un cierto nivel cultural: CEPORROS.
-Público femenino en fiesta de Santa Agueda: CEPORROS.