Por la sencilla razón de que esas cosas me dan miedo nunca he sido muy aficionado al cine de terror. De crío sí que disfrutaba viendo esas cosas (bien acurrucado junto a mi madre, que también tiene su lado oscuro) pero con las noches que pasaba después acabé dejándolas a un lado. Hasta hace un par de años.
Cuando me fui a vivir con Jorge y con Mariano (los de “A Verlas Venir”), grandes aficionados ellos a las películas de todo tipo, les cogí el gusto a las pelis de zombis. Es curioso, siempre me habían parecido un género entre aburrido y desagradable y ahora lo encuentro fascinante. Incluso tengo un sueño recurrente en el que los muertos vivientes se dedican a amargarme la vida y, curiosamente, no es una pesadilla.
No voy a perder el tiempo poniendo a caldo la credibilidad fisiológica de los zombis (la MUY Interesante se cascó un artículo de seis páginas dando diez mil razones por las que los zombis, quien lo diría, no pueden ser) porque entran en el mismo saco que los vampiros, los licántropos y toda la alegre pandilla de la noche: lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Pues eso. Sí que se ha notado una evolución en el género de los zombis tambaleantes y lentos de antaño a los cafeínicos-rabiosos que se estilan hoy en día (la cosa empezó con “28 Días” pero tampoco es novedad porque en la antigua “El regreso de los muertos vivientes” ya se echaban sus carreras). La causa de su resurrección varía pero suele ser algún agente biológico tipo virus. Tiene gracia, decían en la MUY Interesante, que a nadie se le haya ocurrido culpar a un prión (como el de las vacas locas) de todo esto. Al final propondré algunas de mis mejores teorías para acabar con la humanidad de esta manera.
Volviendo al tema zombi, su papel en las películas viene a ser siempre el mismo: los cadáveres se levantan y atacan a las personas, la gente que muere (depende de la peli pero muchas veces basta una heridita así y ya la has cagado) se une a las filas de los muertos vivientes y el exceso de escrúpulos al principio (“¡No puedo pegarle un tiro en la cabeza a la tía Carolain!“) y la falta de ellos al final (“Que os den por culo, me voy corriendo por mi cuenta“) acaba poniendo en graves aprietos a los supervivientes (las buenas películas de zombis jamás tienen un final feliz).
Es en estos grupos de supervivientes donde se suele centrar el hilo argumental y donde entra la carga psicológica del género: ¿hasta qué punto sale a cuenta ser buena gente? ¿qué barbaridades estás dispuesto a cometer para sobrevivir? ¿alguien se ha traído un Monopoly o algo ya que llevamos quince días atrapados en un supermercado rodeado de fiambres devoradores?
El Amanecer de los Muertos (2004)
Aunque George Romero es el padre indiscutible del género, poco hay de sus películas que sorprenda hoy. Fue Zack Snyder (también director de 300 y Watchmen, casi nada) quien hizo este remake que me dejó sin aliento: muertos arriba, gente que se esconde en un centro comercial y que empiece la fiesta. Y menuda fiesta. La peli es exactamente lo que pretende: horrorosa. Y lo digo en el buen sentido porque hay muy pocos momentos en los que pienses “Ah, menos mal” o algo parecido. Un disgusto detrás de otro que fue lo que originó mi fascinación por el género.
Guerra Mundial Z
Muy bien: los zombis se levantan, la humanidad se va a tomar por culo pero aún y así logramos darle la vuelta a la tortilla y derrotar a los fiambres. Pero ¿y después? Eso es lo que explora este libro de Max Brooks (hijo de Mel Brooks) en el que asistiremos a la reconstrucción de un planeta hecho unos zorros porque los zombis que se congelan en la tundra se descongelan cada primavera. O a la pesca de algunos de los veinte millones de zombis que aún rondan por los océanos. O a la nueva política mundial ahora que queda una décima parte de la población. ¿Que Cuba sobrevivió mejor que nadie? ¿Que Israel rodeó sus fronteras con un muro? ¿Que todo empezó en China? Un libro excelente, sin duda, donde cada facción de la sociedad (superviviente) es revisada a fondo por este señor.
Zombi, guía de supervivencia

Pero ¿y si realmente aparecieran? No hay problema si te has leído este libro. En él estudiaremos a fondo la fisiología zombi (apuntad a la cabeza, todo lo demás es perder el tiempo), las mejores armas para combatirlos (tomad nota: rifles de cerrojo y palanquetas de las de abrir cajas son lo más eficaz y olvidaros de las motosierras y esas mariconadas), como montar un refugio (echad abajo las escaleras) y similares. Parte de la base de unos zombis producidos por el virus Solanum (???) y nos explica numerosos brotes aparecidos en todo el mundo a lo largo de la historia. Que Dios nos coja confesados como el gobierno arme la mitad de escándalo que con la gripe A.
Zombie: All flesh must be eaten
Probablemente, lo más flojo de lo aquí descrito. La idea de hacer un juego de rol ambientado en una película de zombies es un poco idiota: vale cualquier sistema porque una “de zombies” puede ocurrir en cualquier ambientación o sistema (medieval, futurista, cyberpunk o lo que sea). Aunque el juego tiene buenas intenciones, no se olvida de que se trata de vender producto y se casca un reglamento de 200 páginas, algunas de ellas bastante agradecidas (una guía para hacer tus propios muertos vivientes) pero otras de puro y duro relleno (¿reglas de combate aéreo?). Además, hacen demasiado complejo algo que debería ser rápido y simple (que se puede jugar pasando de todo, claro, pero jode dejar tanto de lado) y que, por mucho que te hagas un profesor de instituto, acabas usando sólo tus habilidades de combate. Como la Llamada de Cthulu, vaya, que es un gran juego pero MUY DIFÍCIL de dirigir en condiciones.
Dead Seth

Supongamos que todo se va a la mierda por culpa de los zombis. ¿Y qué pasa con los concursantes de la casa de Gran Hermano? Exacto. De eso trata esta delirante serie de cinco capítulos en la que asistiremos a la debacle más chabacana (pero no por ello menos realista) en la vieja Inglaterra. Para su rodaje emplearon a auténticos “hermanos” y la verdad es que se nota: dan el pego de gilipollas absolutos en todos y cada uno de sus gestos. Por supuesto, también habrá gente más o menos normal lidiando con toda la necro-prole con los resultados más o menos previsibles. Tremenda.
Y ahora, bichitos de mi creación:
Cerebrol Zombis:

En un sórdido manicomio en lo profundo del bosque se realizan experiencias con los internos con un nuevo fármaco: el Cerebrol. Dicho producto parece tener unas grandes propiedades tranquilizantes en los pacientes. Por desgracia, provoca una enorme deshidratación que acaba con los sujetos experimentales rápidamente. Sin embargo, al rehidratar sus cadáveres, los perturbados vuelven a la vida y no precisamente de buen humor. La cosa se tuerce más todavía cuando una panda de estudiantes organiza un botellón en el jardín del manicomio abandonado…
Tecnozombis

En el complejo subterráneo Plastidekor, la super-computadora Kolorao-7000 ha encontrado la forma definitiva de ahorrarse unas cuantas nóminas en mano de obra: mediante la implantación de un chip en la nuca de un cadáver, la computadora puede controlar al muerto y hacerlo trabajar a marchas forzadas y sin pausa para el café. Dando a estos obreros un tentempié ocasional a base de carne muerta para que recuperen fuerzas, la cosa va sobre ruedas y los beneficios de la compañía suben como la espuma. Hasta que un rayo desafortunado de una tormenta malintencionada cae sobre la computadora y libera a los trabajadores…
Entomozombis

La central nuclear de Santa Tecla, situada en lo más profundo de la selva amazónica, ha sufrido una fuga radioactiva de tres pares de narices. Aparte de un poblado indígena que ha sido aniquilado en el proceso, las mayores afectadas son las avispas de una colmena selvática. En menos de lo que canta un gallo, las avispas mutan y obtienen la capacidad de hacer sus avisperos en las entrañas de los cadáveres radioactivos, que se levantan y siguen sus órdenes ciegamente. Como todo el mundo sabe, las avispas nos pican porque es su naturaleza tener mala ostia. Si tuvieran armas, las emplearían contra la humanidad. Y si tienen muertos vivientes…
¡Todo a la vez!
Pero ¿y si la humanidad tuviera un día realmente malo? ¿Qué pasa si mientras en la radio avisan de una fuga radioactiva en la selva amazónica hay un apagón en la mega-corporación que produce el Cerebrol? ¿Podrá la humanidad sobrevivir a todo esto mientras intenta aclararse de cómo acabar con ellos? A esos hay que dispararles en la cabeza, ay, no, trae el cucal. Ojo, que por aquí vienen unos que hacen bip-bip, mierda, a esos no les afecta el tirito en la sien. Mierda, que viene la tía Carolain, a ver qué coño le ha pasado…






















De toda la galería de macarras de tres al cuarto que pululan por el mundo del cómic superheroico, Lobo “El hombre” merece un lugar destacado. Es el único de su especie, un czarniano que aniquiló al resto de su especie para ser único. Con semejante credencial, vale la pena echarle un vistazo con más profundidad.
Lobo empezó como artista invitado en numerosas series (llegó a partirle la cara a Superman) o protagonizando miniseries o especiales. Mató a Santa Claus (número prohibido en los Estados Unidos por atentar contra el orden público). Y a una legión de hijos bastardos que él mismo fue engendrando por el Universo.






Ahora, con motivo de mi cumpleaños, me hice con “Agustina“, un cómic sobre la tan cacareada heroína zaragozana. A ver qué pasaba. Este cómic, según los autores, se centraba en el lado humano de la heroína en lugar de en las batallas: atrevida, pasional y valiente. Como cualquiera puede ver, lejos de contarnos la vida de Agustina, sus motivaciones, sus sueños, sus deseos y frustraciones, centrarse en el personaje significa sacarlo ligero de ropa. Queda meridianamente claro que la chavala era la que más tetas tenía de la resistencia y que a veces se peinaba como la princesa Leia. Y poco más, porque la historia no da mucho más de sí. Tengo entendido que en el casting que están haciendo por los colegios para la película de próxima aparición, lo que se busca es una Agustina veinteañera y pechugona, alguien más dado a posar esculturalmente junto a un cañón que a arengar a las tropas sobre la libertad (¿Fernando VII?), la patria y esas zancochadas.
