EL MAR MUERTO

Una de las cosas que más ilusión me hacían de estas vacaciones en Tierra Santa era visitar el Mar Muerto. La concentración de sal es tan atroz que no hay bicho viviente que se meta en esas aguas. Por si eso no bastara, hace un calor que se derriten las piedras y el lugar tampoco anda escaso de azufre, con lo que huele a tubería terriblemente atascada.
Me pregunto quién fue el notas que tuvo la brillante idea de plantar aquí un balneario.

Las instalaciones incluyen unos fangales con los que embadurnarse (nuestras fotos no hacen justicias a tres negronas que estaban huntándose y poniéndonos malísimos) y, en teoría, van de puta madre para la piel. A la hora de la verdad, aquello escuece que te cagas y te abrasas vivo al sol de modo que te vas a las duchas de ¡agua caliente y sulfurosa!Cualquier herida, rozadura o imperfección en la continuidad de tu epidermis va a escocerte como si te la frotaras con ajo.

Por si no has tenido suficiente, luego tienes unas piscinas de agua sulfurosa y otra normal (con el agua sólo un poco menos caliente) pero la atracción estrella es el propio Mar Muerto. Flotas que te cagas, allí. Y poco más, porque está prohibido bucear (más te vale), salpicarse y zambullirse desde lo alto. Para que os hagáis una idea de lo asquerosa que es el agua, hay una estructura flotante con grifos para lavarse la cara si te salpicas accidentalmente…

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