FASHION & STILE

La veterinaria canalla que practico está bastante reñida con el buen gusto en el vestir en general. Y es lo que hay: cuando trabajas rodeado de bestias pestilentes y sus residuos no es buena idea llevar un reloj caro o un peinado vistoso. En estas cosas prima la comodidad y lo presentable pasa a un segundo plano.

Así, nos encontramos con modelitos capaces de cortarle la digestión a cualquiera y es que jamás estás preparado para lo que te encuentras por las granjas.


(esto, por ejemplo)

Empezaremos por abajo. El calzado en una granja suelen ser las botas de goma. Si no tienes un par en cada sitio, lo sustituyes por un par de bolsas especiales calzadas sobre tus zapatillas. Yo las llamo “bolsas de basura” y todo el mundo sabe de lo que hablo pero este calificativo me ha valido más de una mirada helada y un “son bolsas “para” los pies”. Agárreme de aquí, mister.
Lo cachondo es cuando llevas sandalias (el verano es así) y te pones las bolsas encima. El guarrerío de sudores que se monta es para espantar a las moscas. Y no te digo si te pones unas botas del lugar y, por no hacerlo sin calcetines (alguna vez he llevado sandalias, calcetines y bolsas pero es demasiado hasta para mí), los sustituyes por unas bolsas. Caminar sobre las aguas, literalmente, es lo que haces al cabo del rato.

La ropa interior también es importante. Lo digo, más que nada, porque sueles cambiarte (si eres un hombre) delante de algún ganadero y como lleves puestos (por ejemplo, lo que me pasó a mí) los calzoncillos rojos navideños que tu jacarandosa tía te regaló para nochevieja (bien, cada año me regalan unos y paso de tener catorce calzoncillos utilizables sin usar) puedes pasar un mal rato.


(estos en cambio sí que saben vestirse para ir a una granja)

Luego ya cada uno tiene sus combinaciones del horror. La veterinaria, acaso la única persona con el pelo largo de la empresa, gasta unos gorritos blancos para taparse las melenas que, combinados con los monos y las batas blancas quitan el hipo… del susto.
Porque las batas, digan lo que digan, deberían venderse con rigurosa licencia de armas. Yo las he visto puestas sin nada debajo y ver un escote peludo con una cruz de oro es algo que no deja impasible a nadie.
O un hombre maduro con las perneras del mono arremangadas para arriba. La visión de aquellas garrillas escuálidas aún me persigue en mis pesadillas. Aún me preguntaba si le perturbaba. ¡Toma, no, me relamía, nos ha jodido!¡Hay que taparse las vergüenzas en el más amplio sentido de la palabra!

Y para terminar, sabed que estuve a punto de descojonarme (literalmente) pasando el ecógrafo a una cerda. La muy puta retrocedió y me pilló la punta de la polla (incluyendo, claro, el calzoncillo y el mono pertinentes) contra una barra de hierro de su box. Un sufrir…

Y es todo lo que tengo que decir al respecto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: