LA BANDA DE RENÉ QUINTON

“Ed no tiene manías. Si las tuviera, no tendría amigos”
(Ed Wood de Tim Burton)

A veces te ocurren cosas que luego no estás muy seguro de que te hayan ocurrido realmente. Tengo cierta facilidad para atraer a los chalados (un día escribiré sobre “Fauna de autobuses a Palencia” que en sí mismo son un ecosistema) y mis monólogos son un caldo de cultivo ideal para que los iluminados de toda índole se congreguen a mi alrededor. No obstante, de todas mis historias de gente peculiar hay una que destaca con luz propia. Ellos son mis chiflados favoritos y los he recordado a raíz de mi último monólogo (que fue un fracaso sonado, para qué entrar en detalles). Y es que soy un sentimental:

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(Y un politoxicómano incurable, todo hay que decirlo)

Algún tiempo después de dar a conocer el producto estrella de Industrias Gabrielowsky en Binéfar recibí una misteriosa llamada de una mujer que hablaba con un acento extraño. Dicha mujer se identificó como una “admiradora” y me dijo que ella y sus amigos se lo habían pasado teta con mi actuación y que si me venía bien cenar con ellos para hablar del tema. Hace falta bastante menos para halagarme (y había ciertas posibilidades de actúar más veces) de modo que acepté sin dudar.

Claro, yo no me esperaba nada de lo que encontré. Me llevaron a un piso cuyas paredes estaban pintadas de flores, pececitos y toda suerte de motivos cursiloide-pacifistas. Me enteré de que la chica oriental que me había llamado era la artista implicada y su amiga la jipi, la residente.

Nada más entrar, un chico joven me vino y me preguntó que si cantaba. Yo le contesté que lo normal, con los amigos de cebollazo y en los conciertos. Y el tío me cogió, sacó una guitarra y un cancionero donde lo más heavy que había era M-Clan y hale, a cantar como en los campamentos. Este fulano, según me enteré más tarde, había dedicado su vida a ser machaca en una fábrica hasta que un cursillo de masajes (ahí se las den todas) le había cambiado la vida y ahora se dedicaba a eso. Semejante personaje era el menos llamativo de lo que iba a ser un auténtico álbum de cromos de terror.

A medida que transcurría la cena (cocinada por la anfitriona hippy a base de combinar cosas razonables con otras extrañas) cada uno de los fulanos se fue presentando:

Había uno que aquella noche precisamente cumplía dieciocho años de su… renacimiento. El tío tenía cuarenta y ocho tacos y a los treinta era un triunfador hasta que se pegó un talegazo con el coche que lo dejó para el arrastre. Su mujer le contó a sus tres hijos que su padre había muerto y le abandonaron. Perdió su trabajo (y el coche, supongo, también). Y el tío se vio en la poco envidiable situación de estar poco menos que inválido y solito teniendo que aprender de nuevo a caminar e incluso a hablar. Aquella noche se veía que los resultados de su re-aprendizaje no habían sido del todo malos aunque seguía sin ser digno de ver.

La anfitriona no destacaba especialmente aunque por el hecho de serlo ya era para darle de comer aparte.
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(Esto es lo más floral que tengo pero el ambiente era más rarito)
La chica tailandesa pintora de flores y artista del origami (a la mañana siguiente me desperté con una paloma de papel amarilla, un pavo real azul y una cajita morada como prueba de que todo aquello no había sido un sueño trasnochado) era budista (lo digo en cualquier orden, con semejante currículum la tía destacaba y punto). Yo la veía bastante flacucha y ella me reveló que era cosa de la anemia exagerada que tenía. Resulta que cuando su hemoglobina bajaba de unos niveles mínimos ella se arreglaba bebiendo… agua de mar.

Sí, habéis leído bien: agua de mar. Claro, uno tiene sus modales y traté de encajar aquello lo más imperturable posible. Y fue entonces cuando entró en escena la matriarca de aquel grupo imposible (la Patrulla X al lado de estos son una banda de mataos).

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(Esto fue lo primero que me vino a la cabeza)

-Tu que eres veterinario (siempre que alguien empieza a hablar con estos términos me pongo a temblar) debes estar familiarizado con las teorías de René Quintón-me dijo.

-Pues ahora no lo tengo presente-contesté educadamente-Es que hace años que terminé la carrera y uno no se puede acordar de todo.

De retazos sueltos de la conversación había llegado a la conclusión de que aquella señora tenía entre cuatro y seis hijos con no menos de tres hombres diferentes. De nuevo, mis modales me impidieron escarbar en detalles escabrosos de todo aquello.

El caso es que el tal René Quinton (me explicó ella amablemente) era un fulano del siglo XIX (sin formación científica, buena referencia) que se puso a experimentar con transfusiones de agua de mar. Hay que joderse: el tío le sacaba la sangre a un perro y le metía agua de mar (que te hace ver las estrellas en un rasguño) con fines curativo-milagrosos que por supuesto funcionaban. Con el tiempo, el sujeto abrió unos “Sanatorios Marinos” donde la gente iba a pincharse agua de mar en plan hibridación profundos-humanidad al más puro estilo Lovecraft.
Tócate las narices y yo que me reía del Carlangas por su genial teoría de hervir la sangre de los enfermos de SIDA para matar los microbios. Vale que yo me cargué una cerda a mazazos pero el Quintón ese era un puto sádico.

En este punto, la señora se puso a explicarme que sus hijos y ella le daban al agua de mar como quien se mete pelotazos de anís del mono. Personalmente, yo que estoy media hora escupiendo cuando trago agua de mar y que tengo formación universitaria (sanitaria, para más inri) opino que todo eso es un disparate nefasto. Las teorías del René Quintón las estuve investigando por internet y son todas dignas del apedreo más indiscriminado:

Ley de la Constancia Térmica
Frente al enfriamiento del globo, la vida animal, aparecida en estado de célula a una temperatura determinada, para su elevado funcionamiento celular, en los organismos indefinidamente suscitados a este efecto, tiende a mantener esta temperatura de los orígenes.
Que, dicho en fino, viene a decir que cuando hace frío, tu organismo tiende a estar calentito por la cuenta que le trae. Olé sus huevos.

Ley de la Constancia Marina
La vida animal, aparecida en estado de célula en los mares, tiende a mantener las células constitutivas de los organismos para su funcionamiento celular elevado, a través de las series zoológicas, en el medio marino de los orígenes.
Y, sin que haga falta ser tan retorcidos, las células están rellenas de líquido y, sencillamente, no funcionan al aire libre. Y es por esto que por dentro estamos encharcados hasta el páncreas.

Ley de la Constancia Osmótica
La vida animal, aparecida en estado de célula en mares de una concentración salina determinada, ha tendido a mantener, para su funcionamiento celular elevado, a través de la serie zoológica, esta concentración de los orígenes.
Lo que no explica el René es PARA QUÉ coño tiende la vida a hacer esto. ¿Para tener un acuario con pulpos y holoturias en las entrañas? O, mejor aún, POR QUÉ, porque, sencillamente, no me parece razón suficiente para inyectarte diez centilitros de Mediterraneo.

Ley de la Constancia General
Frente a las variaciones de todo orden que pueden sufrir en el curso de las eras los diferentes hábitats de la vida animal, aparecida celularmente en condiciones físicas y químicas determinadas, ésta tiende a mantener, para su funcionamiento celular elevado, a través de la serie zoológica, estas condiciones de los orígenes.
O se las apaña como puede y las cambia si hace falta, que la extinción está a la vuelta de la esquina esperando para llevarse por delante a cualquier especie que se pase de lista. Si Charles Darwin viviera actualmente lo más normal es que se metiera en la SGAE y le metiera un puro al cabrón este por copiarle vil y descaradamente su “Teoría de Evolución de las Especies”.

Jo, qué noche oyendo hablar de todo esto. Me preguntaron por el Cerebrol, les hablé del rol y el Planetas & Mazmorras (cada loco con su tema, oiga) y todos tan contentos. Claro, como todo el mundo iba de escéntrico desequilibrado, podías desbarrar lo que quisieras y ni se notaba.
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(¡Hale hop!¡Tony, que no ha roto un plato en su vida, empleando el burdo truco de la galleta para arrearle un muerdo a María!)

Que conste que no probé el vino ni había nada alucinógeno (que yo sepa) en la comida. Cuando todo terminó salí escopeteado, salté dentro de la Bestia Sanguinaria y conduje de vuelta a casa sin dejar de mirar por el retrovisor. De todo aquello saqué en claro tres figuritas de papel de origami (que aún guardo) y la sospecha de que una secta perniciosa había estado intentando captarme (no sé quién habría salido peor parado si me hubieran trincado, la verdad).

Y de esta gente no había vuelto a saber nada hasta hace cuatro días, cuando se me ocurrió mandarles un mensaje para que vinieran a verme al monólogo “Reflexiones de un stormtrooper”. No pudieron, pero me invitaron a comer (suspiro).

Esta vez, la cosa era en plan vegetariano despiadado y el plato fuerte era algo llamado saitán (satán sería mucho más propio) que era una cosa gomosa e insípida acompañada de arroz integral. Semejante cemento armado era, digamos, difícil de masticar, no ya de tragar (encima me dieron un tuperware para llevármelo y aunque se lo traté de endosar a mi compañero de piso, el rufián no come tomate por las noches: ¿por qué coño me rodeo siempre de chiflados?).

Como invitados peculiares, teníamos a una Gabriela (un día de estos hablaré de Darkbriel, mi tocayo guineano) y un titiritero que estaba indignadísimo por no sé qué ostias que yo no acabé de entender pero escuché en respetuoso silencio (“¿Tengo cara de que me importe?”). Le acompañaba una tía que fue puesta a parir en cuanto se largó por su escasa participación (asustada es lo que debía estar).

Esta vez no era agua de mar lo que quería endosarme sino “agua diamantina” de cuya composición y efectos hay un estudio de ciento cuarenta y pico páginas en no sé qué web. Les dije muy amablemente que podían irme resumiendo los puntos más importantes porque existen muy pocos temas, por estrambóticos que sean, que me puedan interesar tanto. Tras media hora de cháchara, me dejaron en las mismas.
Posteriormente he investigado y resulta que el agua de marras tiene alterada la “rata vibratoria” (supongo que se refieren al “ratio” que suena parecido pero no es lo mismo) y ello la hace un producto “femenino” y “virgen porque nadie la ha ollado” ¡y tiene las 144 letras del alfabeto hebreo!.
El caso es que sus vibraciones ayudan a equilibrar los dislates electromagnéticos de nuestro cuerpo que nos impiden conseguir nuestros objetivos (lo suponía) y nos ayuda a clarificar la mente preparando a la humanidad para su evolución a una nueva etapa (¡Mutantes!¡Mutantes!¡Mutantes!). El creador de esta panacea hídrica era un francés notas (desde que perdieron el Imperio estos han desvariado muchísimo más que nosotros) que empleó un “cilindro vibratorio” que emitía notas en una proporción 24/25 (por si le interesa a alguien) ya que la música es una forma de matemática sonora (no estoy seguro de que quisieran decir esto). Lo acojonante del caso es que el agüita esta se “reproduce” simplemente llenando un 10% de cualquier recipiente con agua diamantina y rellenando con agua normal: en una hora y media, toda es “diamantina” (lo que podría hacernos suponer que lo que tiene y se transmite son microbios, claro).
Y es bueno echar a los ríos, manantiales y mares porque “las ballenas y los delfines han solicitado su ayuda”. Cágate.

Sabía a agua totalmente normal pero aquella noche (hay que decir que fui habiendo dormido cuatro horas y con resaca, que la cena no fue lo que se dice sana y que la comida, pues tampoco) tuve unos dolores de tripa considerables.

Esta gente hablaba mucho acerca de eso que se hace llamar “medicina alternativa”. Argumentaban que siempre les llegaban pacientes que la medicina “normal” no había podido curar. Este hecho, de por sí, lo dice todo: a las piedras curativas, los santos, aguas imantadas y supersticiones diversas recurres cuando los amables médicos del seguro se dan por vencidos.
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Esta “medicina alternativa” suele estar apoyada por un asombroso índice de éxitos y raramente tiene algún fracaso, sólo pacientes “milagrosamente recuperados” y testimonios de tal o cual individuo “de estudios y respetable” que se curaron de algo que los médicos no pudieron.
Como veterinario que trata con gran número de animales (buena posición para apreciar el efecto poblacional de un tratamiento) puedo deciros sin remilgos que hasta el fármaco más caro tiene un porcentaje de fallos. Esto es así porque hay bichos que están ya muy jodidos cuando los tratas, o a que se aplica mal el medicamento o, para qué mentir, porque DIOS reclama su alma y no hay quien pueda contra eso. TODO falla a veces. Y esas cosas “que la ciencia no puede explicar” tampoco las explican la parapsicología, la ciencia alternativa, la oculta o la madre que la parió. Hay bichos que se curan porque sí y punto y es más fácil suponer que su organismo ha logrado recuperarse (algo tipo Factor de Curación Mutante, para qué engañarnos) por sí mismo que atribuirselo a cosas raras y peregrinas.
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Es lo malo de hacerse mayor, supongo, que el mundo pierde magia. En tiempos, cuando era más crío, sí que me tragaba todas las historias de fantasmas, monstruos de lagos y cosas así. Con el tiempo, llega un momento que acumulas experiencia y aunque siempre está aquello de “haberlas, haylas” ya no eres tan ingenuo.

Id puros.

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6 comentarios to “LA BANDA DE RENÉ QUINTON”

  1. La verdad que es mejor escuchartela que leerla, aun asi es increible.

    Que rene quinton nos pille confesados

  2. Amén…
    Y no has pensado en purgar a estos zumbados? vamos, por hacer un favor al ser humano digo yo.

  3. Acabo de perder 5 puntos de cordura…

  4. ¿Y no se te van a cabrear si leen esto y se dan cuenta de tu… esto… digamos escepticismo?

  5. He pasado la tirada de cordura y me esta tocando tirar 1d4… no me imagino que pasaría si no la supero.

    ¿Esto es en serio? O sea ¿Realmente has estado con esa gente?

    Es que me suena un poco a película de bajo presupuesto de aspirante a Tarantino.

    Esa historia te la recordaré el proximo dia que te pille por Zgza para que me la Narres como es debido.

    Saludos.

  6. Te lo juro, tío. Al día siguiente de que me ocurriera cogí el coche y me bajé cagando leches a Huesca porque se lo tenía que contar a alguien.

    Y aún guardo las figuritas de origami como prueba de que ocurrió realmente (o de que padezco sonambulismo papirofléxico pero en mi familia no hay antecedentes…)

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