Ultimamente tengo esto algo descuidado porque he cogido la costumbre de escribir cincuenta artículos un fin de semana y ponerlos para que vayan saliendo en fechas concretas. De este modo, tiendo a desentenderme del blog y me limito a moderar comentarios (lo que tampoco es muy complejo porque los apruebo todos). Esto me lleva a que hace días que no hablo de mi vida y va siendo hora. De inspiración no voy mal, pero ahora sólo me salen cuentos en lugar de audaces reflexiones.

Llevaba quince días sin emborracharme y había que poner solución a eso. Además, el cuarto turno del Planetas y Mazmorras (aún coleaba este asunto) tenía que terminar de corregirse. Hacía días que tenía apalabrado quedar con Warjavi para terminar de parchear mi ordenador (básicamente, para que tuviera dos gadgets extras) y por una vez no me apetecía echar una partida de juego de mesa (las dieciséis horas delante del Soldier Emperor de Jaime nos dejaron satisfechos para una temporada). Así que con todas estas directrices en mente, fui a Zaragoza este fin de semana.

El resultado ha sido que he ido sin maleta pero he vuelto con una CPU (llevé dos, esta es el resultado), una bolsa de cómics que hacía días que me debían y un puñado de libros. Hacía tiempo que no tenía tanta lectura (desde que me compré los cómics del Fatal Fury, más o menos) así que paso a comentaros los libros:

elric.jpg
Por un lado, me han dejado un mega-libro con la saga de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock. El tal Moorcock comparte rasgos de Tolkien (le van los libros tochos con mil millones de páginas) y de Lovecraft (es un perturbado imaginando cosas). Ya me había leído algo de él en el instituto, el “Bastón Rúnico”, que no estaba mal de modo que me animé. Nos narra la historia de Elric, albino fulano de raza tirando a élfica, que es el rey de Melniboné, un reino en decadencia. Llevo veinte páginas de libro y el chaval ya se quiere casar con su prima. Menudo linaje se prepara. No nos merecemos los reyes que tenemos…

alatriste.jpg
Por otro lado, me han dejado el último de Alatriste, Corsarios de Levante (y playas las de Lloret). Después de cinco libros, el tema está ya más gastado que el copón y las historias se hacen bastante repetitivas por lo que me niego a pagar un puto duro por las andanzas de este Antonio Resinés del Siglo de Oro (digan lo que digan, meter a Aragorn de protagonista fue una sandez teniendo al de los Serrano). No obstante, hago todo lo que puedo por conseguirlos por otros medios y devorarlos con saña.
En mi santa opinión, el primer libro y el tercero estaban bastante bien. El segundo, ignorable. El cuarto y el quinto eran pura maniobra para sacar el dinero a la gente. A ver qué sale de este.

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Por último, uno de pensar de Calvin y Hobbes, que nunca vienen mal. Los macarrillas estos me gustan bastante (cuando no son tiras de estas con más texto que dibujo, que haberlas, haylas) y siempre son una lectura refrescante, que no todo van a ser textos filosóficos con palabras largas.

Aparte, tengo empezado un libro que me regaló mi cuñada: El Hijo del Acordeonista de Bernardo Artxaga. El problema intrínseco de su narrativa es que es un rollo patatero de los que te cuartean las córneas. Que si la dictadura malvada, que si mi padre iba fusilando gente, que si qué feliz la vida del campesino… todo esto sin una maldita escena de acción (que no digo tiroteos, coño, pero al menos que se meta mano el protagonista con alguien) que le da un ritmo tan trepidante como la final de un concurso de pesca. Me parece que este no me lo acabo.

Leed más y ved menos la tele.

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Una respuesta to “”

  1. Como coño se te ocurre leerte algo que se tituloe “El hojo del acordeonista?” Si es que, a veces te mereces lo que te pasa, joder…

    Sobre Elric, creo que ya te he mencionado alguna vez que odio a Moorcook (o como pollas se escriba) y todo lo que hace (o casi todo), porque no ocurren más que barbaridades y desgracias en sus libros. Más follar y menos cercenar miembros, ostias… Te podría espoilear el asunto como venganza al destripamiento en masa de películas que me hiciste allá en la carrera, pero hoy me siento misericordiosa.

    Aparte, no sé si te comenté que me había leído la historia de ángeles… si no te dije lo que me pareció, grita como un descosido y entenderé que quieres mi opinión. Ten en cuenta que estoy en Cuenca, así que procura que el alarido sea potente…

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