EL PARDILLO

Esta es LA HISTORIA, con mayúsculas, de cómo mis muchachos de Huesca y yo demostramos al mundo y a nosotros mismos que aunque no somos abiertamente agresivos somos una manada territorial y fiera en cuyo camino es mejor no cruzarse.

Fue muchos años atrás, en primero de carrera, cuando se nos acopló un individuo moñas, pesado y pardillo (a decir verdad, lo último era tan notable que acabó convirtiéndose en su denominación). Era el típico subproducto social, un escombro que olía a amistad descompuesta, un paria desterrado y acabado, que viéndose poco apreciado en la Banda del Moco (no son lo que se dice la élite de la noche pero ya hablé sobre estos hace tiempo) se nos incrustó y venía al local los días de juerga para empaparse de nuestra forma de vida. No recuerdo cuántas noches le aguantamos (¿qué se puede esperar de un fulano que se enamora en diez minutos y que ve “Rocky” y lo que le mola es lo buenísima persona que es Rambo?) pero nuestra paciencia duró poco.
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Estos éramos por aquel entonces en nuestro viejo local. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Óscar, Sergio, yo, Larra, Carlos, Azanza, Jorge y Ricardo.
No sé cómo llegamos a la misma conclusión simultáneamente todos porque no lo hablamos. Una especie de mente enjambre guió nuestros pasos para acabar con el muchacho de una manera rápida y brutal, lo bastante directa para que aprendiera que con nosotros no se juega (a veces me siento un poco culpable porque el chaval sólo buscaba amistad y realmente no era mala persona pero así son las cosas) y lo bastante escandalosa para que no fuera el único en aprender la lección.

Empezó con las copas. Le dije que le prepararía un “especial de la casa”. Cualquiera que me conozca mínimamente sabe que en una cocina soy más peligroso que un mono con dos pistolas incluso cuando voy con las mejores intenciones. Y como dijo no sé quién “Cuando soy buena soy muy buena pero cuando soy mala, soy mejor” así que me puse manos a la obra para preparar un combinado lo bastante repugnante para saciar mi sed de mal pero lo bastante bebible como para que el Pardillo no sospechara.
Llevaba hasta salsa brava y, claro, el resultado fue un combinado color dorado con motas rojas, como si alguien con infección de orina se hubiera aliviado allí. Era un poco cantoso para mi gusto de modo que lo aliñé con coca cola y su negrura ocultó la salsa brava. Pero le seguía faltando “glamour” así que recurrí a Sergio, que andaba por allí:

nao-a-droga.jpg

Sergio:-le dije poniéndole el vaso bajo la boca-Cúrratelo.

No se me ocurre ninguna onomatopeya para un salivazo. ¿Quizás “sput”?¿”Schlof“?¿”Grumjk“?

Por supuesto, para que el muchacho no sospechara, yo me preparé otro “especial de la casa” aunque el mío era una inocente coca cola con espuma de cerveza por encima para simular el toque de Sergio.

Dos se bebió el chaval y no sospechó nada. Qué estómago tienes, le decía yo, con lo fuerte que es eso y ni pestañeas. Lo peor aún estaba por llegar.

El acoso lo empezó Jorge (actualmente, Superneuras) ofreciéndole un “tripi” (en realidad un puto caramelo balsámico: en aquella época éramos bastante inocentones en estas cuestiones) para “alucinar un rato”. El pardillo se negó repetidas veces (“No, no muchas gracias, otro día”) con buenos modales hasta que Sergio (o Carlos, no estoy seguro) cogió el “tripi” de marras, se lo tragó y empezó a “alucinar” delante del pringado. Dicho “alucine” consistía en bailar histéricamente delante de él antes de que las ganas de descojonarse de risa le obligaran a retirarse a otra habitación.

Aquello fue la chispa que encendió todo: al poco, Azanza (o Carlos, o Jorge, no tengo ni zorra) apareció con una bolsa de “farlopa” de medio kilo (en realidad, azúcar, con dieciocho añitos no tienes tanto poder adquisitivo). Así que procedimos a echarnos unas rayas sobre la mesa (menos mal que la apartábamos con la mano mientras unos cubrían a otros porque cualquier cosa que tocara aquella superficie mugrienta se convertía en tóxica al momento) ante el cada vez más sorprendido pardillo.

El muchacho empezaba a estar algo inquieto, estado del que pasó a acojonado total en cuanto Carlos apareció pegando berridos, echando espumarajos por la boca (la cerveza da mucho juego) y con un pañuelo ensangrentado (el ketchup no vale sólo para la cocina de combate) en la nariz. Recuerdo el momento con claridad fotográfica y dolby-surround (“Que le ha dao un mal viaje” se oyó de fondo a lo que alguien contestó “Que se meta otra raya a ver si se le pasa”) porque fui yo el voluntario encargado de sujetar a Carlos en plena crisis lisérgica-drogaínica. Nos caímos encima del sofa forcejeando y mordiéndonos la lengua para no reírnos (bien mirado, esta frase ha quedado de un homo que asusta).
cd-droga.jpg

Alguien (ni puta idea quién y de veras lo lamento) soltó de fondo la memorable frase “Después de esta ya no me importa no follar nunca”.

Carlos protagonizó a continuación una tocata y fuga del local con lo que tuvimos que salir a perseguirlo (acompañados del puto pardillo pesado no nos quedó más huevos que seguir con la comedia) y acorralarlo en un callejón, donde se comportó como un auténtico borracho peligroso obligándonos a jurar que luego nos iríamos todos a echar unos tragos por ahí.

Y claro, si el Pardillo a estas alturas sospechaba que le estábamos tomando el pelo, en cuanto vio aparecer una ambulancia en la puerta del local se le cayeron los cojones al suelo. Hay que decir que en aquella época teníamos no pocos contactos (por no decir infiltrados) en la Cruz Roja de Huesca (teniendo en cuenta la mafia que es aquello y la fauna que pulula por ahí, si os da un jamacuco en Huesca, pillad un taxi por la cuenta que os trae). Los de la ambulancia pasaron al local e ignoraron al epiléptico Carlangas para irse a por unas cervezas.

Llegados a este punto, le confesamos entre risotadas al pobre desgraciado que todo había sido una broma y que era un tío guay por la entereza que había mostrado durante todo el episodio. El muchacho, con voz entrecortada y cara de póker, tuvo que aguantar muchas palmadas en la espalda hasta que aparecí yo con su tercer “especial de la casa” para que se le pasara el mal trago.
¡Y se lo bebió!

Ni falta que hace decir que nunca volvió a nuestro local.

Cuidado con nosotros. Somos peligrosos.

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10 comentarios to “EL PARDILLO”

  1. Pobre chaval, me gustaría saber como eran y sabían los especiales de la casa.

    Por otro lado hicisteis bien, “la gente margina a los marginados por algo, así que nunca te fíes de uno”.

  2. Antológico. Me he estado riendo sin parar.

    Por cierto, lo de “Después de esta ya no me importa no follar nunca” creo que lo dije yo.

  3. ¡SALUDOS! Gabri, soy Nacho, no se si me reconocerás más por “Ese tio que viene a veces a Zaragoza a ver a su novia (Blanca) y nos da el coñazo.”.

    He estdo varios días intentando loguear en tu espacio para poder escribir y la verdad es que he tenido que mandarme hasta mails con el servicio técnico de WorldPress… pero como dijo alguien alguna vez. “Bien está lo que bien acaba.”

    He ojeado el espacio (No lo he leido todo porque hay mucho material… poco a poco) y suena divertido. La verdad es que me pasaré bastante por aquí a marear. Y cuando tengamos la web terminada (Aún anda en proyecto de gestación) ya nos pondremos en contacto.

    Sobre el pringao en questión, sin lugar a duda justa lección de vida. El “gapo” (escupitajo, ñapa, gargajo, salivada, …) es lo que me parece de peor gusto jejeje, de todas formas habría que haberle hecho volver para continuar con las “palizas”.

    Saludos y hablamos.

  4. No se si te ha llegado mi anterior comentario o no, por si acaso aquí viene una copia:

    ///
    ¡SALUDOS! Gabri, soy Nacho, no se si me reconocerás más por “Ese tio que viene a veces a Zaragoza a ver a su novia (Blanca) y nos da el coñazo.”.

    He estdo varios días intentando loguear en tu espacio para poder escribir y la verdad es que he tenido que mandarme hasta mails con el servicio técnico de WorldPress… pero como dijo alguien alguna vez. “Bien está lo que bien acaba.”

    He ojeado el espacio (No lo he leido todo porque hay mucho material… poco a poco) y suena divertido. La verdad es que me pasaré bastante por aquí a marear. Y cuando tengamos la web terminada (Aún anda en proyecto de gestación) ya nos pondremos en contacto.

    Sobre el pringao en questión, sin lugar a duda justa lección de vida. El “gapo” (escupitajo, ñapa, gargajo, salivada, …) es lo que me parece de peor gusto jejeje, de todas formas habría que haberle hecho volver para continuar con las “palizas”.

    Saludos y hablamos.
    ///

  5. No se porque no aparecen los 3 mensajes que he dejado yaaaaaaa argh!!!!!!!!!

  6. “Después de esta ya no me importa no follar nunca”.

    La historia ya me la conocía (cabrones), pero la verdad es que de esta frase no me acordaba… qué grande, por Dios, qué grande…

  7. Hay gente que nace para ser carne de cañón. Tu actuación, Sergio, ya la conocía. Sólo respetaba tu intimidad. Ahora eres parte del Olimpo…

  8. dos cosas extrañas de la foto:

    enrique no sale y sergio presenta una sombra sospechosa en la entrepierna, parece incontinencia.
    Por cierto, mis amigas de Zaragoza se han solterizado y están guerreras.

  9. Ains…el local y sus hazañas. Si te pones a pensar cuánto hace de eso, te asustas. (Por cierto, que razón tenías ya entonces: vaya peinado de gilipollas que llevaba por aquella época).
    Otro detalle…Larra lo tiene más largo que tú. (el dedo)
    Y yo, como siga encerrado en esta oficina mucho más…me va a dar otro ataque de los de espumarajos de cerveza por la boca, ketchup en la nariz y convulsiones espasmódicas sobre los sillones…

  10. Kike supongo que estaría tomando la foto.

    Esas amigas de Zaragoza ¿son de verdad o son imaginarias como las de Barcelona?

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