TWIGGI Y MONSIEUR DELAFLEUR

NOTA PREVIA: Vosotros no lo sabéis pero este cuento es más viejo que cagar sentado. Lo escribí hace la tira y siempre lo estoy posponiendo porque tengo algo mejor que publicar. El hecho de ponerlo por fin no significa que ande corto de inspiración (faltaría plus) pero es que ya empezaba a sentir lástima por esta pobre historia (magnífico, me conmueven entes abstractos de mi creación: lo de las burbujas en el cerebro empieza a ser algo serio…) y todo el mundo tiene derecho a su momento de gloria (aunque sea un cuentecillo de poca monta). Por todo ello, sed condescendientes con este Cuento de Gabrielowsky y si algo en él consigue arrancaros por lo menos una sonrisa por lo menos, silbad.

El primer contacto de Twiggi con el mundo fue una caída de tres metros y medio con el subsiguiente leñazo contra el suelo. Lo atribuyó a su falta de experiencia porque, claro, era la primera vez que nacía. Si hubiera tenido una visión más global del asunto podría haber comprendido que las jirafas dan a luz de pie y que la distancia labios vaginales-suelo es considerable en esas circunstancias.
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Entonces vio a su madre y sintió una felicidad y un calor interno maravillosos. Su mamá le pareció lo más bonito del mundo y deseó con todas sus fuerzas ser como ella cuando creciera: caminar a dos patas, tener aquel bigote tan fino bajo los labios, el sombrero de ala ancha con una pluma de cisne cubriendo las rizadas melenas, el peto azul…

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-¿Mamá?-dijo en el lenguaje de las jirafas. Tampoco se extrañó de saber hablar aquel lenguaje instintivamente. Lo cierto es que no tenía motivos para hacerlo ya que todas las jirafas podían desde el momento en que tenían más de 36 células (lo que se conoce como gástrula jiráfica en términos embriológicos y es un proceso interesantísimo de observar al microscopio pero que ahora no viene al caso).

¡En garde!-exclamó Francois Delafleur, mosquetero de su majestad Luis XIV de Francia teletransportado a la sabana africana por los yeddars de Unmogamia que antes de intentar invadir la Tierra se dedicaban a cambiar a la gente de sitio geográfico cambiándoles las pautas cerebrales para que todo les pareciera mal y lo arreglaran con violencia.

Twiggi tardó diecisiete estocadas en morir porque estaba fibroso, el cabrón.

NOTA AÑADIDA: Me voy de vacaciones. Estaré unos días ilocalizable y a lo mejor esto se descuida un poco (se seguirá publicando pero los comentarios tardarán unos días en aparecer, tranquilos). Paciencia.

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2 comentarios to “TWIGGI Y MONSIEUR DELAFLEUR”

  1. Fascinante. No voy a decir que no sea una mierda, pero es una mierda entrañable con ese toque surrealista que me gusta a mí. O sea, que sí, que algo ha conseguido, porque si no no te estaría escribiendo esta porquería de comentario.

  2. pelonido Says:

    Pues a mí me ha encantado. Pero hay algo que me queda suelto. En el cambio geográfico, ¿fue sustituida la madre por el espadachín? ¿Dio a luz el espadachin a la jirafilla?

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