LOS ORCOS DE PIEDRA

En la frontera este del bosque se alzaban las montañas de Torak Tum. Eran el territorio de una tribu orca a la que las demás temían y respetaban.
Eran los orcos de piedra, Tum Okarg: los Amos de las Montañas. Estos orcos eran ligeramente más grandes e inteligentes que la media y tenían la inusual costumbre de practicar la minería. Habían oradado grandes túneles en las entrañas de Torak Tum en busca de metales y habían levantado grandes forjas donde fabricaban cientos de armas. Estas armas, además de emplearlas sus guerreros, eran vendidas a otros orcos a cambio de esclavos para las minas, hembras, comida y otras cosas que no podían conseguir por sí solos (había pocas). Ocasionalmente llegaban a comerciar con los humanos aunque salían pocas veces de sus montañas.
Los guerreros Tum Okarg eran los que daban nombre a la tribu. Pintaban sus cuerpos con arena y cenizas de las minas para obtener la dureza de la piedra y los que habían luchado con ellos aseguraban que así era. Portaban pesados yelmos de piedra tallados como cráneos para asustar a sus enemigos. La calidad de sus armas era excelente comparada con la de la mercancía que vendían. Los orcos de piedra guardaban sus mejores secretos para ellos mismos.
Los intercambios comerciales se hacían en un claro del bosque que había al pie de las montañas. Una veintena de guerreros Tum Okarg vigilaban desde la falda de la montaña para impedir cualquier triquiñuela.

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Aquella mañana había dos grandes carros-jaula en el claro. Uno contenía media docena de mujeres de raza humana y orca. El otro contenía diez hombres desnudos y de aspecto apaleado.
Guardando el carro estaban el jefe Karg Colmillo de Jabalí y diez de sus guerreros. El resto de su expedición esperaban en el interior del bosque. No tenían por qué intervenir pero siempre era prudente cubrirse las espaldas.
Habían venido a comprar armas. Las primeras incursiones de la primavera habían sido provechosas y habían logrado capturar a varios humanos en una pequeña aldea. Probablemente, aquello generaría una respuesta militar por parte de los humanos y a los orcos les gustaba estar preparados para la guerra.
Un orco gris como la piedra bajó hasta el claro desde la montaña. Le acompañaban cuatro esclavos que tiraban de una gran caja. El orco de piedra hizo un gesto a Karg para que se acercara.
Karg se apartó de sus guerreros sin dudar. Un jefe no podía mostrar debilidad de ningún tipo ante sus guerreros. El muñón de su mano con un colmillo de jabalí a modo de prótesis era el símbolo de su tribu. Debía cuidar su imagen.
Ya había tratado antes con los orcos de piedra pero hacía mucho tiempo. Ni siquiera era el jefe de la tribu en aquella época, sólo un orco que escoltaba al ahora muerto Rach´gg el Gordo. Como él, había traído también dos sacos llenos de frutos secos. No eran de gran valor pero añadían apariencia a la oferta.

El orco de piedra y Karg se miraron. Sus tribus se habían enfrentado en varias ocasiones pero aquello era natural entre los orcos. Las guerras intertribales formaban parte de su existencia igual que el comer y el dormir. Los orcos eran muy prolíficos, podían permitirse las bajas y, además, la continua selección natural eliminaba a los débiles.

Karg hizo un ademán que abarcaba los carros de esclavos y los frutos secos. El orco de piedra examinó la oferta y levantó la tapa de la caja.
El jefe orco no pudo evitar alzar las cejas impresionado. Varias docenas de armas se apilaban perfectamente ordenadas ante sus ojos. Hachas de guerra dentadas, mazas con púas, espadas curvas con espolones, lanzas con crueles garfios y dos petos de anchos hombros. Todo era de un acero oscuro y mate, de un acabado funcional y escaso de adornos. Al estilo de los orcos.
Karg Colmillo de Jabalí asintió complacido.

Trato hecho.

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4 comentarios to “LOS ORCOS DE PIEDRA”

  1. Xetegol Says:

    Una vez más geniales los orcos.

    Me encanta la estructura de este en concreto. La “ubicación” inicial dejando clarisimo en pocas lineas como esta el panorama por allí y la “aventura” del manco bien descrita y sin problemas.

    Más.

  2. pelonido Says:

    Sí, claro, y desde aquel trato los orcos de piedra y la tribu del colmillo de jabalí vivieron en paz en pos de una mayor gloria de ambas partes gracias al comercio tan beneficioso para todos… No sé por qué me da en la nariz que acabarán como el rosario de la aurora.

  3. No, más bien no. Una cosa es la guerra y otra los negocios.

    Todo esto es preludio de otra historia un poco más adelante. Este era un buen sitio para cortar el capítulo…

  4. Hermesh Says:

    joder, entre el megapuente y que ayer se me hizo imposible hacerme con internet, me he dado cuenta de que llevaba muuuuuuchos dias sin leer tu blog.

    me encantan los orcos, solo que me ha dado pena lo del PUTO gigante

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