CON UN PIE EN LA BUITRERA

Hacía tiempo que no inauguraba una nueva sección en el blog (además, necesitaba un artículo largo para ir sacando de la vista las fotos del porno-juego) y ya iba siendo hora. Como no todo va a ser cachondeo en la villa del señor, intentaré que aprendáis algo (siempre, claro, sin salirme de la temática truculento-bellaca que me caracteriza) aunque ya quedáis advertidos que difícilmente ligaréis haciendo muestra de los conocimientos que os transmitiré. Aún así, si el milagro ocurre y alguno se come una rosca gracias a esto, con que grite mi nombre en el clímax orgásmico me doy por pagado de sobras.

Para ir abriendo boca (me parecía una expresión apropiada) hoy hablaremos de esas ocasiones en las que al ser humano le salen las cosas mal y acaba llenando la tripa de tal o cual depredador.
Hace millones e incluso miles de años, los felinos de dientes de sable y, en general, casi cualquier depredador que se lo propusiera, se lo pasaban en grande zampándose a la menor oportunidad a aquellos monos pelados que acababan de bajar de los árboles como quien dice. La verdad es que no lo tenían muy difícil: un bicho comparativamente débil sin apenas defensas naturales era un regalo de la naturaleza que no podían desperdiciar. Las cosas cambiaron paulatinamente a medida que el hombre desarrolló armas, trabajo en equipo y, con astucia y paciencia (y con unas cuantas experiencias nefastas), cambió las tornas poco a poco.
Actualmente, el ser humano no tiene ningún depredador natural que se alimente regularmente de él. Y eso que somos nutritivos porque la carne humana tiene hierro, vitamina B12, fósforo y zinc (tampoco es para tanto, un filete de ternera también tiene eso). En cualquier caso, no salimos a cuenta por las nefastas represalias que acostumbramos a tomar con cualquier bicho que se pase de la raya. Bastante tienen los animalitos con mantenerse vivos en el planeta que les estamos dejando para pensar en tocarnos las pelotas.
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No obstante, hay veces en que nos levantamos con el pie izquierdo y el orden natural sigue su curso. Parece una perogrullada pero si enfrentamos a un bicho evolucionado para matar a sus presas y a un primate calvo desarmado cuyo mayor triunfo es caminar de pie (corres menos), manos prensiles (prácticas para manejar instrumentos pero sin garras) y visión estereoscópica (no sirve de mucho frente a un banco de pirañas) la cosa está bastante clara.
Normalmente, hacen falta circunstancias especiales para que un animal ataque a una persona para alimentarse de ella. En el caso de los grandes felinos (tigres y leones mayormente) la vejez, la enfermedad o alguna lesión que incapaciten al animal para cazar normalmente (métete tú a pelo a tumbar un búfalo con una pata rota) facilitan que se decanten por presas más fáciles. En otras ocasiones, un bicho que la emprenda con un rebaño y que tope casualmente con el pastor aprenderá fácilmente que el capullo bípedo es facilísimo de liquidar.
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En marzo de 1898, la Compañía de África Oriental comenzó a construir un puente ferroviario sobre el río Tsavo, en Uganda. Lamentablemente, dos leones macho les aguaron la fiesta porque durante nueve meses se zamparon la friolera de 140 trabajadores, entrando impunemente hasta las tiendas de los mismos. Aunque finalmente los lograron matar (resultaron ser dos gatitos descomunales), las causas que empujaron a los mininos a emprenderlas con los currantes no están muy claras. Por un lado, es posible que la matanza de millones de cebras y antílopes por la peste bovina de la época los dejara hambrientos. Además, los trabajadores que morían durante las obras tampoco se enterraban con demasiadas florituras por lo que sus cadáveres podían quedar fácilmente accesibles para las fieras. Estos hechos fueron llevados al cine en dos ocasiones: Bwana Devil y Los Demonios de la Noche (con Michael Douglas y ¡Val Kilmer!).
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Los tiburones carnívoros de gran tamaño también tienen mala fama en lo tocante a atacar al hombre. Aunque realmente la cosa está exagerada, cualquier desgraciado que esté metido en el agua en una zona donde abundan estos bichos va a acabar metiéndose en un lío. Durante la Segunda Guerra Mundial, el crucero estadounidense Indianápolis se hizo la ruta San Francisco-Tinian (islas Marianas) con el sano objeto de dejar allí unas cuantas partes del petardo que se emplearía para volatilizar Hiroshima. Hasta ahí, todo bien. Lo malo fue que, a la vuelta, un submarino japonés le metió dos torpedos que lo mandaron a pique en quince minutos. De los 1199 hombres embarcados, unos 900 sobrevivieron, muchos mutilados o chamuscados por las explosiones. A la mañana siguiente, los naúfragos recibieron la visita de unos cuantos tiburones tigre (hasta cinco metros de pescado crudo con más dientes que un serrucho) que, sumados a la deshidratación hasta que llegó el rescate, dieron buena cuenta de ellos. Al final se salvaron 317 hombres. Algo es algo.
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Curiosamente, la mayor masacre humana llevada a cabo por animalitos la sufrieron cinco meses antes los japoneses. Esta vez, ni tiburones ni grandes felinos tuvieron nada que ver. Ocurrió en Ramree, en el sudeste asiático, una desagradable isla pantanosa a la que una unidad de unos 1000 soldados japoneses tuvieron que retirarse acosados por los británicos. Para reagruparse con el resto de sus fuerzas, los japoneses tenían que cruzar la isla, una tontería, en verdad, de no ser por los cocodrilos marinos que infestaban el lugar. Estos bichejos pueden medir más de cinco metros y habitan las zonas costeras y cauces fluviales de la zona indopacífica. Veinte japoneses llegaron al otro extremo de la isla.

Pues hala, matad todo lo que podáis antes de que se os lleven por delante.

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3 comentarios to “CON UN PIE EN LA BUITRERA”

  1. Xetegol Says:

    Me voy a quedar con esto jejeje:

    “visión estereoscópica (no sirve de mucho frente a un banco de pirañas)”

    ¿Cuantos putos cocodrilos habían en aquella isla para merendarse a mas de 950 Amarillos?

    Muy interesante el árticulo, si señor.

    Saludos.

    P.D: ¿como fue en Binefar?

  2. La islita estaría lo que se dice “infestada”. Además, ten en cuenta que en plena oscuridad, un bicho de estos pilla a un japonés, en el ataque chafa a otro sin querer, cinco salen corriendo y se ahogan más allá…

    En Binéfar, para variar, MIERDA. Diría que los premios los dan por amiguismos o directamente al azar pero entonces quedaría como un mal perdedor (al fin y al cabo, el primer premio sí se lo merecía). Nchts, en breve publicaré un par de vídeos al respecto…

  3. No te preocupes, haremos un concurso de monologos y lo amañaremos.

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