RESPUESTAS

En el año 59487 la tecnología tarrakana llegó a su cénit con la construcción de Pensamiento Profundo, la mayor y más avanzada computadora de toda la historia. Con Pensamiento Profundo ya no había enigmas que la ciencia no pudiera desentrañar ni adversidades que los tarrakanos no pudieran superar. Pensamiento Profundo recopilaba información, analizaba los datos y daba respuestas precisas a las preguntas que le planteaban. Pensamiento Profundo sería su guía.
Se alzaron voces de descontento entre los miembros de la Iglesia de la Vera Luz, dudando de la santidad de un artefacto pensante pero fueron ignoradas: Tarrakia contaba con doce mil millones de habitantes y Pensamiento Profundo suponía una esperanza de supervivencia mucho más cercana para la hambrienta población que los dogmas de fé y salvación que la Iglesia predicaba.

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-Los tarrakanos somos muchos pero nuestros recursos son limitados, Pensamiento Profundo-teclearon los científicos a la super-computadora-¿qué debemos hacer si queremos sobrevivir y prosperar?

Pensamiento Profundo envió entonces sondas por toda la superficie de Tarrakia y a sus dos satélites, Ikel y Oanet, buscando minerales aprovechables. Después realizó un censo exacto de todos los seres vivientes del planeta y los clasificó según utilidad y prioridad de supervivencia respecto a los tarrakanos, cuya tasa de natalidad adecuada reguló cuidadosamente. Siguió una calibración de los recursos agrícolas y ganaderos a nivel planetario y sus índices de aprovechamiento óptimos. Finalmente presentó su respuesta a los científicos tarrakanos en la forma de un inmenso plan que meticulosamente llevado a cabo permitiría a los tarrakanos prosperar en apenas dos generaciones.

Los recursos de Tarrakia fueron minuciosa y eficientemente empleados en la construcción de las infraestructuras necesarias: enormes campos de cultivo marinos cubrieron la superficie del océano. Inmensas astronaves mineras fueron enviadas a Ikel y Oanet para extraer su riqueza mineral. La población, más sana y menos hacinada que antes, trabajó duro y llena de esperanzas ignorando a los predicadores de la Iglesia de la Vera Luz, cuya doctrina parecía cada vez más un cuento ridículo: Pensamiento Profundo les guiaba hacia un futuro mejor mucho más palpable que las promesas del paraíso de los sacerdotes.

Entonces los ictiopoides se alzaron contra los tarrakanos. Los ictiopoides eran una raza inteligente submarina que había evolucionado durante millones de años en los abismos oceánicos de Tarrakia. Su contacto con los habitantes de la tierra firme había sido tan escaso que unos y otros se consideraban mutuamente meras leyendas. Pensamiento Profundo sabía de su existencia y los había clasificado como “especie innecesaria para el desarrollo” debido a lo remoto de sus colonias. Sin embargo, los ictiopoides habían encontrado en el desarrollo de los campos de cultivo marinos un obstáculo para su propia supervivencia. El mar se estaba contaminando con los vertidos de las factorías tarrakanas y las escasas aguas limpias estaban saturadas de cultivos de plácton, piscifactorías y centrales energéticas que constituían una amenaza para su propia supervivencia. Los habitantes de la tierra firme querían dominar el mar. Los habitantes del mar sólo encontraron una salida: la guerra.

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Los ictiopoides, aunque menos numerosos que los tarrakanos, atacaron sin piedad y por sorpresa las instalaciones marinas. La población de tierra firme, numerosa y habitante de ciclopéas ciudades-montaña, se vio de repente privada de alimento, muriendo por millones. El ejército tarrakano fue rápidamente movilizado para enfrentarse a la nueva amenaza y pronto las olas se cubrieron de sangre y restos de maquinaria bélica. Pero los ictiopoides dominaban buena parte del subsuelo del planeta y lo emplearon para lanzar destructivas incursiones desde ríos subterráneos y sembrar el terror. Sólo la Iglesia de la Vera Luz pudo mantener unida a la desesperada población y alentarles para enfrentarse al enemigo: Tarrakia era demasiado pequeña para dos civilizaciones diferentes. Por desgracia, eran hambrientas milicias contra fieros monstruos marinos que defendían su hogar y el resultado de la contienda sólo podía ser uno, tétrico e inevitable: la extinción.

-La amenaza de los ictiopoides pone en peligro nuestra supervivencia-teclearon los científicos a Pensamiento Profundo-Dinos, Pensamiento Profundo, ¿cómo podemos ganar esta guerra?

Pensamiento Profundo recopiló entonces toda la información disponible sobre los ictiopoides, su censo, su estructura social, su comportamiento. Descartó la hipótesis de envenenar el mar pues llevaba implícita la posterior muerte de los vencedores. Las fuerzas tarrakanas estaban muy mermadas y ninguna estrategia bélica podía decantar la balanza a su favor. Pensamiento Profundo llegó a la conclusión lógica: si los tarrakanos no tenían fuerzas para luchar, tenían que fabricarlas. Las factorías de Oanet e Ikel fueron radicalmente remodeladas para fabricar armamento y su producción se elevó en un setecientos cincuenta por ciento. Las sondas mineras penetraron profundamente en las cortezas de los satélites para esquilmar sus recursos minerales. Muy pronto, legiones cibernéticas de androides y maquinaria de guerra robotizada que apenas necesitaba un mínimo de personal para su manejo marcharon sobre Tarrakia para socorrer a los fanáticos y desesperados fieles de la Iglesia de la Vera Luz.

La tecnología de los ictiopoides les había permitido provocar espantosos maremotos sobre las costas de todos los continentes, así como controlar el clima y provocar interminables tormentas sobre los tarrakanos. Las enfermedades y el hambre se habían cobrado un precio terrible en la población y sólo unos pocos millones de supervivientes, incluido lo que quedaba del ejército, resistían al invasor armados con lo poco que habían podido reunir mientras entonaban las letanías de la Iglesia de la Vera Luz para darse esperanzas.

La llegada de las legiones cibernéticas fue providencial para cambiar el curso de la guerra. Los ictiopoides, acostumbrados a llevar la iniciativa, se vieron de repente desbordados por las eficientes tropas mecánicas, guiadas por el omnisciente Pensamiento Profundo. Tarrakanos y androides marcharon juntos en una campaña genocida para librar a su mundo de los seres de las profundidades marinas. Sin embargo, hacia el final de la guerra, cuando los ictiopoides se escondían en sus insondables simas oceánicas, la semilla de la discordia germinó entre los tarrakanos. Los fieles de la Iglesia de la Vera Luz y los denominados “herejes” empezaron a disputarse la autoría del triunfo. La Iglesia aseguraba que era su guía y la del dios del que eran representantes en la tierra la que les había conducido a la victoria mientras que los “infieles” defendían que todo aquello había sido una cuestión militar: sin las armas de Pensamiento Profundo la fé no les habría protegido en absoluto. No hubo forma de que se pusieran de acuerdo.
Todos habían luchado con la fuerza de la desesperación y habían logrado triunfar pero ahora que se disipaba el humo de las explosiones parecía que la matanza iba a comenzar de nuevo entre los propios tarrakanos.

-Pensamiento Profundo-teclearon los descendientes de los científicos que habían creado el gran ordenador-los tarrakanos están divididos y al borde de la guerra civil que nos aniquilaría a todos. Necesitamos que nos ayudes a unirles de nuevo así que contéstanos: ¿hay un dios?

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(lo guardaba expresamente para esta historia)

Entonces, Pensamiento Profundo alzó inexpugnables salvaguardas informáticas en los sistemas que le otorgaban el control sobre los campos de cultivo que quedaban, sobre las centrales energéticas restantes, sobre las fuerzas militares cibernéticas y sobre las factorías lunares que habían sobrevivido a la guerra. Envió su núcleo central a una cámara acorazada situada a doce mil kilómetros de profundidad, cerca del núcleo del planeta y reconfiguró su programación para que su desconexión fuera virtualmente imposible así como un programa de detonación automática de todo el armamento atómico tarrakano para el improbable caso de que alguien consiguiera desenchufarla.

Esta vez su respuesta fue mucho más breve:

AHORA SÍ.

Todo lo anteriormente expuesto proviene del informe de campo del xeno-arqueólogo ziggor Reitxnailaug de Betamion en sus excavaciones en el cuarto planeta del sistema deshabitado T-662 en la nebulosa del Cangrejo. El desolado mundo que encontró se encontraba prácticamente devastado debido a la colisión de uno de sus satélites con su superficie. La órbita del otro satélite, totalmente irregular debido a desequilibrios en su corteza planetaria de origen desconocido, seguía también una ruta de colisión hacia el mundo principal, hecho este que impidió continuar las excavaciones xeno-arqueológicas. A fecha de hoy se desconoce qué clase de seres eran los tarrakanos, los ictiopoides y qué fue de Pensamiento Profundo.

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6 comentarios to “RESPUESTAS”

  1. Trikikov Says:

    Eso no es de una novela de ciencia ficción que se llama “Answer” que no se de quien es?

  2. Me guiño

  3. ¡Bingo!Convenientemente adaptada a mis personajes y pasada por el filtro de mi sensibilidad pero ahí la tienes. Estoy muy contento de que alguien lo haya pillado.

    Nos vemos en el Gran Torneo Galáctico.

  4. Hermesh Says:

    Vaya, vaya, así que plagiando, mu mal gabri, mu mal, ¿no se te estarán acabando las ideas?

  5. Xetegol Says:

    Llego tarde para esta entrada, pero no me ire sin dejar claro que me ha gustado, no se si realmente es un plagio o solo una “adaptación”. Pero me mola. Si señor.

    Saludos.

  6. Trikikov Says:

    Por cierto, dime como se llama el payo que la escribió, para buscarla.
    Y para terminar una reflexión:

    “Siervos de la gleva planetaria, esclavos de la Glándula Mamaria…”

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