ROSTROPOVICH BLUES (II de II)

Frankov Otinovic suspiró profundamente para alejar de sí aquellos sombríos pensamientos.

-¿Perdón?-preguntó para ponerse en situación.

El doctor Kowalsky era alegre y entusiasta como un cachorro juguetón. Costaba creer que semejante individuo trabajara en aquel lugar de mala muerte.

-El tratamiento-dijo mostrándole un portapapeles con documentos-Sólo hace falta su sello y su firma. Es pura formalidad, claro. Han comenzado esta mañana…

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Otinovic se dirigió a su mesa con paso inseguro. Sus frecuentes borracheras solitarias habían afectado a su mente más de lo que quería admitir. Por otro lado, sus obligaciones eran relativamente sencillas y no tenía mucho de qué preocuparse mientras tuviera a Kowalsky para cubrirle las espaldas.
Cogió su pluma y con gesto inseguro hizo un garabato al pie del documento. Después cogió el matasellos pero se detuvo con el brazo en alto al ver la cara con que le miraba el doctor Kowalsky.

-¿Ocurre algo?
-Pensaba que estaría más contento-dijo el otro con su acento polaco. Si hubiera sido un perro habría tenido las orejas gachas-Es por su bien.
-¿Por el bien de quién?-preguntó Otinovic intrigado.

“El bien” era un concepto ambiguo en Rostropovich Kav. Por el bien de los pacientes se les tenía encerrados en condiciones inhumanas y se les alimentaba con pura bazofia. Por el bien de la ciencia se experimentaba con ellos y luego se les hacía desaparecer cuando las cosas salían mal. Por el bien del país se empleaba a aquellos locos lo bastante astutos y avispados como para llamar la atención de Stortov. Casi nada.

-¿De mi madre?-repitió Otinovic cuando supo la respuesta-¿Esto afecta a mi madre?

Su madre había venido con él a Inulvania. Una de las condiciones que le habían convencido para aceptar aquel trabajo en el extranjero era la asistencia psiquiátrica que su madre necesitaba. Siempre había tenido la sospecha de que en España se limitaban a tenerla encerrada para que no causara daños y albergaba la esperanza de que siendo el director de un centro podría proporcionarle unos cuidados más adecuados que la convirtieran por fin en la persona que nunca había conocido.

-Claro, Frankov-aclaró Kowalsky-Lo hablamos ayer, ¿no lo recuerda?

No lo recordaba. En absoluto. Miró de reojo la botella de vodka medio vacía sobre su mesa. No sabía dónde pero en algún lugar de su despacho tenía que haber otra vacía por completo. Ultimamente había empezado a juguetear con los medicamentos mezclados con alcóhol y había tenido algunas experiencias psicotrópicas bastante interesantes. No obstante, aquella pérdida del control y la memoria no le gustaba ni un pelo.

-Er… ¿qué es lo que hablamos?-preguntó alzando una ceja-Llevo unos días bastante liado y no…
-El cambio de tratamiento-explicó Kowalsky pacientemente-Ayer me contó que los fármacos que estamos suministrando a su madre no le hacen ningún bien. Entonces yo le sugerí que podríamos intentarlo a la vieja usanza. Los métodos tradicionales a veces son los mejores.
-¿Métodos tradicionales?-Otinovic empezó a leer apresuradamente el documento para saber exactamente en qué clase de lío había metido a su inestable madre.
-Sí, ya le dije que siendo usted el director no había ningún problema-siguió Kowalsky contento de recuperar su atención-Esta mañana hemos realizado la primera sesión. El papeleo es un mero trámite que…
-¡Electro-shock!-leyó Otinovic dando un brinco sobre su silla-¡Le están dando descargas eléctricas a mi madre!
-Pues sí ¿qué tiene de malo?-preguntó Kowalsky inocentemente-Es un procedimiento aprobado y científicamente demostrado… ¿se encuentra bien, Frankov?

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El director se levantó y corrió hasta un tablón de llaves de la pared. Dejó caer varias al suelo hasta que encontró la que buscaba:

-Me llamo Paco, joder-dijo notando el regusto del vodka en la garganta.

Miró un instante el reflejo de su cara en el cristal de la ventana. Aún era bastante joven pero ya tenía arrugas en la frente y unas ojeras que nunca lograba quitarse. Al otro lado la nieve seguía cayendo.

-Y, Paco-añadió hablando con su reflejo en español mientras abría la puerta de su despacho con la otra mano-la has vuelto a cagar.

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Una respuesta to “ROSTROPOVICH BLUES (II de II)”

  1. pelonido Says:

    En fin… ¡Viva Inulvania! No quiero imaginar cómo sería un encierro de San Fermín Inulvano…

    Por cierto, Bonito montaje de esas dos fotos del viaje a Castilla.

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