GNESIS VETERINARIO

Carpió diem ovum unum, sed non jodeatur
Se divirtió mucho, pero no molestó

Margarita tuvo una vida feliz y plena. Vio pasar muchas primaveras, veranos, otoños e inviernos y disfrutó con la belleza de cada estación. Se resignó a la dureza del mal tiempo y apreció el calor del sol del verano. Caminó sobre la hojarasca de otoño y entre las flores de la primavera. Crio a tres hermosos hijos y los vio crecer e independizarse. Comió hierba durante toda su vida y dio una leche estupenda.
Hay que decir que Margarita era una vaca.

Pero le llegó la edad de desear partir. Sus ubres, antaño tersas y suaves, ahora colgaban y estaban arrugadas. El rigor de las estaciones le resultaba cada vez más duro y sentía que no disfrutaba igual de los placeres que le brindaba la vida. Un día otoñal vio a los pájaros partir hacia tierras mejores y comprendió que le llegaba la hora de hacer lo mismo.

Y se fue a hablar con Dios (en esta historia supondremos, a efectos argumentales, que las vacas tienen conexión directa con su divinidad):

-Oye, Dios-le dijo-Te agradezco infinito la vida que me concediste y la he disfrutado de lo lindo. No obstante, empiezo a sentir en los huesos que ha llegado el momento de reunirme contigo.

Y Dios, que era un tío enrollado, le dio la razón a la vaca (mucho más fácil y menos comprometido estar de acuerdo con una vaca vieja que con un inquisidor fascistorro o un templario carca) y le envió una enfermedad bien virulenta para que criara malvas en cuatro días.

Pero hete aquí que Margarita sufrió los rigores de la enfermedad durante muchos días acompañados de los pinchazos que un humano le propinaba. Y la enfermedad, que era una enviada de Dios, fue la que acabó mordiendo el polvo.

Y Dios se mostró enojado:

-¿Qué coño ha pasado aquí?¿Quién osa, por ventura, discutir mi mandato divino, mi infinita piedad y mi inabarcable misericordia?
-Ha sido aquel humano zarrapastroso que sale del prado y se está montando en una furgoneta destartalada-le indicó Margarita.
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Y Dios miró al hombre que desafiaba su voluntad, al enviado de los infiernos para enfrentarse a su omnipotencia, al hereje de mierda que pretendía tocarle los cojones, vaya.

No iban a llevarse bien.

No lo hicieron.

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Una respuesta to “GNESIS VETERINARIO”

  1. Los Cuentos de Gabrielowski sigue siendo mi sección favorita.

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