Cuento de Aniversario: LA BELLA Y EL BESTIA

Hoy se cumplen dos años de http://www.warbriel.info. Como homenajes diversos ya he hecho unos cuantos y recuentos (este es el post número cuatrocientos, cerca de 1400 comentarios…) también, esta vez emplearé la sencilla fórmula de dedicarle un cuento a todos mis lectores, que haberlos, haylos.

Que os aproveche:

Ocurrió durante el curso de 1984. Yo estaba en cuarto de carrera y salía con Yolanda en el que probablemente sería el mejor año de los cuatro que estuvimos juntos.

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Como casi todo en mi clase, el epicentro de los hechos fue María, alias la Imponente, alias la Maciza, alias la Diosa… rodeen con un círculo el que prefieran. Como sus motes indican, María era la sensación de la facultad. Describirla con justicia sería una labor ingrata ya que muchos con más talento que yo lo hicieron antes y difícilmente diría nada nuevo. Además, probablemente acabara necesitando una ducha fría.
Y no es que estuviera simplemente como un tren: también era de buena familia (lo que se dice una pija de alta sociedad) y, para rematar, era bastante inteligente. Sobre las profundidades de su intelecto no hay mucho investigado porque pocos se preocuparon nunca por algo más que su culo y sus tetas pero está demostrado que era el suficiente para darse cuenta que, mientras tuviera su cuerpo, también tendría el control de los hombres que la rodeaban. Probablemente, más.

Muchos amaron a María, en secreto o a voces. Yo tuve la suerte de ser inmune a sus encantos gracias al amor de Yolanda. De hecho, tal y como estaba de revuelta la situación sentimental de mis amigos en aquella época, Yolanda y yo éramos, como solía decir en la cafetería de la facultad cuando llevaba dos o tres cervezas en el cuerpo, una roca de sensatez a la que agarrarse en medio del mar de locura que nos rodeaba a todos.

De todos los admiradores de María, el que más huella dejó en la memoria colectiva fue Lupiérnez. Lupiérnez no fue el más perseverante, ni el más exitoso pero sí que fue lo bastante espectacular para que nadie, y María la primera, olvidara jamás lo profundo de su amor.

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Lupiérnez venía del sur. Era hijo de padre murciano y de madre soriana y, como el mismo decía, en esas condiciones era imposible que él saliera buena persona. Lo que no era cierto porque salvando el hecho de que era más bruto que un arado, no era mal tío. Se le conocía bastante en el ambiente universitario como un juerguista de categoría, el rey de la fiesta al que todos quieren invitar a una copa. Y como María se dejaba querer por la multitud.
No obstante de su desparpajo, las mujeres se le daban mal. Había tenido alguna novia en su pueblo natal pero rara vez hablaba del tema. Sus modales tabernarios despertaban la admiración de sus amigos pero asustaban a las mujeres tanto como ellas lo asustaban a él. El color morado que su tez morena adquiría cada vez que se cruzaba con María dejaba bien a las claras cuál era su preferida. Recuerdo haber pasado una hora larga en una fiesta universitaria, bastante borrachos los dos, intentando convencerle para que hiciera algo con ella. He tenido esa conversación muchas veces antes de aquella y otras tantas después: que si lánzate, tío, que no pasa nada, el “no” lo tienes fijo, la derrota es sólo para los que no luchan, te arrepientes más de lo que no haces que de lo que sí… Aún hoy en día me pregunto si aquella conversación enturbiada por el alcóhol no sería la desencadenante de todo y en el fondo soy en parte culpable de lo que ocurrió. No lo sé, nunca he vuelto a ver a ninguno de los dos.

Estábamos en clase de derecho civil cuando todo pasó. El “Tapia” ya había puesto el piloto automático y se dedicaba a recitar los apuntes que daba año tras año. María se sentaba en primera fila llenando folio tras folio con su pulcra caligrafía. Tengo entendido que empleaba falsilla para tomar los apuntes. Nada indicaba que aquella clase fuera a saltarse la norma y a convertirse en la anécdota estrella de la facultad durante los años venideros. Las gamberradas de la tuna, las novatadas del colegio mayor, el incendio de la biblioteca, la cacería de gatos en el rectorado… todo aquello se convirtió en meros entremeses en las largas veladas de batallitas que los ex-alumnos gustábamos de disfrutar, todo era pura quincalla narrativa hasta que llegábamos a la historia estrella. Todos nos enorgullecíamos de poder decir “yo estaba allí cuando ocurrió y fue tal y como os lo cuento”. Imposible contabilizar las copas gratis que me ha valido la historia.

Lupiérnez entró en clase abriendo de un portazo. Rara vez aparecía por allí y menos interrumpiendo de aquel modo. Algunos aseguran que llevaba los ojos rojos, otros que iba borracho y tambaleante. Las versiones varían según quién las cuente pero todos coinciden en que llevaba entre sus manos una de las bandejas de cafetería llena hasta los topes de lo que en un principio pensamos era una divertida broma pero que en cuanto nos llegó el hedor identificamos como mierda humana. Tal cual.

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Lupiérnez se plantó delante de María con su cargamento fecal y lo dejó caer para asombro y espanto general encima de sus apuntes. La miraba con rictus desencajado entre aterrorizado y decidido. Dado el tamaño de Lupiérnez (cariñosamente apodado “El Ternero” por sus amigos), hay que reconocer la entereza de María por no salir corriendo. Claro que estaba acorralada entre la bandeja de excrementos y Lupiérnez. Difícil elección.
Entonces Lupiérnez sacó dos cucharas de nadie sabe dónde y empezó a engullir la mierda abriendo mucho la boca para introducir las cucharadas. Incluso la masticaba, todo ello en el silencio más absoluto porque desde el Tapia hasta el conserje que apareció por la puerta investigando el rastro de olor nadie tenía palabras para aquella situación. Recuerdo que Yolanda, que se sentaba a mi lado, me había cogido la mano al abrirse la puerta y a aquellas alturas me estaba clavando las uñas hasta hacerme sangre.

-¡Mira lo que hago por ti!-se oía gritar a Lupiérnez de vez en cuando.

Menudo era Lupiérnez.

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3 comentarios to “Cuento de Aniversario: LA BELLA Y EL BESTIA”

  1. Leyendo estas líneas me han pasado varias cosas por la cabeza, a saber:

    La primera: ¿De donde sale el nombre de Lupiérnez? ¿Es un nombre inventado para proteger el anonimato del coprófago? ¿Era un apodo? ¿Por que?…

    Otra de ellas era dejar de leer para escuchar esta historia en persona, con sus subidas y sus bajadas, con los añadidos contextuales de Lucho (Quien, si no estaba presente, la habrá oido tantas veces que sin duda podría describir el espantoso olor.) sin saber el coprofagico final. Pero la curiosidad me ha vencido.

    El último de mis pensamientos es hacia la lógica ¿hasta que punto es cierta la historia al completo? ¿que quería conseguir el tarado ¿Vomitó? ¿Que fue de ese ser? ¿Y de ella?… Si la historia es cierta todos esos cabos deben ser atados.

    Saludos.

  2. AH! Y enhorabuena por los 2 años.

  3. Otro final inesperado e increible. Lo bueno que hay una tía por mates que me da que si le hago eso seguro que cae rendida a mis encantos.

    Ya os contaré que tal.

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