EL ÁNGEL DEL VALOR (II)

El Reino Celestial terminaba bruscamente en un lugar conocido como el Abismo. No había nada más allá y su profundidad era sencillamente inconcebible. Muy, muy abajo, intuida más que vista, se adivinaba la negrura de un lugar temido por todos: el Infierno.
Muchos años atrás, después de la derrota de Lucifer, Micael había ordenado levantar puestos de vigilancia en el borde del Abismo, pequeñas atalayas desde las que vigilar cualquier movimiento de las Fuerzas de la Oscuridad. Assaliah era el encargado de mantenerse alerta y en todo su largo historial de servicio jamás había visto nada moverse allí abajo.
Clavando los ojos en las profundidades del Abismo, el Ángel del Valor continuó su ronda. Su capa roja revoloteaba a sus espaldas junto a sus alas, mecida por el frío viento del Abismo. Su espada dorada, Gladius, colgaba de su cinturón mientras que su también dorado escudo Aegis reposaba en su mano izquierda. Casi se le salió el corazón por la boca al oír una voz a sus espaldas.
-¡Buena guardia, pequeñajo!¿Están muy movidas las Legiones del Infierno esta tarde?
Assaliah se tranquilizó al instante y se volvió con una sonrisa. El que había hablado era un individuo alto de larga melena dorada recogida en una cola de caballo y penetrantes ojos verdes. Si bien sus amplias alas de cisne revelaban su naturaleza, su atuendo (una chaqueta de cuero negro con tachuelas metálicas y unos raídos pantalones vaqueros) no se parecía mucho a las amplias túnicas de seda tan apreciadas en el Reino Celestial.
-Arcángel Gabriel-saludó con una inclinación de cabeza-Vuestra compañía es siempre bienvenida en este solitario lugar.

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De los cuatro arcángeles que gobernaban el Reino Celestial en nombre del Altísimo, Gabriel era con diferencia el que mejor caía a Assaliah. No era tan serio como Micael, tan excesivamente listo como Rafael ni tan distante como Uriel. Gabriel solía pasar mucho tiempo en el mundo de los hombres y quizás por eso sus modales angélicos se resentían de vez en cuando.
Su puesto como arcángel anunciador de Su Voluntad le permitía sentarse delante del trono del Altísimo, no a un lado como Micael. Además, tenía una gran tendencia a tomarse confianzas con el Señor, tratándole de tú cuando todo el mundo empleaba un relamido plural mayestático y calificándole (a menudo a la cara y a grito pelado) de “estúpido y viejo loco”.
-Descansa, soldado, descansa-dijo Gabriel en tono guasón- Puedes tutearme.
-Gracias-asintió Assaliah-¿Vienes del Mundo de los Hombres?
Gabriel asintió sacando un paquete de tabaco del bolsillo de su chaqueta. Se colocó en los labios uno de aquellos cilindros de papel (una vez le había contado a Assaliah que se llamaban “cigarrillos” pero él era incapaz de pronunciar aquella palabra, mucho menos de respirar su apestoso humo) y lo encenció con un chasquido de dedos.
-Sí-contestó-aspirando lentamente el humo del tabaco.
-¿Y cómo van las cosas allí abajo?-preguntó Assaliah pensando para sus adentros en la niña que habían encontrado aquella mañana.
Una de las cosas que le gustaban de Gabriel es que no se cortaba un pelo a la hora de contar historias y revelar secretos a otros de inferior condición. Los demás arcángeles se pasaban la vida procurando mantener a los demás ángeles tan ignorantes como fuera posible. Gabriel, no: era el Arcángel Anunciador.
-Revueltas, como siempre-contestó el arcángel enigmático.
Dirigió una mirada al Abismo y se acercó hasta Assaliah, invitándole a caminar con él por el borde. Assaliah supo que era la hora de un largo soliloquio:
-La Humanidad hace mucho que dejó de ser lo que era-comenzó en tono serio-A lo largo de su historia, los puñeteros humanos no han hecho más que multiplicarse. Su número excede con mucho al nuestro, que no somos más que unos pocos miles. Y todos son libres: pueden elegir su camino, pensar por su cuenta y hacer lo que deben para sobrevivir. Hay que joderse, Assaliah:-miró al Ángel del Valor arqueando las cejas-al principio, la Humanidad nos servía. Después fuimos nosotros los que les servimos a ellos. En estos tiempos ya nadie escucha nuestra voz ni nuestro consejo…
Assaliah asintió en silencio. El tiempo en el que una petición razonable de un hombre bueno podía ser atendida hacía mucho que había quedado atrás. Ahora, en una época con miles de plegarias contradictorias era poco menos que imposible atender una súplica sin ignorar otras igualmente razonables. Había, sencillamente, muchos más humanos que ángeles.
-Pero aún hay gente que reza-indicó Assaliah-Aún quedan buenos fieles.
-Cierto-admitió Gabriel deteniéndose un momento antes de continuar-pero también son demasiados y demasiado diferentes entre sí: cada día llegan plegarias al Reino Celestial de mil millares de millares de humanos y cada uno pide una cosa distinta. Algunos piden el bien común, otros sólo buscan su beneficio personal, algunos nos rezan empleando nombres que nunca antes habíamos oído y las ideas de la salvación que cada uno tiene son diferentes cada día… hay muy pocos dioses y demasiados humanos.
Assaliah rememoró con cierta nostalgia los viejos buenos tiempos. En aquella época había ayudado a solitarios héroes de corazón puro a encontrar el coraje necesario para afrontar hazañas increíbles. Roldán, Gilgamesh, Cu Chulain… la lista era larga pero una minucia comparada con las cifras que se manejaban ahora. Además, un valiente solitario podía tener grandes problemas si sus adversarios estaban provisto de aquel armamento tan letal que los humanos sabían crear. Hacía tiempo que Assaliah había dejado de tratar con los hombres personalmente. Ahora prefería dedicarse a su trabajo.
-¿Pero no es Dios Padre omnipotente?-preguntó Assaliah-¿No podría hallar una solución?

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Los pasos de Gabriel se congelaron de nuevo y el arcángel le dirigió una mirada helada a través del humo del cigarro. El Ángel del Valor sintió que había hecho una pregunta prohibida. Había oido historias terribles de ángeles que en su momento hicieron lo mismo que él. Lucifer, por ejemplo.
-No menos que cualquier otro-dijo finalmente Gabriel-Odín, Ra ó Zeus tendrían exactamente el mismo problema. Hay civilizaciones enfrentadas que creen en el mismo dios pero con diferencias de matiz. Para cada adversario, la suya es la única opción verdadera y cualquier desviación es una herejía. ¿Qué coño haces cuando mueren?¿Enviar a los dos enemigos al Paraíso?¿O al Infierno?¿Continuar su guerra más allá de la muerte?Ni siquiera las nuestras han durado tanto…
A lo largo de la historia universal, Dios Todopoderoso y sus servidores habían sido únicamente una de las muchas facciones que habían pugnado por el dominio de la Humanidad. En una u otra época las guerras entre divinidades se habían sucedido, coincidiendo sólo a veces con las que libraban los hombres. Algunos dioses habían sido destruidos, otros, exiliados pero la mayoría estaban ahora vigilando desde lejos a la humanidad, observando cómo los que primero fueron sus esclavos forjaban día a día sus destinos, sin la guía de los dioses.
-¿Y qué será de la Humanidad?
-Buena pregunta-sonrió de repente Gabriel apoyando una mano sobre su hombro-Me gusta que pienses por ti mismo, Assaliah. Esos pequeños insectos que desafiaron a la selección natural arrastrándose entre las rocas de un planeta joven cubierto de bosques, esas sabandijas que se enfrentaron a todos los peligros de la evolución con la única ayuda de su inteligencia, palos y piedras, esas alimañas que todos los panteones se atribuyen haber creado y que sin embargo fueron quienes nos crearon a nosotros…-Gabriel emitió un largo suspiro soltando el humo del cigarrillo y arrojó la colilla al Abismo-… esos humanos, en suma, comienzan ahora la recta final de su existencia. Sea lo que sea lo que les espere, bueno o malo, es cosa enteramente suya y lo afrontarán en solitario, sin dioses. Y no tengo ni puta idea de lo que será.
El Ángel del Valor se detuvo, ligeramente inquieto. Gabriel solía ser muy tremendista y sus historias no había que interpretarlas literalmente. Eso lo había aprendido hacía tiempo. Después de sus paseos por el mundo de los hombres, el Arcángel solía detenerse al borde del Abismo para contarle todas aquellas cosas. Assaliah suponía que hacerlo le ayudaba a relajar la tensión que le suponía su cargo.
Involuntariamente, recordó a la niña que habían encontrado en el Éufrates.
-Su hora está a punto de sonar-anunció Gabriel volviéndose hacia el Abismo-La nuestra, sencillamente, sonó hace tiempo.
-Pero seguimos aquí-protestó el Ángel del Valor-Todavía tenemos nuestro Reino y nadie…
La mirada de Gabriel hizo que las palabras se helaran en la boca de Assaliah. El arcángel miró a su alrededor y luego clavó la vista en el Abismo. Hizo un amplio ademán con los brazos que lo abarcaba todo:
-¿Nuestro Reino?-repitió con una pizca de ira en su voz-¿Llamas Reino a este lugar de mierda que existe sólo por la voluntad de Dios?¿A un puto sitio donde el tiempo permanece congelado y donde jamás ocurre nada?¿Algo que cada vez menos hombres creen que exista?No, Ángel del Valor, no. Si alguna vez tuvimos un lugar al que llamar hogar, hace tiempo que lo cedimos a los hombres. Y no vamos a volver.
Assaliah aferró la empuñadura de su espada con gesto sombrío. Le daba la impresión de no estar haciendo nada por solucionar algo que no sabía cómo detener. Aquella era una causa de que los demás arcángeles nunca les contaran nada importante: la ignorancia era una parte importante de la felicidad.
-Entonces… ¿vamos a morir?
-Todas las cosas mueren alguna vez-sonrió Gabriel sacando otro cigarrillo y encendiéndolo-Las plantas, los animales, las montañas, las estrellas, nosotros e incluso los dioses mueren tarde o temprano. Los hombres, de vida efímera, se pasan la vida huyendo de la muerte pero en ese breve instante que tardan en extinguirse exprimen al máximo sus vidas…
Soltó una larga bocanada de humo a la que siguió un acceso de tos.

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-A mí, probablemente, me mate esta porquería… –masculló en un tono muy diferente a su oratoria habitual antes de continuar-Los hombres… me encanta su forma de vivir, corta pero intensa. Por eso me gusta estar entre ellos.
-¿Para aprender?
-Exacto, chico listo-sonrió Gabriel señalándole con un dedo-Todos tenemos un papel en la vida y más nos vale cumplirlo antes de que nos llegue la hora. ¿Aún guardas mi túnica ahí?
Habían llegado hasta una garita de centinela esculpida en mármol blanco. Assaliah asintió con la cabeza.
-De hecho-continuó Gabriel quitándose la chaqueta y colgándola de una percha-quería verte para decirte que el destino está a punto de llamar a tu puerta.
-¿Mi destino?-Assaliah parpadeó asombrado-¿Qué quieres decir?
-Soy el Arcángel Anunciador-dijo Gabriel en tono solemne-Leo las páginas del libro del porvenir un poco antes que todo el mundo pero no puedo dar detalles. Ahora será mejor que abandones tu puesto y vuelvas a casa: tus amigos te necesitarán.
-¿Mis amigos?-el desconcierto de Assaliah iba en aumento-¿Nith y Raziel?¿Qué ha ocurrido?
-Sólo puedo decirte que en lo sucesivo vas a necesitar una buena dosis de tu propia medicina, suerte en abundancia- Gabriel calló un instante y se colocó su túnica de arcángel. Se volvió hacia Assaliah por última vez con expresión apremiante-Y piernas ligeras. Corre, Ángel del Valor. Vuelve a casa.
Pero Assaliah ya se alejaba del borde del Abismo a toda velocidad, medio corriendo medio volando. Un escalofrío le recorría la espina dorsal. No sabía por qué pero sospechaba que no tardaría en descubrirlo.

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5 comentarios to “EL ÁNGEL DEL VALOR (II)”

  1. Me quito el sombrero señor Warbriel, genial fragmento que complue con muchos de los requisitos de buena obra. Y ya no solo hablo de la redacción, que siempre es impecable, sino del sencillo planteamiento de ideas, de la percepción filosófica… me encanta tio.

    A darle caña.

    Saludos.

  2. Adulador…
    Se agradece. Esta historia la presenté el año pasado a un concurso de literatura friki con el resultado habitual (escupitajo en la cara y premio a algún “estalentao”). Pedían un mínimo de 20 hojas (casi nada) y me faltó algo de tiempo porque tenía en mente una historia bastante más ambiciosa (ya iré haciendo comentarios de la versión “expandida” teórica porque son 8 partes).
    Por otro lado, alguien calificó esta historia (y no sin razón) como un auto-bombo inmisericorde al que se le veía bastante el plumero.
    Pues sí, en efecto, cosas del ego.

    Para este año les mandé un par de historias de orcos (la primera del elfo y la de Élite de Segunda División). Por un si acaso, las quité del blog pero serán publicadas de nuevo una vez termine esa mierda.

  3. A pesar de que ya lo has dejado claro, lo tengo que decir. El puñetero arcangel Gabriel tiene demasiado de Gabriel. Uno escribe de lo que conoce.

  4. Pues a mí me ha gustado mucho. Esperaba con ganas, desde que leí la primera parte, poder leer la segunda y no me ha dado tiempo hasta una semana después. Joderse!.

    Espero que la tercera parte esté al caer…

  5. ¡Hombre, cuánto tiempo!
    Celebro que, con sus más y sus menos, la historia guste. La siguiente parte se publicará en 14 horas escasas. Los capítulos sucesivos irán saliendo uno a la semana (más o menos) hasta enero (creo) porque la historia es larga de narices.
    Augh.

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