EL ÁNGEL DEL VALOR (V)

Micael, la Fuerza de Dios. De todos los ángeles del Reino Celestial, Micael era sin duda el guerrero más famoso. Él había vencido a Lucifer, al Dragón, destruido Sodoma y Gomorra, era el Azote de los Oscuros y el Portador de la Espada de Fuego. Muchos años atrás le había entregado a Assaliah sus armas, Gladius y Aegis, para que defendiera el Reino Celestial e inspirara valor en el corazón de los hombres.
El arcángel aterrizó a pocos metros de él sin un ruido y clavó su profunda mirada en los ojos de Assaliah. A su alrededor aterrizaron cinco esbeltos querubines de aspecto amenazante.

-Entrégate a la Justicia Divina-ordenó Micael señalándole-Tus crímenes no pueden quedar impunes.
-Yo no he hecho nada-contestó Assaliah sin comprender.
-Es inútil que lo niegues-advirtió Micael-Tus compañeros han confesado.
-¡Eso no es cierto!-exclamó el Ángel del Valor encendiéndose de ira.
-Está llamando mentiroso a Micael-dijo uno de los querubines que había tras el arcángel.
-Sólo por eso ya merece ser castigado-dijo otro.
-Entrégame a esa niña-ordenó Micael-y tu muerte será rápida y sin dolor. Si desobedeces…

Assaliah le sostuvo la mirada en silencio.

-¿Quién es?-preguntó lentamente sujetándola con más fuerza.
-Esa criatura ya ha causado demasiado daño-explicó Micael-Debe ser eliminada aquí y ahora junto con todos los que han tenido contacto con ella.
-¿De veras?-preguntó Assaliah imitando el tono que Gabriel empleaba para llevarle la contraria al Altísimo-¿Y quién te ejecutará a ti cuando acabes conmigo?
-Su insolencia es intolerable-dijo un tercer querubín.

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-Es inútil razonar con un ángel así-dijo un cuarto.
-¡Dame a la niña!-ordenó Micael en tono imperioso.

Ante su voz, cualquier ángel del Reino Celestial habría caído de rodillas. Incluso los demás arcángeles temían la ira de Micael pues solía ser la del Todopoderoso. No obstante, Assaliah había perdido a sus amigos sin recibir ni una sóla explicación y le habían acusado de traidor sin más motivo que una niña de procedencia desconocida. Aquella orden no le pareció suficiente.

-Ven tú a buscarla-dijo apuntando a Micael con Gladius.

Los cinco querubines, desarmados, retrocedieron un paso a la vista de aquella brillante espada dorada. Micael, en cambio, adelantó su espada de fuego con arrogancia.

-Si eso es lo que quieres…-extendió las alas-No puedo decir que me disguste resolver las cosas por las malas.

Assaliah tragó saliva al notar un vacío en el estómago. Era la misma sensación que tantos hombres habían sentido al enfrentarse a peligros inimaginables, a gestas imposibles, al tipo de situaciones en las que se invocaba al Ángel del Valor. Miedo.
Micael vino a por él como una enorme águila. La sombra de sus alas cubrió al pequeño ángel y a la niña mientras levantaba la espada de fuego.
Assaliah no era ajeno al miedo, lo conocía bien. El verdadero valor, había descubierto con los años, no era la ausencia de miedo sino saber controlarlo. Alguien sin miedo era más insensato que valiente.
Reaccionó con rapidez. Con un impulso de sus alas saltó sobre el tejado de su casa esquivando el mandoble de Micael. El arcángel le dirigió una mirada de ira:

-¡Tus maniobras de saltimbanqui no te salvarán!-exclamó subiendo hasta él con un poderoso aletazo.

Gladius ya temblaba en la mano de Assaliah cuando el arcángel llegó a su lado. Nadie había osado nunca desafiar a Micael desde el alzamiento de Lucifer. Su poder y su valor eran indiscutibles pero Assaliah tenía ahora otra opinión muy diferente.
Aquel miserable había matado a sus amigos y ahora quería matarle a él. Recordó las palabras de Gabriel:
Los hombres, de vida efímera, se pasan la vida huyendo de la muerte pero en ese breve instante que tardan en extinguirse exprimen al máximo sus vidas…”.
Pensó un instante en todos los milenios que llevaba montando guardia en el Abismo aparentemente para nada.
Tal vez valiera la pena hacer algo por una vez antes de que le mataran. Algo notable que, de una forma u otra, mereciera que algún ángel lo contara a otros entre risas, miradas de admiración o silencios asombrados.
Mejor morir haciendo algo en lo que creía en memoria de sus amigos que toda una eternidad vacía y aburrida.
La niña tenía toda una vida por delante. Para bien o para mal, estaba destinada a hacer muchas cosas. Solo necesitaba que la permitieran vivir. Y Assaliah era el elegido para darle esa oportunidad.

-¡Ahora muere!-rugió Micael levantando la espada por encima de su cabeza.

Gladius salió disparada hacia su pecho. El arcángel había pasado milenios sin un rival a su altura y se sorprendió mucho de encontrar a alguien dispuesto a plantarle cara. Su rapidez le permitió evitar acabar con el pecho atravesado por la hoja dorada. No obstante, un mechón de su melena cayó cortado sobre el tejado de la casa.
Sorprendido e indignado, Micael se agachó para recoger los cabellos cortados.

-¿Cómo te atreves?-su voz rezumaba ira.
-Soy el Ángel del Valor-sonrió Assaliah cambiando el peso de pierna-Y la niña se queda conmigo.
-¡Perro!-rugió Micael lanzándose de nuevo sobre él.

Assaliah salió volando para esquivar su carga pero el arcángel le siguió. Se elevó una docena de metros sobre su casa y se dispuso a plantar cara con su espada dorada.

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Sintió una excitación ardiendo en su pecho allí arriba, con una niña desconocida sujeta en un brazo y su espada en la mano. Gabriel le había dicho muchas veces que la vida raramente daba la oportunidad de venderla a su justo precio. Estaba extrañamente agradecido de poder morir allí. Mejor así, pensó, que ejecutado por traidor.
Gladius y la Espada de Fuego chocaron con estruendo. Assaliah notó el calor de las llamas en la cara y la luz le cegó. Entrecerró los ojos y apretó los dientes mientras ponía toda su fuerza en el brazo de la espada.
No bastó. La fuerza de Micael, la misma Fuerza de Dios, le lanzó volando varios metros antes de que lograra extender las alas. Se quedó esperando algún comentario de Micael pero el arcángel permaneció silencioso cuando se lanzó de nuevo al ataque.
Apuntó a su adversario con Gladius y advirtió que la espada tenía la hoja ligeramente doblada en el punto del impacto. Maldijo en silencio y cerró las alas.
Era una maniobra que el propio Micael le había enseñado hacía muchos años. Simplemente dejando de volar caías hacia abajo y en ocasiones era todo lo que necesitabas para esquivar un golpe. El arcángel estaba demasiado confiado de sí mismo para prever aquello. Su tajo cortó el aire silbando y dejó una estela de humo pero no alcanzó a Assaliah.

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-¡Maldito…!-no pudo terminar la frase porque tuvo que evitar los pinchazos de Gladius en las piernas.

Assaliah estuvo tentado de pensar que podía medirse con Micael pero una voz a su lado le sacó de sus ensoñaciones:

-Parece que el traidor se resiste-dijo uno de los querubines aleteando junto a la niña.
-Permitidnos ayudaros, Micael-pidió otro surgiendo en el otro costado de Assaliah.

El primero alargó las manos hacia la niña, confiado, pero se encontró con Gladius pinchándole la garganta.

-Tócala si te atreves-le advirtió Assaliah apartando al otro de una patada. A pesar del arrojo del que estaba dando muestras, no se sentía capaz todavía de terminar con la vida de nadie.
-¡Acabemos con esto!-anunció Micael sobre él alzando la Espada de Fuego sobre su cabeza.

El Ángel del Valor se encontró con demasiadas cosas en las que pensar de golpe: su seguridad, la de la niña, el querubín al que apuntaba con la espada, el que tenía detrás… decidió que si él no seguía vivo, la niña no tendría ninguna oportunidad. Giró sobre sí mismo para que su escudo, Aegis, bloqueara el impacto.
Si Gabriel hubiera estado allí, probablemente habría comparado el estruendo del golpe con un choque de camiones o alguna de esas cosas que estaba acostumbrado a ver en el mundo de los hombres. Una lluvia de chispas cayó sobre la casa y un bulto ennegrecido salió disparado hacia las montañas dejando una estela de plumas chamuscadas y ensangrentadas a su paso.

-¡Buen golpe!-alabó uno de los querubines.
-No era rival para vos-añadió el otro.
-Aún tiene a la niña-dijo Micael escupiendo las palabras mientras se pasaba la mano por el pelo cortado-¡Tras él!

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5 comentarios to “EL ÁNGEL DEL VALOR (V)”

  1. No eran 5 partes sólo. Joder que emoción, para cuando el próximo.

    ¿Es un libro? está historia me tiene enganchado

  2. Estoy super enganchado a esta historia.
    Para cuando la próxima?
    Es un libro?

    es muy buena

  3. Se agradece la dedicación. Son ocho partes (el original eran 14 páginas, ahí es nada) y concluirá antes de que acabe el año.
    No es un libro aunque me habría gustado estirar la historia un poco más…
    Realmente no es más que una historieta tonta sobre buenos y malos pero me alegra que os guste.
    Se trata de eso.

  4. realmente bueno…

  5. Se aceptan apuestas sobre cómo va a evolucionar la historia. Ya está escrita, pero siento cierta curiosidad por lo que se os pasa por la cabeza…

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