JUEGOS DE MESA, ARROZ HERVIDO, AJO Y AGUA

“Mal de muchos, epidemia”
(menudo es mi padre)

Este es el primer post del año. Aunque he tenido una feliz entrada (sin resaca: o me corté un huevo (quiero decir que me reprimí bastante, sigo teniendo mi pareja de ases en su sitio) por tener la garganta en carne viva o el bourbon es una mágica bebida que sólo aporta beneficios), no puede decirse lo mismo de muchos de mi confráteres que en estos momentos están cagando/vomitando su alma, víctimas de una desagradable epidemia que tiene amargada a mucha gente. Mientras esperamos su pronta recuperación (alguno ya va por el cuarto kilo que pierde por la taza del water), les dedico este refrescante post navideño.

Es casi una costumbre que cada navidad me compre un juego de mesa y lo meta en el coche.
Es una medida práctica porque así el juego nunca está muy lejos de donde te encuentras y es más fácil encontrar gente dispuesta a jugar (algo más jodido de lo que parece y que ha sido una de las principales causas de la decadencia del rol en mi santa vida). También es útil porque la gente te acaba asociando con la diversión sin necesidad de tener que soltar gracias cada dos por tres.
Aparentemente, tengo buen ojo eligiendo juegos porque ninguno ha tenido de momento ese desagradable final que es acabar en un armario y cubierto de polvo. Desde el viejo y querido Risk Napoleónico (que ya es toda una institución desde que hace una barbaridad me lo compré en el Alcampo de la Plaza Utrillas) hasta hoy ha habido un camino largo que procedo a repasar:

RISK GODSTORM

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La fiebre de los juegos de mesa nos empezó hace muchos años, en una de tantas casas habitadas por Jejo o Aroa en las que las largas veladas se amenizaban a base de cerveza, porros, películas y, cuando lo descubrimos, el Risk. Después de dejar el mundo desgastado a base de arrasarlo en una u otra dirección, empezamos a husmear y descubrimos que existen otras variedades de este juego. Todas estas subespecies merecen un post por sí solas pero aquí hablaremos de la mitológica, el Risk Godstorm:

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Ambientado en una era mitológica un tanto apócrifa (es lo que tiene mezclar egipcios, vikingos, griegos clásicos, celtas y babilonios alegremente), este Risk tiene todas las reglas habituales y unas cuantas propias. La mayor novedad es la capacidad de invocar dioses para que nos ayuden en nuestra cruzada contra los demás jugadores (el objetivo es dominar la mayor parte del mundo en cinco turnos) y el uso que estos nos permiten de cartas de milagros. Estas cartas son la salsa del juego y la que lo hacen muy imprevisible (porque tienes cartas para, por ejemplo, hundir el continente de la Atlántida) a la par que emocionante.

DOOM

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Este es un clásico por derecho propio. Desde las largas veladas invernales en casa de Carlos hace una década y media (suspiro de nostalgia) hasta las versiones en red para chopotocientos jugadores ha llovido mucho pero nadie duda de que es un gran juego. El rodaje de una película nefasta basada en el juego de ordenador propició la aparición de una adaptación al formato de tablero.
Vamos por partes:

La película la vi en su momento en el cine. Todos sabéis que tengo una fijación potente con las truño-películas. Como no podía ser de otro modo, salí del cine escupiendo a ambos lados después de tragarme uno de tantos pestiños infumables. Y no era para menos.

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El reparto no era malo (con The Rock de previsible traidor) y la idea tampoco: unas instalaciones militares se llenan de demonios con cualquier excusa y ya no hace falta más para obtener una ensalada de tiros sin complejos. No había por qué engañar a nadie.
Bueno, pues los guionistas de Hollywood (sí, esos que además de motivos para ponerse en huelga tienen todos una docena de sentencias de muerte firmaditas esperándoles en alguna parte) lograron que la película idónea para un bang-bang-ay-me-han-dado-tira-por-ahí-que-vienen-los-bichos (la mayor parte de la saga de Aliens, películas de zombis diversos o cualquiera de ciencia-ficción tiran de este argumento sin piedad y el porcentaje de delitos del celuloide no es mucho mayor que en otros géneros de todo a 100) se convirtiera en un tostón capaz de aburrir a las ovejas.
El truco es muy sencillo: no pongas tiros. Sí, la peli va de una base infestada de monstruos en la que entra un escuadrón de soldados armados hasta los dientes para investigar y matar lo que haga falta. Pues no pongas tiros. Sí, habéis oído bien: hacen una película sobre el Doom y, en lugar de una masacre contínua y demencial llena de chascarrillos, tratan de meterse en el género del suspense y el terror. Evidentemente, salió mal.

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El juego de mesa, en cambio, resultó una sorpresa muy agradable. Partiendo de un atractivo diseño con abundantes miniaturas de plástico, este Doom ofrecía una alternativa muy digna al video-juego y agradablemente distinto de la película. Con un reglamento sencillo y práctico (a saber: monstruos horripilantes y chismes de destrucción para acabar con ellos) te metes de lleno en la piel de un desdichado marine que hará lo que no está escrito para sobrevivir. Pueden jugar hasta cuatro jugadores (tres marines y un “malo”) y es muy divertido. Cuánto más porque los marines tienen vidas infinitas…
Eso sí, no es fácil para los buenos (a ver si te iban a dar vidas infinitas porque sí…). Después de muchas partidas y de haber retocado las reglas doscientos millones de veces todavía no hemos logrado encontrar una fórmula para que el juego esté mínimamente equilibrado. Los marines pueden cantar misa en latín y hacer lo que quieran: siempre llega un punto en la partida en que empiezan a caer como moscas y no hay azar de la suerte ni prodigio táctico que les permita salir con vida del asunto.
También es un juego con una honda expansiva considerable, de los que necesitas medio campo de fútbol para extenderlo todo, un par de horas para clasificar las doce mil fichas que incluye y un máster en Tetris para poder cerrar la caja sin que reviente.
Muy recomendable para esos días que estás de mala leche y necesitas que alguien te las pague todas juntas.

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LOS COLONOS DE CATAN

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Y he aquí un juego que tiene muchas virtudes: es fácil y sencillo (tiempo récord de preparaciones y explicaciones), es divertido y nada repetitivo. Consiste en colonizar una isla tan rica en recursos como caprichosa a la hora de concederlos (tengo ganas de que saquen una ampliación que sea “Los Expoliadores de Catán” para dejar la islita de las narices hecha un moco) a los sufridos jugadores, los cuales deberán construir nuevos asentamientos, carreteras que los comuniquen y similares mandangas a la vez que comercian en plan fenicio con los demás jugadores.
Dado la simpleza del reglamento y que nadie es atrozmente aniquilado, el juego vicia lo suyo. El único aspecto que se echa en falta es la posibilidad de atacar a otros jugadores, lo que se logra en parte con la ampliación “Caballeros y Castillos” con la que se pueden armar guerreros que puteen a tus adversarios.

Hacía tiempo (está fechado del 26 de enero del 2006, más o menos, cuando me compré el Doom) que tenía este post en ciernes…

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4 comentarios to “JUEGOS DE MESA, ARROZ HERVIDO, AJO Y AGUA”

  1. Hermesh Says:

    Todos ellos increibles juegos. El de colonos de catan sólo he jugado una vez, pero con la ampliación promete bastante, ya me invitarás a tu casa para echar una con superneuras y el capitan contundente

  2. El risk ese juego en el que todos cogen un cabreo importante…todas las veces que he jugado ha terminado la cosa en batalla real: primero se tiran las figuritas a la cabeza del que le ha tocado la tarjeta de conquistar todo lo que tu tienes y después deriva a guerra de cojines en el momento de que te clavan un soldadito en el ojo…Yo recomiendo jugar con tus peores enemigos

  3. gabiman Says:

    Civilization ya! abajo los dados!

  4. “o me corté un huevo (quiero decir que me reprimí bastante…)”

    Pues gracias por la aclaración, porque la verdad es que ya me estaba yo imaginándote cutter en mano gritando “¡¡¡MIRA LO QUE ME HAGOOOOOOOOOO!!!” para celebrar el año nuevo. No es coña, es lo primero que he pensado.

    Muy buenos los juegos, especialmente el Doom. Los Colonos también molan, pero al Risk siempre pierdo. Falta que te pilles el Carcassone, que vicia que no veas.

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