LA ANÉCDOTA DE LAS NAVIDADES

“ÓSCAR: “Tengo que prepararle la cena a mi hermano (NOTA: hermano cinco años mayor que él y Óscar tenía 17)”
(Tercer clasificado en el Gran Concurso de Excusas No Muy Baratas)

Aunque me he tirado las navidades con la garganta despellejada (un poco por infección y un bastante por no callar y por bocazas), el top one de las gansadas se lo ha llevado el amigo Jorge (NdA: Superneuras). Normalmente, las miserias de los demás no suelo divulgarlas pero teniendo en cuenta que vive conmigo y eso le da cierta facilidad a la hora de tomar represalias, creo que le sale a cuenta.

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(este es Tractocarro, el hámster que mi cuñada nos ha dejado unos días. Cada navidad trae uno diferente…)

Este alegre muchachote volvió a casa por navidad con la sana intención de darle una mano de pintura al sótano de su casa (un chalet en las afueras de Huesca) y así poder acondicionarlo un poco (pues tiene intención de convertirlo en una sala de ensayo, un secadero de jamones, una bodega, una mazmorra y qué se yo más). Como el chaval es especialito (perdón, quería decir que es raro de cojones porque está como una regadera) a la par que trabajador (cuando no le da por tocarse los cojones un día sí y otro también), se puso manos a la obra… a las dos de la mañana.
Y allí estaba, brochazo va, brochazo viene y, para evitar mancharla, puso un periódico sobre la alarma antirrobo.
Lo que él no sabía era que esos chismes funcionan por un proceso (para qué entrar en detalles) que se dispara cuando los tapas. Vamos, que en la centralita de Madrid recibieron el aviso de que la banda de José María el Tempranillo estaban tomando al asalto el Rancho Relaxo (como jocosamente llamamos a la finca). Como no sería la primera vez que un cacharro de esos salta solo, llamaron primero a los padres, que estaban roncando como benditos con los móviles apagados. Jorge tampoco respondía porque tenía el móvil en su cuarto (a las dos de la mañana ¿para qué?). Los tíos A) de Jorge tampoco contestaban al teléfono (casualmente, lo tenían descacharrado) y los B tampoco. Total, que llamaron a los nacionales.
Ahí Jorge sí que se enteró de que venía alguien porque una bombilla que tiene en el sótano conectada al timbre de la verja empezó a parpadear como loca. Y salió a ver quién era el julai que venía de visita a las tres de la mañana y se encontró con dos fornidos policías nacionales con cara de pocos amigos. Mucha labia después (y, agárrense, no despertando a sus padres además) logró deshacerse de las fuerzas del orden, no sin comprobar antes que sus padres estaban bien (no fueran a haberlos degollado y él dándole a la brocha).
Es lo que hay.

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2 comentarios to “LA ANÉCDOTA DE LAS NAVIDADES”

  1. Hermesh Says:

    Bien por superneuras! Es el mejor de todos

  2. jajajajajajajajajajjajajajajajajajjaaj jajajajajajajajajajjajajajaj jajajajajajjajaj
    jajajajjjjajajaj

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