CRÓNICAS DE LA OBLITERADORA: EL ÚLTIMO REDUCTO (I)

Dedicado a Laura, ganadora de la Warbriel Royal (hay que ver qué baratos me salen estos premios)

Yo estaba allí cuando el Ominoso cayó.

Batisteth el Ominoso, Tirano de Usgarakh y Asesino de Reyes, llevó a cabo muchas y gloriosas gestas a lo largo de su milenaria vida y cometió las atrocidades más aborrecibles pero incluso el tratado de mal gusto que eran sus memorias quedó reducido a una vulgar lista de travesuras cuando la Obliteradora le encontró. Él solía decir que era al contrario, que había sido él quien había cruzado los planos y desafiado a dioses y demonios para empuñar aquel artefacto diabólico pero, aunque nadie jamás se atrevió a llevarle la contraria, hasta el último de sus súbditos sentía cómo se le erizaba el pelo al posar la mirada en la Obliteradora.

Con la Obliteradora en su poder, había pocas cosas en el mundo que pudieran enfrentarse al Ominoso. Usgarakh, que hasta entonces había sido el temido aunque lejano centro de poder de los elfos oscuros, vio crecer sus dominios a una velocidad que no se había visto desde los tiempos de los hombres serpiente.

jesuscoachcb6.jpg

La cosa tuvo su mérito. Los elfos oscuros, pese a los siglos pasados desde el cisma que los separó del resto de las tribus élficas, nunca han sido ni muy numerosos ni muy populares por lo que sus ejércitos son escasos en número y se componen fundamentalmente de mercenarios poco escrupulosos y mestizos. Yo, por ejemplo, soy un semi-elfo oscuro: mi madre era una esclava humana que vivía en uno de los pueblos-lupanar que rodean Usgarakh. Esto me coloca ligeramente por encima de los mercenarios y bastante por debajo de los elfos oscuros puros y del resto del mundo en general. Es lo malo de caer mal a todo el mundo (y buena parte de esta mala reputación es totalmente intencionada: si la gente te tiene miedo, no vendrá a tocarte los huevos a tu territorio).

En cualquier caso, parece que la Obliteradora aumentó el escaso carisma de Batisteth (¿qué se puede esperar de un elfo con colmillos, pupilas verticales y lengua bífida?) y atrajo bajo su estandarte a no pocos aliados deseosos de compartir su gloria y su destino.
Si hay alguien lo bastante temerario como para leerse las nueve mil páginas del “Compendio sobre la estirpe oscura de los elfos” (disponible en la biblioteca de cualquier castillo medio decente) encontrará allí sin duda numerosas referencias a las largas campañas que el Ominoso dirigió y que sirvieron fundamentalmente para dejar patas arriba el mundo de los hombres. Yo seré magnánimo con mis amables lectores y les ahorraré semejante ladrillo para pasar directamente al final de la historia de Batisteth el Ominoso, curiosamente, la única en la que jugué un papel importante.

706050500f256f98f92yp5.jpg

Me enrolé en el ejército elfo oscuro por una serie de razones: odiaba el villorrio donde me crié como un esclavo, quería hacer algo interesante con mi vida, el hecho de que los semi-elfos oscuros estábamos ligeramente mejor considerados en las huestes de Usgarakh y, sobre todo, porque no había un solo sitio en todo el resto del mundo donde me fueran a tolerar más que allí. Y no es que fuera ninguna maravilla.
Me tragué diez años de guerras continuas (y aún tuve suerte porque el desgraciado de Batisteth se tiró casi treinta jugando a los bolos con los reinos de los hombres) y la verdad es que no estuvo tan mal. Es lo bueno de la guerra cuando tu ejército está dirigido por un loco megalómano super-poderoso y ganas siempre: que te diviertes. He tenido la oportunidad de leer las memorias de otros guerreros, humanos y elfos, en las que se narran los horrores de los pueblos quemados, el caos de la batalla, las víctimas inocentes… como a los elfos oscuros nos educan para ser unos hijos de puta integrales y odiamos a todo el mundo (empezando por nuestra propia raza), carecemos de esos problemas morales y nos lo pasamos mejor. Sobre todo cuando ganamos.

Ahora bien, después de treinta años de matar, devastar, arrasar y aniquilar todo lo que le salió al paso, Batisteth se encontró con que ya no quedaba prácticamente nadie contra quien luchar ni con quien hacerlo. El Ominoso ya no tenía enemigos y no precisamente porque cayera bien a nadie sino porque se los había cargado a todos. Sus tropas estaban dispersas y exhaustas después de tres décadas de lucha continua. Pero la Obliteradora seguía reclamando almas. Y Batisteth, aquel a quien los cuatro reyes que había dejado con vida debían pedirle permiso hasta para cagar, no era nadie para negarse a sus deseos.

Anuncios

Una respuesta to “CRÓNICAS DE LA OBLITERADORA: EL ÚLTIMO REDUCTO (I)”

  1. bueno pos felicidades a la Laura…( me encanta que una chica os halla dado una paliza a todos, aunque en este caso no halla sido yo…bueno me reservare para la prosima vez :P)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: