AUTOBUSES A PALENCIA

Mi capacidad para atraer a los locos es un super-poder, gracias al cual, gente como la banda de René Quintón (consultad el post relacionado) es uno de los ejemplos más sobresalientes.

Girados sueltos por ahí hay muchos pero es más habitual que se presenten en ciertos lugares que les resultan más propicios.
Allí donde se junta mucha gente de procedencia variada, donde resulta sencillo cruzarse con personas a las que difícilmente vuelvas a ver, son perfectos para que los frikis de toda índole se suelten el pelo.
Incluso la gente “normal” tiende a soltar intimidades escabrosas cuando se encuentran frente a alguien a quien consideran una visión efímera.
Yo debo tener cara de confesor o algo parecido por la facilidad con la que pirados de todos los colores se agrupan en torno a mí para contarme sus miserias.

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En el pasado he tomado autobuses Zaragoza-Palencia con cierta frecuencia. Es un trayecto de cuatro horas largas que más te vale afrontar con un buen libro o durmiendo como un bendito. Y no lo digo para evitar el aburrimiento sino porque como te vea desocupado el pirado del trayecto (siempre hay al menos uno) puedes darte por jodido.

En una ocasión me tocó un abuelo. Estaba sentado en un banco esperando a que saliera el autobús cuando un señor de edad avanzada me preguntó muy educado si podía sentarse en el banco. Le contesté algo tipo “Faltaría más, yo sólo ocupo esta parte” y el tío lo tomó como una luz verde para contarme su vida:
Era falangista de los de fusilar. Había combatido en Rusia junto a la División Azul y me mostró orgulloso un estropicio que la metralla le había hecho en la pierna. Dedicó un buen rato a explicarme su opinión (mala) sobre los inmigrantes y sólo la inminente salida del autobús pudo parar su soliloquio. Durante el viaje logré mantenerme apartado de él aunque me lo crucé en el bar de una parada que hicimos durante el viaje.

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Pero no tienen por qué ser militares. En otro viaje (mismo trayecto) me tocó un pirado de armas tomar (literalmente) que estaba en paro. Más concretamente, había perdido su trabajo en la misma semana en que su mujer le había mandado a freír espárragos y le había arrebatado la custodia de su hija. Vamos, que tenía motivos para estar de mala gaita.
El fulano me descubrió mientras fingía dormir después de haberme tirado tres horas del trayecto roncando a pierna suelta (ventajas del viaje nocturno). Su mirada tenía un algo inquietante que se confirmó cuando el individuo empezó a explicarme sin permiso ni nada sus andanzas (era un desgraciado) y sus hobbys. Tenía uno: las armas.
Por lo visto, el tío tenía no sé cuántas escopetas en casa y una pistola. Decía mirar a las armas de los policías con el mismo deseo que yo a cualquier tía que pasara (no tiene mérito, cualquiera puede señalar a un salido). Estaba indignado con todas las leyes que impedían a la gente respetable y corriente (como él) disfrutar de sus armas. Parece ser que lo de que la guardia civil tuviera un estricto control sobre el paradero de su pistola le resultaba indignante y que a ver por qué no podía él tener la llave de la caja de seguridad de su pistola para irse al monte a practicar. Menuda injusticia.

Casualmente, no he vuelto por Palencia desde entonces…

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Una respuesta to “AUTOBUSES A PALENCIA”

  1. Afortunado que eres por no se mujer, rollo peores me han largado, con sicopatas y locos me he tropezado, y sin ir a palencia ni estar viajando…, lo peor de todo es que la mitad de las veces estaban ¿ligando?

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