OCURRIÓ UNA MADRUGADA

PUBLICIDAD: Visitad http://www.averlasvenir.esA verlas venir y deleitaros con el episodio piloto de vuestra nueva serie favorita protagonizada por mí y mis compañeros de piso.

Una vez, un San Lorenzo de hace seis o siete años, en ese momento en que la noche muere, sales del bar borracho como una cuba y te encuentras con que ya es de día, me encontré de cara con Isabel la Católica (usaremos un pseudónimo por motivos de seguridad).

Isabel la Católica había sido mi gran amor de juventud. Era esa chica que me trajo por la calle de la amargura durante muchos años y nunca jamás pasó nada entre nosotros. Como suele ocurrir con el amor violento y febril de la juventud, atribuía su indiferencia a una mente diabólica y retorcida dedicada en exclusiva a tocarme los cojones. Con los años, esta diabolicidad ha demostrado no existir o estar muy bien disimulada.
Probablemente era una chica vulgar (bueno, tal vez un poco zorra) sin mayores pretensiones y yo, un pobre desgraciado enamorado.

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En el momento de esta historia, hacía años que “lo nuestro” había terminado. Aparte de chistes maliciosos de los colegas, la chica no era ni siquiera un recuerdo, más que nada, porque no había nada que recordar, ni bueno ni malo.
Por eso la saludé. Después de todo, las borracheras de San Lorenzo sirven para reencontrarte con los amigos de Huesca de toda la vida. No hace mucho le comentaba a Robespierre (usaremos pseudónimos para todos los personajes de la historia) que las fiestas, con los años, habían degenerado en una especie de álbum de fotos familiar viejo. El caso es que nos pusimos a hablar de chorradas.
Afortunadamente, la chica jamás me había tomado muy en serio por lo que yo no tenía “antecedentes” que pudieran hacerla desconfiar (y que conste que no tenía ninguna erótica intención).

No necesitas enemigos si tienes a los amigos adecuados. En aquel momento, guiado por la providencia, la mano de Dios y los catorce litros de calimocho que llevaba en el cuerpo, Moctezuma (un amigo) intervino en la conversación colgándose de mi cuello y soltando algo así:

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-Isabel la Católica, eres una zorra. Jean Jacqes Rousseau (este soy yo, me hacía ilu tener pseudónimo también) siempre te ha querido y tú lo has tratado a patadas. Para un tío majo (me señalaba) que hay por ahí, tú te dedicas a putearlo. Tienes el corazón más negro que…

A medida que aquella arenga de borracho crecía de tono, tanto Isabel la Católica como yo íbamos cambiando de color. Ella se puso colorada como un tomate y yo me puse primero blanco y después verde. El tío se quedó tan ancho y se largó sin esperar respuesta. Yo me quedé mudo de espanto y entonces ella empezó a hablar:

-Oye, Jean Jacqes Rousseau, yo siempre te he visto como un amigo. Nunca he tenido la intención de hacerte daño. Perdóname si mi actitud…

Que la chica que me gustaba cuando era crío me estuviera teniendo lástima como si fuera un perrito apaleado era una forma muy agria de acabar una borrachera. Por otro lado, tampoco se me ocurría una manera sencilla de salir de aquel berenjenal. Fue entonces cuando llegó su novio, también borracho como un piojo.

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Hay que aclarar que el novio era, según la primera impresión, un capullo de campeonato, un gañán unicejo y cerril que empezó a decir soplapolleces para incomodidad mía y de su novia. Tal y como iban las cosas, mejor cerrar el telón.

-Venga, largo de aquí los dos-dije mirando a Moctezuma (posteriormente, el muy cabrón aseguraría no recordar nada porque “iba borracho”).
-A mí tú no me dices que me largue-fue la respuesta del corpulento novio, evidentemente con ansias de pelea.

Lo cojonudo es que si nos hubiéramos liado a mamporros, además de llevarme la peor parte, la gente habría pensado que era porque él era el novio de Isabel la Católica y no por ser un gilipollas.

Ni Paco el Pringao, ¿eh?

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8 comentarios to “OCURRIÓ UNA MADRUGADA”

  1. Lavoisier Says:

    Las cosas interesantes de la noche siempre ocurren al final… nunca a mitad… no recuerdo si fue mi estupida salud o algun compromiso mañanero, pro no estuve allí para verlo. Me hubiese encantado (viendolo desde lejos, eso sí), pero puedo imaginarme perfectamente a K.. Moctezuma… ¡menudos superpoderes le da el alcohol! Juas, juas.

  2. Bueno a Moctezuma no se le puede culpar de nada, de hecho seguro que lo hizo con buena intención, inculo la brusquedad del método no tiene por que ser tan mala.

    Tu papel no esta mal llevado, algo insulso en la historia. Yo creo que una vez se llega al punto:

    “-A mí tú no me dices que me largue”

    Las hostias estan servidas, te disculpas con la novia y posteriormente te das mediavuelta… para un segundo despues volver a encararte (ahora el gallo de pelea tandrá bajada la guardia) y, haciendo acopio de todas tus fuerzas, reventarle un tercio, cubata, cenicero, serviletero… etc en todos los morros… repetidas veces. Cuando veas que el brazo se te cansa (usa el de las pajas, dura mas), entonces corres como si el mismo diablo te persiguiera. Como una rata cobarde que se sabe vencedora.

    Con un poco de suerte le habrás roto tantos dientes que tardara varios meses en volver a hablar con normalidad, así que además de desahogarte e impartir justicia, prevendras posibles problemas futuros de ese gallo, (ahora para caldo). Lo cual te hace rozar el estado de SuperHeroe.

    En fin, que los Gallos de pelea me caen mal.

    P.D: ¿Hay algo nuevo de Paco el Pringao en mente?

  3. Joder macho, si es que no se puede confiar ni en tus putos amigos de mierda… Yo a Moctezuma lo mataba más a gusto que para qué.

    Una vez más, me encanta que esto te pase a ti y no a mí.

  4. Desde luego, eres un ingrato. Cualquier grado de humillación anterior parecía nada después de la entrada en escena del corpulento personaje, por lo que cuentas. Así que deberías estar agradecido al chaval. Ver que una persona que en su día te interesó ha acabado con un ser mediocre es una venganza bastante fría ¿no?

  5. Leader of the resist Says:

    la violencia nunca es una respuesta Xetego, mejor irse elegantemente y asumir con orgullo el papel de perrillo apaleado, que los perrillos son muy monos y apaleados ya es el colmo de lo irrisistible…vamos que seguro que la chavala se va a su casa pensando que tenia un capullo de novio y un admirador encantador…si le rompe los morros al novio, pensara que tenia un novio protector que la quiere mucho y un admirador sicopata.

  6. No. Yo no pego a nadie. Llámadlo cobardía, buenos modales o instinto de supervivencia. Si me hubiera liado a mamporros con el garrulo aquel, ahora tendría la mitad de la dentadura de porcelana.

    Y la chiquilla tampoco tendría mejor concepto de mí. Conociéndola (es decir, de lejos y basándome en abundantes suposiciones), habría olvidado el incidente clasificándolo como “el capullo aquel” o algo así.

    En cuanto a los amigos, incluso a los impresentables (todos tenemos nuestros momentos avergonzantes), les acabas cogiendo cariño. Si cada vez que he jurado matar a alguien hubiera cumplido mi palabra, este blog no tendría ni un maldito comentario. Y no es plan.

    Pues eso.

  7. No me quedo demasiado convencido…

  8. Toni Ochoa Says:

    Es la vida.
    Que grandioso que pasen estas cosas.
    Si te vuelves a encontrar con ella dentro de un tiempo, seguro que se lo ha pensado y tendreis un encuentro erótico fortuito, siga teniendo ella novio….o no.

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