LA ISLA CAIMAN

“Ustedes que creen que van a casarse con un Brad Pitt o una Claudia Schiffer sepan que esto (gesto señalando a la clase) es lo que hay”
(Eduardo de la Serna, profesor de filosofía en mi instituto)

Una asignatura que no he entendido nunca ni entenderé es la Filosofía que das en el instituto. Puedo entender la Historia, la Religión (que aunque no se trate de convertirte al dogma de turno no deja de ser una parte concreta de la historia), la Lengua Española (bastante maltratada en estos tiempos de móviles y mails) y hasta la Música (que es otra de historia). La Filosofía, en cambio, aunque tiene una buena parte de historia, viene a ser una recopilación de las chaladuras que se les ocurrieron a una suerte de bandarras que pretendían ser científicos sin mancharse las manos. Vamos, tal que si ahora les diera por poner una asignatura llamada “Blogs” y hubiera que estudiarse esto (bueno, en mi caso, todo llegará).

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En mi instituto había dos profesores de Filosofía: el De la Serna (el nombre suena siniestro y con razón pues este tío era una especie de Anticristo con resaca que, aunque a mí me resultaba simpático, caía fatal al personal, que tampoco es que fueran gente cultivada que digamos) y la Charo. De la Serna merece un artículo para él sólo pero bastará decir que un día vino a clase con un zapato rojo y otro negro (años más tarde yo aparecí por clase con dos zapatillas diferentes pero como las dos eran del mismo color la cosa pasó bastante más desapercibida).

Charo fue la encargada de meternos en la cabeza toda la filosofía de COU.
La Charo era mucho más madraza y sus clases se entendían bastante mejor aunque carecían del elemento sorpresa del De la Serna (bendito sea). A Charo se le puede atribuir ser la primera embarazada “cercana” con la que he tenido que tratar (“¿Conocías a mi hijo?/No, sólo lo había visto dentro del envase”), mucho antes de que mi vida se convirtiera en una orquesta de bombos y platillos.
También tuvo el meritazo de aguantar mis idas de pinza con la filosofía (quizás no debería haber empezado aquel examen con “Rousseau, cuyas vías urinarias le darían problemas a avanzada edad”, dato historicamente riguroso y exacto pero que no venía al caso), lo que no es moco de pavo teniendo en cuenta lo que me parecía todo aquello.

El caso es que la Charo nos mandó, como trabajo de grupo, la creación de una “sociedad perfecta” a imagen y semejanza de no sé qué mangurrinada que había parido el presocrático de turno. Es para ponerle un diez en buenas intenciones y hay que entender que la pobre mujer no tenía forma de saber qué ocurriría si me daba la posibilidad de tener poder total y absoluto sobre una sociedad, aunque fuera imaginaria.

Junto a mi trono de déspota y tirano estaban Sergio (el Sintonizador de Muerte, un día quiero escribir un artículo sobre él), Ricardo (el Increíble Hombre Centollo), el García Varandearán (matemático de Grañén reciclado a ingeniero agrícola y después a encargado de Telepizza) y el Oliva (otro de Grañén que también era para darle de comer aparte). Con semejante equipo, cualquier ser medianamente humano que fuera a vivir en nuestra sociedad lo iba a lamentar de buenas a primeras.

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Empezamos eligiendo un lugar. Ricardo sugirió la isla Caimán, en mitad del Caribe, por aquello del clima tropical y benigno. Creo que entonces ni se nos ocurrió que eso es un paraíso fiscal donde corruptos de toda índole ingresan el fruto de sus chanchullos pero lo bueno de la imaginación es que tiene presupuesto ilimitado así que nos quedamos con la islita de marras. Cuando dibujé el mapa, siempre con ese salero que me caracteriza (es lo que tiene ser un puto payaso), le di la forma del cocodrilo de Lacoste. Con dos cojones.

También necesitábamos miembros para nuestra sociedad. Decidimos que mil sería un buen número para evitar superpoblaciones (todo esto, a ojo ya que en esa época no existía internet y aún faltaban bastantes años para que yo aprendiera algo de Genética Especial) y por aquello de aprovechar bien los recursos. Partiríamos de 500 hombres y 500 mujeres genéticamente perfectos y ahí nos las dieran todas. Por genéticamente perfectos queríamos decir sin genes degenerativos ni de enfermedades ni ninguna combinación que pudiera resultar perjudicial. De esta forma, también nos ahorraríamos los problemas de la consanguinidad de haberla (evidentemente, no sabíamos de qué estábamos hablando pero el amplio presupuesto que teníamos nos permitía desbarrar lo que hiciera falta).

La forma de reproducirse en esta sociedad sería en unos prácticos lupanares donde las mujeres acudirían periódicamente a ser fecundadas por diversos hombres. Posteriormente, los hijos serían repartidos al azar entre la gente de la isla. De esta forma, nadie estaría seguro de a quién estaba criando y se esforzaría en tratarle bien aunque fuera por si acaso.

Sergio planteó la posibilidad de establecer una casa de putas tal cual que se abastecería (palabras textuales) “con las ninfómanas que aparezcan de forma natural”. Por aquella época el amigo Sergio tenía unas ideas muy particulares sobre la naturaleza humana. La verdad es que no ha cambiado mucho.
La sociedad estaría estructurada en granjas autosuficientes repartidas por toda la isla, de manera que cada cual pudiera vivir de lo que produjera (sería el único trabajo que tendría cada uno, lo que evitaría muchos problemas) sin necesidad de andarse con mandangas comerciales, caldo de cultivo idóneo para la corrupción y el delito.

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Y, como éramos unos tipos humildes a pesar de todo, supusimos que tarde o temprano ocurriría algo malo en la Isla Caimán. Ya que no había leyes ni autoridad de ningún tipo, había riesgos que no se podían evitar. Como alguno dijo:

-Pero, vamos a ver, si a mí me da una noche por salir de casa y empezar a quemarles la granja a los vecinos, ¿quién me para?

Y fue entonces cuando concebimos el Pozo Negro, nuestro increíble sistema legislativo y sanitario todo junto en un enorme agujero.
Más o menos a la altura donde el cocodrilo de Lacoste tenía el culo en el mapa, dibujamos un enorme círculo negro marcado con una calavera y dos tibias cruzadas: el Pozo Negro. Consistía dicho pozo en un enorme agujero de varios cientos de metros de diámetro y unas cuantas docenas de profundidad. Allí se arrojarían los excedentes de residuos que nuestra pequeña sociedad produjera: las basuras, los cadáveres, el estiércol que sobrara, ropa vieja… cuando el pozo se estuviera llenando, los habitantes de la isla acudirían a él a buscar abono para sus campos, permitiendo de esta forma renovar el suelo de la isla.

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Dicho abono también tenía una parte importante de componente humano y no sólo por los carcamales que reventaran. En caso de que algún isleño fuera encontrado culpable de algún delito (el que fuera), sería arrojado sumariamente al pozo, cuya profundidad no daba lugar para segundas oportunidades ni reincidencias. Y no sólo eso: el damnificado / acusador TAMBIÉN sería arrojado al Pozo Negro. De esta manera, la gente no sólo se cuidaría muy mucho de no delinquir sino que también tendría buen cuidado en que no le hicieran ninguna judiada y se guardarían bien de ir haciendo falsas acusaciones.

Bueno, bonito, barato y práctico.

No recuerdo la nota que nos pusieron por el trabajo. Lástima que la Charo escondiese el proyecto en el armario de las Herejías (donde, a no dudar, estarán mis famosos carteles de “Zoy zidozo, cazi ná”).

En fin…

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6 comentarios to “LA ISLA CAIMAN”

  1. Muy buena la sociedad Gabri, yo no le quitaría ningún componente!

  2. Y otro profesor de COU, en este caso Uros (Lengua), me puso en una redacción que debía resaltar mi ironía… pero a mí me gusta así 🙂

  3. Una sociedad perfecta, si señor. Justicia divina para todos, el problema que con tanto follar estoy seguro que se dispararía la población en cuatro días. Aunque también se podrían dejar condones en las chozas de fornicio, unos agujereados y otros no. Así nadie sabría si quiera cuando deja embarazada a otra persona.

    Stalin está orgulloso de ti, yo más.

    Salud(hecho de menos escribir mi contraseña para postear
    ¿ya no tienes problemas con el porno?)

  4. Leader of the resist Says:

    jajajajajajj, los profesores de filosofia son mundo aparte..

    Yo tube un profesor de filosofia cuya presentacion fue:
    – Me llamo Jesus Santos, no creo en Jesus y No soy un santo…

    Vamos que era un marxista de bandera que me suspendio porque en el examen de Platon puse la palabra alma (¿y que culpa tenía yo de tipo este hablara de la dualidad cuerpo-alma?), y saque 8 en cuanto me acostumbre a poner las fechas con la coletilla ” antes de nuestra era” ( que lo de antes de cristo le sentaba como una patada en los cojones)

    Eloy, mi otro profesor de filosofia, estaba mas interesado en la “filosofia actual” ..y un dia que el estaba explicando y yo pasando mucho de la clase haciendo dibujos en una hoja, me quito la hoja y la enseño a toda la clase diciendo que :
    – ¡esto si es una teoria filosofica!

  5. Casi me muero de la risa con lo del pozo. Tiramos al culpable, por culpable, y al otro por acusador y sobre todo por canelo. Yo pensaba que en la vida real un chaval de 30 años, no podia ser tan cabronazo como el Morgan, pero casi eres tu mismo.

  6. Gracias muchas. Maticemos que Morgan no deja de ser una extensión de mí mismo llevada al paroxismo y que yo, pese a todo, me esfuerzo por ser buena persona. Y si entendemos por ser buena persona a alguien que cumple a rajatabla con sus principios, tanto Morgan como yo mismo somos unas buenas personas.

    A veces.

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