EL ORBE DE LOS SUEÑOS

Cuando la princesa Belerindaer, hija de Artinigawaet el Clarividente y Niovait la Triunfante, nació en el Bosque de la Luna grandes caravanas de presentes partieron desde todos los reinos élficos para festejar el feliz acontecimiento.

Tal y como dictaba la costumbre, las arcas del tesoro de los elfos sufrieron una potente sangría y el oro fue alegremente dispendiado para agasajar y hacer la pelota a los elfos de la Luna, por aquel entonces, los más poderosos de todos.

Junto a innumerables carros de mercancías exóticas, hermosos vestidos para que la niña pudiera vestirse durante toda su milenaria vida, joyas de raros metales traídos de muy lejos, armas de delicada factura (poco apropiadas para una princesa de días de edad pero el detalle era lo que contaba), tomos de sabiduría arcana, instrumentos musicales de todas las formas y colores imaginables destacaba una bola de cristal que brillaba con luz púrpura, una rara muestra de cortesía de los elfos oscuros de Usgarak.

Como todo lo que tenía que ver con la Estirpe Oscura, el misterioso orbe fue sometido a un severo escrutinio por parte de los elfos. No sería la primera vez que los elfos oscuros enviaban un demonio camuflado y cabreado a las cortes de algún reino enemigo.

Sin embargo, a pesar del tiempo y la magia invertidos en la investigación, nada pareció indicar que aquel objeto pudiera entrañar algún peligro. Sencillamente, ayudaba a dormir y a tener hermosos sueños.

Cada mañana, la cuna de la princesa Belerindaer amanecía rodeada de hermosas flores y animales. Los sirvientes pronto aprendieron a prepararse para cualquier cosa cuando entraban a ocuparse de la pequeña tras un pintoresco incidente con un elefante rosa con alas.

La joven elfa, a diferencia de muchas niñas de su edad, raramente daba la lata por las noches y los Altos Reyes de la Luna, atribuyendo la buena salud de las matronas y criados al beneficioso efecto del Orbe de los Sueños, no tardaron en enviar mensajes de agradecimiento a Usgarak. Ninguno de dichos mensajeros volvió a ser visto pero eso era lo habitual cuando se trataba con la Estirpe Oscura.

Esta situación de tranquilidad y calma se prolongó hasta que Belerindaer alcanzó la adolescencia.

Al cumplir las cuarenta primaveras, las hormonas de la joven elfa sufrieron la habitual revolución fisiológica que poetas e historiadores se han esforzado durante milenios en ocultar y censurar.

En el caso de Belerindaer, que estaba en posesión de un objeto mágico que hacía realidad sus tórridos y perturbadors sueños de adolescente, la cosa se puso un tanto complicada.

La tradición siempre había dictado que, a fin de aplacar los ardores de juventud, diversos amantes de probada discreción se ocuparan de la familia real. Lamentablemente, cada nuevo amanecer iluminaba una orgía en las habitaciones de la princesa y los criados empezaron a inquietarse ante el hecho de tener que preparar un número indeterminado de desayunos cada vez.

Apartar el Orbe de los Sueños de la chiquilla tuvo muy poco efecto porque su magia ya había quedado profundamente incrustada en la princesa e, inevitablemente, sus sueños se hacían realidad. La orgía vespertina diaria no tardó en salirse de madre y la dispersión de sus miembros entre la población del Bosque de la Luna afectó profundamente a la moral local.

El hasta entonces conocido como Bosque de la Luna pasó a tener muchos otros nombres: el Bosque de las Meretrices, el Gran Lupanar, la Bacanal Infinita…

Bajo cada árbol había una fiesta sexual dedicada a una perversión distinta. Los viajeros dejaron de temer a los arqueros élficos por sus flechas. Muy pronto, grandes caravanas de viajeros acudieron al Bosque de la Luna para satisfacer sus más primarias necesidades con las sofisticadas damas élficas y sus apuestos varones.

Después de un siglo de decadencia sin fin, la horda del señor de la guerra orca Farkag el Destripador llegó al Bosque de la Luna para protagonizar la que sería la última orgía de sus habitantes (a estas alturas, en su mayor parte semi-elfos) seguida de la metódica aniquilación, saqueo y quema del lugar.

Así cayó el más orgulloso y próspero de todos los Reinos Élficos. Y es que con los elfos oscuros es mejor no mezclarse.

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Una respuesta to “EL ORBE DE LOS SUEÑOS”

  1. Leader of the resist Says:

    De verdad que los elfos oscuros no saben divertirse, ¡ya se podia haber sumado a la fiesta! y los elfos del bosque de luna no saben organizarse: podria haber cobrado la entrada al lugar, haberse forrado e inviritiendo la mitad de lo que habrian ganado en sistema defensivo (con porteros de los culps de alterne de los alrededores incluidos) hubise sido un reino invencible.

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