EL CULTO AL ACERO

Hace muchos (incomprensible) nuestra raza, originaria del Paraíso Olvidado, llegó hasta este lugar guiados por los dioses o tal vez olvidados por ellos. El Gran Navío Celeste de nuestros (…) ancestros naufragó en estas montañas(…) fue así como tomamos contacto con la raza autodenominada “bestias de combate”.

El poder, el saber y la (incomprensible) contenidos en el Gran Navío Celeste permitió a nuestros antepasados establecerse en este lugar y medrar. Para su desgracia, la (…) nave estaba más allá de sus posibilidades de reparación por lo que deberían esperar a que otros como ellos vinieran a rescatarles. A tal efecto fue levantada la Ciudad de la Vida mediante (incomprensible), cuyos muros abarcaron las montañas (denominación local: Montañas Gélidas) y las zonas circundantes (…). Las relaciones con los nativos fueron amistosas al principio y se establecieron numerosos pactos comerciales.

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Las relaciones con la población local se estrecharon con el paso del tiempo y su sangre acabó mezclándose con la nuestra: el pelaje negro original de nuestros (…) ancestros se fue perdiendo y solo unos pocos lo conservan en estos días inciertos de tribulación. Nuestra mayor longevidad (unas seis veces la media local) y superior conocimiento hizo que los nativos empezaran a tenernos por seres divinos. Nuestros más antiguos ancestros, aquellos cuya edad no les permitía abandonar el Gran Navío Celeste fueron muy pronto objeto de culto para la población local. A medida que el tiempo pasaba (…) y nuestra ciencia ancestral se perdía, la mayor parte de los felinos divinos nacidos en la Ciudad de la Vida empezaron a creer también esta historia. A día de hoy, la magia de aquellos días se nos antoja inconcebible por lo que la religión es una buena salida para estos días tenebrosos.

Los restos del Gran Navío Celeste empezaron a ser denominados el Templo del Acero y fue un lugar de peregrinación para los fieles al denominado Culto del Acero. Los Dioses del Acero, a pesar de su gran poder, no eran inmortales y, uno por uno, fueron muriendo. El (…) último de ellos nos abandonó en los días previos a la Gran Traición cuando un alud sepultó el Templo del Acero para siempre. Sin su sabia guía, nuestros ancestros cometieron la Gran Traición que nos condenaría. Algunos han intentado llegar hasta el Templo del Acero pero sin el poder de las reliquias ancestrales es una empresa sin posibilidades.

En el Gran Navío Celeste había armas. Armas forjadas antes de nuestra llegada a este lugar que pasaron de padre a hijo en los linajes de guerreros que las poseían. Sin embargo, su poder disminuyó con el tiempo y la magia que lo restauraba se perdió (…) cuando el Templo del Acero fue sepultado. Muchos guerreros partieron en busca de una cura para sus armas enfermas y muy pocos regresaron, con lo que sus armas se perdieron. Las últimas armas funcionales agotaron su fuerza en la interminable batalla que nos ocupa desde los días de la Gran Traición que mancilló el honor de nuestro pueblo y condenó a innumerables guerreros a asediar la Ciudad de la Vida por toda la eternidad hasta que todos sus habitantes mueran.

(fin del fragmento)

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