EL DÍA QUE LLOVIÓ MIERDA (reposición)

Como ultimamente no tengo muchas ganas de escribir y la gente en verano no visita mucho la web, aprovecho para reponer grandes clásicos de Gabrielowsky. Disfrutadlo.

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La madrugada del lunes 23 de abril de 1966 el pueblo de Hillsburg (Dakota del Sur, EEUU) amaneció misteriosamente cubierto de excrementos. Una capa parda y fétida cuyo grosor variaba desde unos pocos milímetros hasta casi cincuenta centímetros en el jardín del viejo Soshias Willington había aparecido sobre el hasta entonces tranquilo lugar y nadie supo explicar por qué.

La prensa nacional se hizo eco rapidamente del suceso y el martes todas las portadas hablaban del evento con titulares como “Pueblo Enmierdado”, “La Nueva Sodoma”, “Abónate a Dakota del Sur”, “Dios da pan a quien no tiene dientes”. Hubo varias iniciativas para reunir fondos para la limpieza de Hillsburg e incluso se llenaron un par de camiones con aquella sustancia para venderla por toda la nación como “Recuerdo de Hillsburg” (aunque tuvo poca difusión porque pronto varios vivillos se pusieron a vender mierdas falsas de otras procedencias y más baratas).
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Sin embargo, el miércoles por la tarde saltaron a la prensa las no menos escandalosas fotos del ministro de asuntos exteriores H.T. Clayton en una tórrida sesión de sauna con su depilado chófer. El misterioso diluvio fecal de Hillsburg dejó de importar a la mayoría de los doscientos millones de ciudadanos estadounidenses.

En Hillsburg, sin embargo, las cosas no estaban tan bien. El aislado pueblecito olía como un pozo negro, las carreteras estaban cortadas y el agua potable escaseaba. Una legión de moscas grandes y peludas saturaba la atmósfera con su ensordecedor zumbido.

El martes a las diez de la mañana hubo grandes disturbios en los supermercados. La demanda de alimentos, agua y productos de limpieza era tal que hubo numerosos episodios de violencia. El papel higiénico alcanzó precios astronómicos.

A las cinco de la tarde del martes, M.T. Broswend estaba terminando de vaciar su jardín de los restos de la misteriosa lluvia de heces cuando fue atacado por un oso grizzly enloquecido. Horas más tarde aseguraría haber sido salvado por un misterioso enmascarado con capa morada.

El miércoles a las ocho de la tarde, John K. Brusky, blanco católico de ideas conservadoras, acusó a su vecino Jim Jones y su familia, negros y agnósticos de clase media-baja, de haber ofendido al Señor y de haber provocado aquella moderna lluvia de azufre. Las acusaciones hallaron eco en el resto del vecindario caucasiano y pronto degeneraron en violencia. La mujer y los tres hijos de Jones fueron ahorcados en su jardín mientras el cabeza de familia era apaleado en el suelo. Sólo la intervención del sheriff Dare pudo impedir su muerte, viéndose obligado a encerrar a Jones en una celda para su propia protección.
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La madrugada del miércoles, el joven Drake, hijo de padre desconocido de la señorita Warridan, despertó a su madre sobresaltado asegurándole que había un monstruo en su armario que quería devorarle vivo. A la mañana siguiente, el periódico local anunció en su portada que Fionna Warridan había sido detenida por devorar vivo a su hijo pero nadie quiso comprar un periódico manchado de mierda.

El jueves a las nueve de la mañana, una delegación de la Asociación Cristiana Multiracial de Hillsburg asaltó la comisaría con pancartas de “Jesucristo no tiene favoritos”, “Dejadnos creer en lo que queramos” y “Dios, patria y ley”. Su fanatismo, inducido por la falta de comida y agua, era tal que el sheriff Dare ordenó a todos sus agentes atrincherarse en el lugar y emplear equipo antidisturbios. Doce civiles fueron hospitalizados con heridas e intoxicaciones graves.

A mediodia, el profesor de escuela Zebulon O´bradney, volvía a casa después de intentar hacer su trabajo en un aula vacía cuando descubrió que toda la fachada blanca de su casa estaba llena de pintadas rojas: “Sucio judío”, “Vendido a los comunistas”, “El Klan te vigila, gloria al Klan”. Zebulon O´bradney desapareció aquella tarde y nadie supo nunca más de su paradero. Posteriores averiguaciones revelaron que su padre era judío.

La tarde del jueves hubo un pleno del ayuntamiento intentando buscar soluciones a la difícil situación. Dicho pleno fue televisado en aras de tranquilizar a la cada vez más soliviantada población. La retransmisión llegaba también a otros ocho pueblos colindantes que no habían sufrido la lluvia de cacas y que se guardaban muy mucho de acercarse siquiera. Lamentablemente, el humorista local Ted “Sprocket” Holstein interrumpió el mitin totalmente embetunado, con un candelabro de siete puntas en una mano y una hoz en la otra gritando “Perros lechosos cristianos: ¡pronto mi raza os dominará a todos!”. Su número tuvo un mal final porque un guardia de seguridad lo cosió a balazos. Tuvo suerte y de seis impactos de bala que recibió sólo dos eran mortales. El pleno se interrumpió al volar misteriosamente la centralita de televisión por causas desconocidas (y limpiando de escrementos un area de veinte metros a la redonda que fueron reducidos a escombros).

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El viernes por la tarde la situación se hizo insostenible. El sheriff Dare, asediado desde hacía tres días en la comisaría, se vio obligado a capitular y a entregar a Jones a la rabiosa multitud. Sin embargo, un misterioso tirador acabó con la vida de Jones, con la del Sheriff, cuatro agentes de policía y ocho ciudadanos “inocentes” huyendo después sin dejar rastro. La multitud enloqueció y hubo otra treintena de muertos e innumerables heridos.

Para el sábado, el escándalo llegó hasta la Casablanca: una peligrosa célula comunista se estaba gestando nada menos que en Dakota del Sur. El presidente recibió la noticia con gesto grave (“Tenía que ser en mi mandato, joder” fueron sus palabras para la historia) y firmó los permisos necesarios para la activación del Botón Rojo de la Solución Final.

El domingo, a las doce de la mañana, brillaba el sol sobre Hillsburg pero sus rayos apenas podían abrirse camino a través de la nube de gases de descomposición, humo de incendios y moscas que cubría la ciudad como un sudario mientras sus habitantes peleaban entre sí por los escasos víveres como animales. Sólo Nick Yogurtera, hijo de inmigrantes holandeses y tonto del pueblo oficial, se hallaba en aquel momento pendiente de lo que ocurría en el cielo:

-Madre mía y Virgen Santísima:-dijo al ver el enorme avión pasar sobre el pueblo y dejar caer un enorme obús-de esta no salimos ni hartos de sopa.
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Y todo porque les había llovido mierda.
Así empezó la Tercera Guerra Mundial.
Y hubo cuatro más.

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5 comentarios to “EL DÍA QUE LLOVIÓ MIERDA (reposición)”

  1. Superneuras Says:

    No tengo palabras para describir esta última aberración literaria tuya. O sea, que me ha encantado. ¿Cuántas veces no nos hemos preguntado todos lo que podría pasar si lloviera mierda de repente? y vas tú y lo describes con detalle. Y ahora, si eres tan amable, explícame como si mis padres fueran hermanos qué cojones me querías decir el otro día en un sms con la expresión “…y la camisa todavía no me llega al cuerpo”

    Superneuras.blogspot.com

  2. Superneuras Says:

    Acababa de escribir un comentario incisivo y brillante y el jodio formulario este se lo ha fundido. Pues que mu majo el cuento…

  3. Me parece sublime este articulo. Es mas como te comente por telefono, me parece cojonudo para un libro.

  4. Hermesh Says:

    Me encantó la primera vez y me ha encantado la segunda

  5. MOJONES AL ATEQUE
    A COMER MIERDA YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!
    QUE MIERDERAAAAAAAA
    AXXXXXXX
    CXXXXXX
    MXXXXX
    NXXXXX
    ATENTAMENTE:
    LA MIERDA Y LOS MOJONES

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