EL NACIMIENTO DE UN HÉROE

Nubes negras como la muerte ocultaban el sol. Una gruesa capa de cadáveres quemados y vehículos destrozados cubría el suelo. Fétidos vapores y zumbantes moscas envenenaban la atmósfera de Meleus Prime. Tras una larga, larguísima noche en la que la artillería había rugido hasta quemar sus cañones, en la que los soldados habían disparado, luchado, rezado y muerto, el amanecer de un nuevo día llegó cubriéndolo todo con un silencio espeso y fúnebre.

En medio de toda aquella destrucción se alzaba la imponente ciudadela fortificada de Lucanix I. Sus gruesos muros de plasti-acero reforzado estaban arañados y sucios pero ni los obuses ni las garras de los demonios habían logrado derribarlos. Sobre sus almenas todavía hondeaba el orgulloso estandarte dorado con la Crux Argentum.

A pesar de sus heridas, el joven Duque-Capitán Lucas se hallaba todavía en las murallas contemplando el horizonte. Un vendaje le cubría la cabeza allí donde el hacha de un sectario había estado a punto de acabar con él. Llevaba un brazo en cabestrillo y una de sus piernas era ahora una prótesis biónica, señal de que en todo momento el joven caudillo había estado en lo más duro del combate alentando a sus hombres. Aunque el Magus Médico le había insistido en que guardara reposo, Lucas lo había mandado al diablo sin contemplaciones.
Un joven soldado de la I Cohorte de Argentus se encontraba junto a su líder, admirando su fortaleza y su determinación.

-¿Todo ha terminado, señor?-preguntó el joven soldado paseando la vista por el desolado erial que se abría ante ellos.
-No, hijo-contestó el Duque-Capitán Lucas colocando un cigarro en su boquilla y encendiéndolo-Esto no ha hecho más que comenzar.

El soldado no pudo contener un suspiro de resignación. Lucas le observó en silencio. Era un soldado más joven que él. Le recordó a su hermano menor, Luigi, que hacía tantos años había marchado a la colonización del Cuadrante Erebus (cabrón con suerte, ese sí que debía vivir tranquilo). Se preguntó para sus adentros qué habría impulsado a aquel muchacho a alistarse en la Cohorte.

-Hemos hecho retroceder a la Guardia de la Muerte y a los Hijos de Anubis-explicó el Duque-Capitán-Les hemos dado lo suyo a esos perros y ahora probablemente estén luchando entre sí más allá de las montañas, debilitándose más aún. Sin embargo-aspiró profundamente el humo de su cigarro-las noticias del frente no son buenas: las Fuerzas del Caos han atacado por todo el sector. Nuestros ejércitos están dispersos y necesitan reagruparse, reforzar sus posiciones y devolver el golpe. Nos necesitan, soldado, no podemos quedarnos aquí. El Imperio necesita más que nunca de las Cohortes de Argentus.
-Entonces…
-Di que hagan los preparativos para movilizar a todas las tropas-ordenó el Duque-Capitán en tono solemne-Nos vamos de aquí. Hay una guerra que ganar.

El joven soldado se cuadró, presentó armas y salió corriendo para cumplir la orden de su señor. Aún herido y extenuado como todos los soldados del regimiento, el Duque-Capitán Lucas no se rendiría jamás. Sintió una punzada de orgullo por estar sirviendo a un héroe de tal coraje.
No había ningún otro hombre en todo el Imperio de la Humanidad junto al que prefiriera morir.

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Una respuesta to “EL NACIMIENTO DE UN HÉROE”

  1. Hijos de puta los de la Cohorte de Argentus, siempre superganando…

    Bonito mini-relato.

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