BARBARIEDADES

NOTA: Aunque me consta que os repatean las reposiciones, he decidido rescatar este legendario post del olvido. Data del 2005, cuando era veterinario…

“¡Colgajo Sangriento!”
(Emulsión Grasienta)

Admitámoslo alto y claro: el pus me pone a mil. No digo que me haga pajas pensando en espinillas ni que me lo coma cuando me lo encuentro pero es que el vicio y el saliveo que me genera no es normal. Lo más lamentable de mi adolescencia fue que, al terminar, dejaron de salirme granos. No me extraña, la verdad, con la caza abusiva a la que los sometía se extinguieron sin remedio.

Los granos propios son los mejores. Al ritual de sacar pus hay que añadirle el dolor (que varía del “me-duele-porque-está-lleno” al “me-duele-pero-sangra-y-qué-bien-mequedau”) porque reventarle los granos a otra persona (cosa bastante sosa que me ha procurado discusiones con casi todas mis parejas) es como ver una película sin el sonido. En animales, la falta de dolor propio se compensa con unas cosechas industriales y algún que otro leñazo que te llevas por imprudente.


(slurps)

Hay algo poético en extirpar lo corrupto y desagradable para dar paso a la regeneración. Cuando clavas las garras en algo bien purulento y empieza a desbordarse es… es… no sé, supongo que parecido a lo que se siente tocando el solo de guitarra frente a un público entusiasta que no para de aplaudirte. Yo soy así.

Era algo que me gustaba de trabajar con ovejas. Las muy putas tienen una enfermedad llamada fibrosis quística (mal llamada “Tumores” por los ganaderos y el 90% de la cabaña veterinaria) que les generaba unos abcesos de pus de tamaño colosal. Fue un momento de gran realización personal cuando con otros dos de Oviaragón me fui a un cebadero a “reventar tumores” con un bisturí y una caja de cartón (para recoger la pus) y verla desbordarse mientras manteníamos a Barragán (el perro pastor) apartado para que no se diera un atracón de aquello. Y no me extraña que le molara: sacar un bote de mahonesa (bueno, no creo que sepa igual) de la barbilla de un carnero no es cosa que se vea todos los días. Y tampoco es una cuestión de cantidad: pequeñas pústulas resecas me han proporcionado laaaaargas serpentinas con tropezones rojos y negros (¿alguien recuerda el color del papel higiénico muy muy usado?) sencillamente memorables. Las cerdas, bueno es saberlo, también desarrollan abcesos suculentos para el buen GGG (Gourmet Guarro Gabrielopolitano).

Es importante distinguir los abcesos de los tumores-tumores (de los de cánceres diversos) porque alguno he rajado en canal para descubrir que el desdichado animal que se retorcía bajo mis piernas tenía motivos para pegar esos berridos. Mira tú qué disgusto sobre mi conciencia: yo mutilándole por su propio bien y resulta que le estaba haciendo una avería de las gordas.

Por supuesto, a veces el cazador resulta cazado. Del mismo modo que aquel grano de mi espalda soltó un trabucazo (de audible “¡CRAK!”) contra el espejo de mi baño, tres cuartos de los mismos pasa con los bichos. Una cerda tenía un abceso pequeño y semi-abierto. Y yo me digo “Esto ni hace falta pincharlo. Lo aferraré con mi poderosa mano y apretaré y apretaré…”… el caso es que no salía nada: era pus del denominado compacto y dúctil de gran dureza y elástico pero escaso valor. Apreta que te apreta, aquello revienta de repente y suelta una andanada de amplia área de efecto.

Aunque me salvé de lo peor, las postas me rociaron media cara. Con el pragmatismo que me caracteriza (ampliamente empleado durante el episodio de La Cuba de Pescado Podrido, el Toro Mecánico y el Despabilao) me quité aquello de la cara y continué con mi santa labor.

Y como veo que el tema os está perturbando y no es plan de que os de el mono de pus (y no es fácil encontrarla cuando la necesitas) os contaré otra salvajada, esta vez de cerditos y ojos del culo.
El caso es que a un lechón se le salió el culo para fuera como una manga de jersey ensangrentada. Esto es algo que se conoce como prolapso rectal y, chicas, no sirve como excusa para no dejarse profanar el trasero: hace falta mucha debacle para descolocar vuestras tripas. Yo había visto esto en vaginas de ovejas (siempre con resultados de muerte inevitable, lenta y dolorosa para mi disgusto) por lo que supuse que sería incurable.

Cuál sería muy sorpresa al ver que el remedio era meter un tubo (normalmente un cacho de manguera estriado para que agarre bien) por el culo descolocado y atar todo lo que sobrara con una goma bien apretada. Resultado: el intestino que sobra se necrosa, muere, ennegrece y cae y, ale hop, culo nuevo para el cerdito. Os estaréis preguntando sin duda cómo se hace para evitar que sus hermanos se líen a dentelladas con aquella miseria sangrante. La pregunta es buena pero la respuesta es mejor: ¡se rocía con gasoil!

Por último, quiero hacer mención a un antiguo proyecto Gabimánico (consultad en Performances aquella alegre historia de no hacerse pajas y veréis cómo las gasta mi tocayo) destinado nada menos que a mezclar el engorde de corderos con la prostitución: consistía en alquilar cajones con corderos lactantes dentro y con un agujero para meter el miembro viril. Aprovechando la tendencia del bicho de (ojo al doble sentido) mamar de lo que sea, obraría en nosotros cumpliendo la doble función de a)darnos placer y b)nutrirse y engordar.
La cosa quedó en el aire y ahora, años después, puedo decir que mal iría porque:
A) Cuestión de tamaños. Tienen la boca pequeña y como no tengas el tallo de jade del grosor de un meñique…
B)Tienen fuerza los hijoputas. Y dientes. A mí me han mordido corderos en el dedo. Tú mismo.
C)Un bicho de esos necesita algo más que una mamada de vez en cuando para vivir. Vamos, que lo alquilas con tu panda de amigotes (“¡Albricias, amigos míos, esta noche tenemos una botella de Four Roses, un kilo de cogollos y un Cajón-Mamón!”) o el animalico se muere de hambre. En terminos productivos, no resulta rentable.

Y no somos monstruos.

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9 comentarios to “BARBARIEDADES”

  1. Tío, tas pasao. Estaba yo sudando con lo de los abscesos, menos mal que has pasado a los prolapsos y al Cajón-mamón que me han aligerado el artículo (sí, a tí te gusta la pus, a mi los prolapsos, qué pasa).

    Creía que veterinaria (y tanto tiempo conociéndote) me habían curado de espanto, pero veo que aún me queda un pedazo de corazoncito. No sé para qué lo quiero, pero vamos…

    Por cierto, por qué cojones filtras los comentarios, si te van las burradas más que a nadie???

    No te comento el cómic que ya me lo conozco.

  2. Yo acabo de leer tu exposicion, domingo por la mañana recien levantada, y tengo unas poquitas de arcadas…

  3. SOMBRERAZO

  4. arggggggg
    arggggggg
    arggggggg
    Animalico…

  5. Como haces… no lo entiendo. De donde has sacado la foto del culo con los intestinos?? y una pregunta aun mas importante: como hare yo para olvidar esa imagen??

  6. mierda..no tenia que haber leido esto despues de cenar…¡ahora tendre que cenar otra vez!

  7. En la clinica de pequeños te encuentras menos pus, aunque haberlo hailo. Pero hay una satisfaccion que compensa esta escasez , y es ver la cara del propietario del alegre perrito cuando todo eso sale a presion y le cae encima.
    De color verde se me puso un señor (todo hay k decir k el perro parecia un volcan)
    Recuerdame que te cuente un dia lo de los gatos que son capaces de orinar y defecar a chorro sobre sus dueños mientras giran como una lavadora en la jaula de contencion intentando llegar a sacarte los ojos.Lastima no haberlo grabado..

  8. ¿Cenar de nuevo? Sí, a mí estas cosas también me abren el apetito…

  9. si ..cenar de nuevo era la forma más fina que encontre de decir que heche la papa con el texto y la bilis con las fotos…asi que para compensar por mi cena perdida, hice al horno el lechon ese que dijiste que no tenia remedio..ya que con todo esto he descubierto que más sadico es el veterinario que el carnicero.

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