EL MASTODONTE VAMPÍRICO

NOTA PREVIA: Dios, tenéis que ver esto.

-¡Es la policía!-anunció Número Uno-¡Han rodeado el edificio!

El Mastodonte Vampírico dejó caer los cacahuetes que estaba pelando y se puso en pie. Su trompa se agitó delante suyo por la sorpresa. Se pasó la mano por encima del apéndice para quitarse las cáscaras antes de hablar con voz malhumorada.

-¿Tan pronto?-preguntó-¡Mierda!

Las sirenas empezaron a sonar fuera del edificio. Varias luces azules y rojas comenzaron a lanzar destellos en la noche haciendo la competencia a las farolas. El habitualmente tranquilo distrito había dejado de serlo mediante la contundente presencia de una docena de coches patrulla.

-Malditos policías… -gruñó mirando por entre las cortinas a la calle-Son más listos de lo que pensaba.
-¿Señor?-preguntó Número Uno-¿Qué hacemos ahora, señor?

El Mastodonte se irguió (tampoco era muy alto) y se llevó la mano a la barbilla. Su maquiavélico secuestro de la hija del gobernador había sido descubierto antes de tiempo. Si le capturaban ahora, podía irse despidiendo del jugoso rescate que pensaba pedir. Habría estado bien ganado, pensó con sarcasmo, teniendo en cuenta lo insoportable que era la muchacha.

-Bien, hay que ganar tiempo-dijo-Yo los entretendré. Número Uno, avisa a Número Dos y traed a la chica.
-¡Sí, señor!-Número Uno se cuadró y salió por la puerta-Antes le he llevado un plato de pollo para cenar, a ver si se lo ha acabado…

El Mastodonte Vampírico abrió la ventana pensativo.
Negociar con la policía no era un mal paso: su carrera de villano empezaba a despegar. Había sido duro su ingreso en la Universidad del Mal (su único poder, tener trompa, no le había puesto las cosas fáciles) y graduarse entre tanto genio loco había sido complicado en el mejor de los casos. Incluso crear su organización, la Banda del Mastodonte Vampírico, le había costado hasta su último céntimo. Por lo menos, haber podido secuestrar a la hija del gobernador había sido un triunfo. Uno se metía a esta profesión por la aventura, el dinero y la fama.
Lo peor que le podía pasar a un supervillano era pasar desapercibido.

-¡Ríndete, Mamut!-rugió un megáfono-¡Te tenemos rodeado!
-¡Oiga!-tronó el Mastodonte con su trompa (tenía una ventaja: era un buen amplificador)-¡Es Mastodonte, no me joda!
-¡Entrégate y devuélvenos a la señorita Pulardas!
-¡De eso nada!-rugió el Mastodonte recuperando la compostura-¡Quiero trescientos millones si quieren volver a verla viva!
-La policía no negocia con terroristas.

Un pedorreo indignado surgió de la trompa del Mastodonte. Los supervillanos seguían un estricto código profesional para no pisarse con otros profesionales del ramo. Que te tomaran por terrorista llevando tu traje de faena (en el caso del Mastodonte Vampírico, una capa de Drácula roja y negra y un ajustado mono verde y gris bastante ridículo en conjunto) podía hundirte la reputación en los telediarios. Los supervillanos luchaban por dinero, no por ideologías.

-¡Como intentéis entrar, me la cargo!-amenazó alzando la trompa para cambiar de tema-¡Avisados estáis!

Cerró la ventana ante sí y salió al pasillo extrañado de que sus secuaces tardaran tanto. Número Uno y Número Dos eran dos hermanos medio tontos pero que le servían por cuatro chavos. Habría preferido unos matones en condiciones pero no tenía dinero para permitirse grandes alardes.
Número Dos le interceptó en el pasillo. El hombre llevaba un ajustado mono gris y verde con el emblema del Mastodonte Vampírico (un conde Drácula con colmillos de elefante) y parecía nervioso.

-¿Señor?
-¿Qué pasa, Número Dos?-el Mastodonte intuyó problemas-¿Dónde está la chica?
-Hemos tenido un…
-Ay, no me jodas-el Mastodonte se llevó la mano al pecho-Dime que no se ha escapado.

Aquello empezaba a parecer un tebeo.

-No, no. Sigue en el baño-explicó Número Dos tragando saliva-Con la cena y eso.
-Menos mal-suspiró el villano-No le habrás soltado las esposas para que comiera, ¿verdad?
-Eh… no, no-Número Dos se mordió el labio inferior-Le dejé el plato de alas de pollo en el lavabo para que metiera la cabeza si tenía hambre.

El Mastodonte Vampírico sonrió detrás de su máscara. A pesar de la situación, había sido lo bastante cuidadoso como para evitar fallos de libro: había encadenado a la prisionera con cuatro juegos de esposas a una silla y la había encerrado en el cuarto de baño después de haber cortado el agua. Que se te escapara el rehén en plenas negociaciones era un problema que requería demasiados super-poderes para solucionarlo.

-Bien ¿Ha cenado ya? ¿Me la puedo llevar?
-Es que se ha atragantado-soltó por fin Número Dos.
-¿Cómo que se ha atragantado?
-Con un ala de pollo-explicó su subalterno mirándose los pies-Al intentar comérsela sin manos, se ve que se la tragó entera y se ha ahogado.
-¿Qué coño estás diciendo?-el Mastodonte Vampírico lo apartó a un lado y corrió hasta la puerta del cuarto de baño.

Cruzó el umbral y levantó la trompa para examinar el lugar. El cuarto de baño tenía los azulejos blancos y un mobiliario bastante antiguo pero funcional. La cisterna hacía un ruido atronador cuando se tiraba de la cadena y, aunque se habían dejado una botella de lejía limpiando (supervillanos pero limpios, ese era su lema), había un olor raro que no conseguían eliminar.
En el suelo junto a la bañera estaba la chica. Seguía esposada a la silla pero su cuerpo estaba flácido. Tenía los ojos en blanco y un color azulado nada saludable. Número Uno estaba acuclillado a su lado realizando torpes intentos de reanimarla mediante palmaditas en las mejillas y apretándole el pecho en lo que pretendía ser un masaje cardíaco pero que no hacía más que sacarle el aire de los pulmones tocándole los pechos.

-¡La hija del gobernador!-exclamó el Mastodonte lleno de horror-¡Os la habéis cargado!
-¡No ha sido culpa mía!-lloriqueó Número Uno-¡A este tonto no se le ocurrió darle de comer a mano y la hizo comer del lavabo como una vaca en un pesebre!
-¡No es culpa mía!-protestó Número Dos-¡Tenía que vigilar la puerta por fuera!

El Mastodonte se arrodilló junto a la chica pero sus esperanzas fueron en vano. No tenía grandes conocimientos de medicina pero parecía evidente que alguien con ese color hacía rato que estaba muerto. Suspiró y tomó nota mental: los prisioneros deben ser alimentados a mano.

-Meted a la chica en la bañera para que no estorbe-se incorporó despacio pensando a toda velocidad-Tendré que cambiar las condiciones.
-¡Pero si está muerta!
-Ya, pero ellos no lo saben…

El Mastodonte Vampírico volvió al salón y abrió la ventana. Se sintió mucho más inseguro que la vez anterior.

-¡Policía!-rugió-¡Quiero negociar! Me lo he pensado mejor. Igual trescientos millones es mucho pedir por la chica esta… ¿qué os parecen veinticinco?

Una respuesta to “EL MASTODONTE VAMPÍRICO”

  1. Jajajajajaaja…no hay buenos ayudantes hoy día…joder que tiene uno que ser el cerebro de toda operación!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: