¡POR EL PODER DE GREYSKULL!

“-¿He-Man?¡Es idéntico a Conan el bárbaro!
-No, bonita. Si te fijas, verás que uno es rubio y el otro, moreno…”
(Huíd de las discusiones de frikis, de verdad)

Poneos en situación porque hoy voy a hablar de los Másters del Universo. A lo mejor (probablemente) os la trae soberanamente floja pero si no incluyera un post sobre esta panda de impresentables, mi blog tendría un agujero bastante severo. Cualquiera que pretenda conocer a un servidor va a tener que tragarse un rollo patatero sobre ellos tarde o temprano y es que, junto con los dinosaurios, Mortadelo y Filemón y alguna otra cosa más, forman el grueso del panteón de los mitos de esa época mágica que es la infancia de un sólo dígito.

He-Man y los Másters del Universo fueron creados en 1983 como unos cómics que pronto pasaron a dibujos animados y luego a muñecos articulados. En lo que a mí respecta, hasta muchos años más tarde sólo conocía los muñecos y cualquier retazo de información que obtenía era cuidadosamente recopilada.
Dicho pronto y mal, los Másters eran el resultado de mezclar a Superman con la Guerra de las Galaxias y, de hecho, los parecidos son notables: Skeletor tiene un mucho de Darth Vader (de hecho, en lugar del padre, es el tío de He-Man), He-Man tiene unos poderes y una identidad secreta muy similares al hombre de acero y el reparto de guerreros del bien y el mal parece sacado del kiosko de al lado de la cantina de Mos Esley.

He-Man (traducible como “machote” o algo así) tiene una identidad secreta, el príncipe Adam.

La diferencia física entre estos dos es aún más escandalosa que entre Superman y Clark Kent porque aparte de que He-man es un poco más moreno de piel, es como si yo me cambiara de camisa y la gente no supiera quién soy. Posteriormente he averiguado que esto se basó no en Superman sino en el Capitán Marvel (un clon de Superman al que en su día denunciaron por plagio, casi nada, un clon de otro clon), que también tenía una identidad secreta adolescente (hay que decir que el adolescente Adam tenía unos músculos de cachalote y yo me pregunto: si lo pillaran en la ducha ¿alguien lo confundiría con He-Man?).
El caso es que el joven Adam recibe la Espada del Poder de la Diosa Hechicera (una pájara en el más estricto sentido de la palabra) para convertirse en “el hombre más poderoso del universo” y “proteger los secretos del castillo Greyskull“. Hasta día de hoy, ignoro cuáles eran dichos secretos de modo que podemos suponer que el hombre más poderoso del universo hizo bien su trabajo…

Para enfrentarse al héroe se crearían diversos villanos que, con mayor o menor fortuna, se dieron de tortas con nuestro cachas oxigenado.
El más conocido es Skeletor (“Señor de las fuerzas del mal“), malvado arquetípico con rostro de calavera, risa estridente y sicarios bastante ineptos (aunque hay que decir que, dado el nivel de fracaso de los planes de Skeletor, llegaba un momento que hasta sus esbirros se le rebotaban). Posteriormente llegaría Hordak (“¡Enemigo de todos!¡Amigo de nadie!“)y su Horda del Terror, maestro del anterior, con secuaces mucho más molones y algo más competente (aunque no mucho). Un tercer villano en discordia sería el rey de los hombres serpiente, Hiss, aunque este quedó como un aliado de Skeletor más que otra cosa.

Para cualquier estudioso de los másters del universo, hay dos cosas interesantes a destacar: continuidad de la historia deplorable y los bichos más raros del universo.

De lo primero, basta con consultar las diferentes versiones que se hicieron de He-Man:
originalmente era un bárbaro rubiales del planeta Eternia al que la Diosa Hechicera dotaba de grandes poderes (super-fuerza y poco más) para proteger el castillo de Grayskull. Más tarde, alguien se inventó lo del príncipe Adam y se quedó tan ancho, haciendo que He-Man fuera hijo del rey Randor (hermano de Keldor, que más tarde sería Skeletor) y la reina Marlena (que, agárrense, era una astronauta terrícola). Como la continuidad era una casa de putas, los diferentes personajes iban y venían, soltaban referencias inconexas y eran hermanos de tal o cual personaje de forma totalmente arbitraria: la guerrera Teela, por ejemplo, una tía buena que originalmente llevaba una armadura en forma de cobra, era en principio el mismo personaje que la diosa hechicera aunque más tarde separaron ambos conceptos (y juntaron a la Diosa Hechicera con el halcón Zoar, haciendo que este fuera una forma alternativa de la señora) y Teela resultó ser la hija de la diosa y Man-at-Arms su padre adoptivo… un cirio, vamos.
Algunos personajes con muñeco (el oriental Jitsu, diabólico señor de las artes marciales, por ejemplo) no tuvieron ni una maldita aparición en las historias mientras que otros importantes (la Diosa Hechicera, por ejemplo) jamás tuvieron una figura de acción (que no digo que se la fuera a comprar nadie, claro).

Los poderes de He-Man (insisto, super fuerza y para de contar) bailaban de un extremo a otro de historia en historia: desde ser capaz de intercambiar tortazos con Superman y levantar el castillo de Greyskull por encima de su cabeza hasta ser atado con una simple cuerda.
Otra cosa especialmente irritante era su absoluta falta de violencia: en un universo poblado de armas de rayos, hachas, espadas, seres super fuertes, otros herizados de pinchos y diversos instrumentos destinados a derramar sangre, jamás un solo personaje resultó herido, no digamos muerto. En los cómics jamás se ordenaba matar a nadie sino más bien “destruirlo“.

Otro de sus grandes logros eran sus flipados personajes, tanto heróicos como malvados: el hombre-ariete, el hombre-mofeta, el hombre-periscopio… la lista de cosas raras es interminable. Uno no se sorprende de que los planes de Skeletor se fueran al garete si para sus planes se empeñaba en contar con Tri-Klops (“¡El diabólico guerrero de los tres ojos!”) o Stinkor (“El diabólico maestro de los olores“… ¿cuánta desesperación hace falta para reclutar a semejante sujeto?) en lugar de rascarse el bolsillo y contratar a media docena de mercenarios mínimamente cualificados…

A pesar de sus evidentes fallos, los Másters del Universo fueron todo un icono ochentero y su enorme éxito propició el rodaje de una película (¡con Dolph Lungdren como He-Man y una quinceañera Mónica de Friends haciendo de adolescente histérica!) que, si bien los fans más acérrimos se cagaron en ella soberanamente por ser mínimamente fiel a su inspiración original, a mí no me pareció nada mal: Skeletor por fin es un malvado digno (muy Darth Vader, sí, pero el estilo es el estilo), He-Man mata gente (¡waw!) y hay tiros, violencia y algún que otro chascarrillo. Por falta de presupuesto, la acción tuvo que trasladarse a la Tierra, provocando los típicos quebrantos de un centenar de guerreros galácticos en una ciudad estadounidense de tres al cuarto y aunque me habría gustado ver Eternia, el film resultante me sigue gustando años más tarde…

Incluso hubo algunas secuelas, curiosamente, destinadas a un público femenino (como todo el mundo sabe, Red Sonja se creó para que las chicas se sintieran atraídas por la Era Hyborea y todo eso). Una de las más populares fue She-Ra, la Princesa del Poder. Con un argumento muy similar, la protagonista es la princesa Adora, hermana gemela de He-Man (¡No me jodas que el Rey Randor no se había enterado de que tenía una hija!¿Veis lo que decía de continuidad de mierda?) que se dedica a luchar por el bien en el planeta vecino de Eternia, Etheria. Aquí apareció por primera vez Hordak, que, al venirse abajo la serie, se pasó a Eternia a putear a He-Man, Skeletor y al que se le pusiera por delante.

Vedlo…

Pues eso, que por el poder de Greyskull…

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8 comentarios to “¡POR EL PODER DE GREYSKULL!”

  1. ostras! he-man…yo veía los dibujitos de chica (¡que recuerdos joder..¡que recuerdos! hasta se me ha saltao una lagrimilla…), pero amos to eso de la profundidad del argumento yo no me enteraba ¿eh?, yo veia al rubio dandose tortas medio en bolas y me quedaba tan contenta. Eso si, al final mi favorito era tio de la calavera porque siempre perdia y me daba pena (más o menos lo mismo que me pasó con el coyote y el correcaminos)

    • Yo es que empecé con los tebeos y la serie la vi más tarde. Y la verdad es que parecía que hablaban de gente distinta. Y como me gustaban tanto, pues me frustraba.

      Ya ves tú qué tontería para acabar de serial-killer…

  2. Los perdidos y los condenados Says:

    Con todos los fallos que tiene, date cuenta que es ochentero, seguro que lo hizo un hijo de acidosos hyppies, que conocio los tripis y la marihuana. Asi como se ponia y compraba los tebeos de la esquina, se inventaba su mundo para lelo.

    Ay, cuanta nostalgia. YO CRECI EN LOS OCHENTA Y SOBREVIVI

  3. No sé por qué, pero ciertas imágenes que has puesto de He-Man me recuerdan a la iconografía de Barbie…

  4. Joan El Misericordioso Says:

    Encima tenían un extraño accento, eso tb era impagable.

    Alguien se imagina si hubiese seguido la tradición de la traducción del doblaje latino? Por ejemplo, bola de dragon…sería algo así:

    Quitando el detalle d q hay trozos q no estan ni doblados y se oye la versión japonesa (creo), uno espera q en cualquier momento salga cantinflas. Q chorrada, pq todo el mundo en aragón sabe q son goku es catalán de toda la vida (concretamente de mollerussa).

    Un saludo

  5. Me lo he leído todo porque estoy así de enferma y no quiero irme a dormir, pero ver el pedazo post así, de repente, la verdad es que asusta. Por su envergadura, digo. El tema es colosal.

    La verdad es que yo nunca fui muy fan de He-Man, pero sí perdurarán por siempre los anuncios navideños de sus muñecajos, especialmente el del castillo ese que echaba Blandi-blú sobre el prisionero atrapado en la trampa de las mazmorras.

    La película es jodidamente mítica y debería haber más largometrajes de ese pelo, joder. Mejor que un argumento poco original que haga aguas es uno absurdo que viene ya medio hundido. Y si tiene jambos musculosos, pues mejor.

    Pues eso, que ¡Buen Destino!

  6. Para Julius: sí, lo de Shera, Heman y Barbie lo llevaba todo Mattel, de modo que imagina. La serie de Shera tenía su propia línea de juguetes pero era para chicas (???). Otra cosa son los cross-overs descerebrados que proponía mi hermano (“Pídete a los reyes el baño-glamour de Barbie para los másters”). En fin…

    Para Joan: sí, en los ochenta, el acento sudamericano era una constante en los dibujos. No obstante, estos no eran los más escandalosos ni de lejos (échale un ojo a Mazinger Z y verás a Koji Kabuto hablar como un mariachi). En cuanto a lo de las traducciones autonómicas, sí, Dragon Ball hay que verlo en catalán, euskera, gallego o en japonés (se entiende esencialmente lo mismo) porque en cristiano es infumable. Y ya, de paso, me cago en el Mundo de Tinieblas, en Terry Pratchett y en el World of Warcraft (hacía días que quería decirlo, no va dirigido a nadie en concreto).

    Para Arsch: ¿verdad que sí? Sin esta gente, la vida no habría sido la misma ni de coña. En su momento estuve tentado de hacer un juego de rol de los másters pero me faltaba experiencia (ya llegarían las “grandes” empresas planetarias) y chocaba con que eran todos demasiado definidos y faltaba algo tipo “máster genérico”. En cuanto a la peli, tú lo has dicho: colosal. Además, la vi hace poco y me sorprendió el hecho de que no fuera un truñaco (ocurre mucho con lo que te gusta de joven), que se viera en un rato (¡una hora y cuarto, joder, a ver quién tiene huevos de hacer una peli así ahora!) y que encima resultara entretenida (¡Skeletor era malo malo y He-man, a pesar de ser el bueno, molaba!). Gracias por tu paciencia (yo ahora no puedo decir lo mismo durmiendo tres horas por noche).

    Buen destino a todos.

  7. Muy buen Post, cuantos recuerdos.
    Yo me alquilaba los VHS cuando era nano, y teneis razón…no entendía porqué hablaban raro.

    Si en Dragon Ball llegan a hablar así me cago en todo.

    Dos apuntes:
    1-No has dicho nada de las monturas, que eran exactamente la misma para Skeletor y para He-Man, una verde y la otra morada. Sería cutre pero era una figura cojonuda.
    2-¿Dices que no había figura de la hechicera? Yo tuve una figura del aguilucho, que además le dabas a un boton y movía las alas.

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