LA VOZ DE SU AMO

Inulvania siempre había tenido problemas para distinguir entre sus héroes y sus monstruos. Antoine Distrikovsky, el presidente vitalicio (lo que en cualquier otra parte sería un tiranuelo o un dictador de medio pelo), era un buen ejemplo de ello.
Había comenzado su carrera en plena Era Stalin, en un gulag de Siberia Oriental. Se sabía muy poco sobre su vida anterior pero no cabía duda de que si alguna vez había albergado algo parecido a sentimientos humanos, se lo había dejado en su helado lugar de trabajo.
Distrikovsky tampoco conservaba amistades muy antiguas. Aunque había estado presente en Inulvania practicamente desde su fundación, se había deshecho metódicamente de sus allegados cada dos por tres para ahorrarse conspiraciones, traiciones y demás. Los más parecido a amigos que tenía eran los diversos cargos militares que duraban lo bastante como para poder acordarse de sus caras. Solía saludarlos con un escalofriante “Hombre, Mijail, qué alegría verte. Pensaba que te habían fusilado ya”.

dictador1

Había accedido al poder en 1980, durante la secesión de Inulvania y desde entonces había llevado el país con mano de hierro y guante de lija, como gustaba decir.
Sus enardecidos discursos y su obsesión por la seguridad del estado habían provocado en la población un estado de sumisión horrorizada. Posteriormente, después de la segunda “purificación interna”, a los inulvanos se les habían hinchado las narices y habían cambiado su ánimo a una hirviente indignación horrorizada.
Cuando en 1981, Antoine Distrikovsky encontró en su dormitorio el cadáver de una cabra chafada (posteriores investigaciones de la recién creada KGW demostraron que el animal había sido arrojado primero desde lo alto del kremlim y luego introducido ilícitamente en su palacio) y una pintada con sangre en la pared donde se leía en correcto cirílico “No nos toques los smolenskos”, el gobernante comprendió que a lo mejor le convenía ser un poco más amable con sus súbditos o acabaría como la treintena de guardias que habían amanecido con la cabeza hundida a cantazos.
Desde entonces, el pueblo inulvano le había cogido un cierto afecto horrorizado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: