EL ÁRBOL DE LA SERPIENTE (V)

Después de tantos milenios de cautiverio, el contacto con el exterior abrumó a Zachaon-Hiss-Ska´ak. Sus sentidos mortales hacía tiempo que se habían apagado pero conservaba otras capacidades más sobrenaturales para percibir lo que le rodeaba.

Intentó encogerse de hombros y estirarse sólo para darse cuenta de que no tenía un cuerpo que desentumecer. Incluso intentó chasquear su inexistente lengua bífida antes de darse cuenta de que no tenía necesidad de beber un vaso de agua. Ahora era un espíritu incorpóreo, poco más que una nube de humo, que se agitaba sobre los restos humeantes del árbol que había sido su prisión durante incontables siglos.

almas A su alrededor podía ver un centenar de almas brillando como velas en la oscuridad. Ya no tenía un olfato que le permitiera apreciar el hedor del pantano mezclado con el humo alucinógeno pero podía sentir las oleadas de éxtasis que salían de aquellas almas simples y toscas entregadas al placer elemental de la lujuria. Zachaon-Hiss-Ska´ak no podía saber si todo aquello formaba parte de un ritual destinado a liberarle o era todo pura casualidad. La escasa atención que parecían prestarle le hizo decantarse por la segunda opción.

¿Cuánto tiempo había pasado dentro del árbol? ¿Mil años? ¿Diez mil? No podía saberlo. Su encierro había sido mucho más complejo que un simple calabozo: su alma había estado fragmentada y dispersa por una veintena de planos exteriores. El árbol cubierto de runas y glifos estaba anclado en el plano material y actuaba como sello mágico que impedía que los restos de su espíritu se reunieran de nuevo. Se preguntó qué clase de cataclismo había sido capaz de echar abajo las protecciones que los antiguos hombres serpiente crearon para mantenerle atrapado. Notaba su mente ligeramente anquilosada, como si se acabara de despertar de un largo sueño después de haber comido demasiado.

almas2 Intentó proyectar su mente sobre el mundo para examinarlo y su sorpresa fue mayúscula: ¿dónde estaban los Hombres Serpiente? ¿Acaso las razas esclavas se habían sublevado? Usgarakh la Majestuosa, el hogar del Rey Cobra seguía allí pero en su interior se movían unos pálidos insectos de orejas puntiagudas. Las montañas estaban horadadas por túneles y minas pero en ninguno de ellos había un capataz escamoso dando latigazos a los esclavos. Por doquier medraban razas de sangre caliente carentes del necesario miedo a los hombres serpiente, millones de promiscuas criaturas que ensuciaban el mundo con su presencia. ¿Cómo habían podido sustituir a sus amos? ¿Y dónde estaba la enorme fauna primigenia del mundo que él conocía? ¿Tanto había cambiado el mundo? ¿Tanto tiempo llevaba perdido en la inmensidad?

Entonces recordó que, después de todo, no se llevaba bien con los demás hombres serpiente. El motivo de su encierro había sido que había perdido una guerra contra el resto de su civilización y, al verse incapaces de acabar con él, le habían metido allí donde jamás pudiera salir. Aunque los huesos de sus enemigos fueran polvo desde hacía años se juró a sí mismo que justificaría sus temores: haría del mundo su feudo. Y esta vez nadie le detendría.

Observó de nuevo aquel mundo extraño para él y sintió una presencia familiar. El rastro de almas devoradas, muerte y destrucción que recorría aquellos reinos jóvenes sólo podía deberse a una vieja creación suya: la Obliteradora. Si el arma demonio había sobrevivido al paso de los eones, el primer paso de su plan era hacerse con ella. Sin duda, las primitivas criaturas que ahora poblaban la tierra serían conscientes de su poder pero totalmente incapaces de utilizarlo en condiciones.

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Claro que para hacerse con la Obliteradora necesitaría un cuerpo físico. Fijó de nuevo su atención en las almas que señalaban a los seres que le rodeaban buscando un receptáculo en condiciones. Aquellas almas eran débiles en comparación con las de los hombres serpiente pero tendrían que servirle hasta que encontrara un cuerpo mejor.
Una de ellas brillaba ligeramente más que el resto: uno de aquellos seres infectos permanecía sentado en una enorme piedra sin participar en la orgía. Su aura aumentaba y disminuía erráticamente como si no tuviera mucho control sobre ella. Y, curiosamente, era el único de los presentes que parecía verle con sus ojos enrojecidos y vidriosos.

Un practicante de magia” pensó Zachaon-Hiss-Ska´ak. Si hubiera podido, habría sonreído.

El espíritu de Zachaon-Hiss-Ska´ak se alzó entre la humareda que surgía de la enorme hoguera de los orcos y planeó un instante sobre aquella bacanal antes de abatirse sobre un cada vez más inquieto chamán orco:

-¡Eres mío!-rugió Zachaon-Hiss-Ska´ak en su cabeza.

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3 comentarios to “EL ÁRBOL DE LA SERPIENTE (V)”

  1. uiiii pos no se porque siento mas pena si por el chaman orco que estaba tan contento y feliz: drogandose y haciendo fiestas permanentemente, en el berengenal en que se va ha ver envuelto o por Zachaon-Hiss ( ¡¿como puñetas se pronuncie eso?…), que parece una tia de lo mal que escoje ..yo pensaba que se iva quedar con el exjefe de Colmillo de Jabali ( es mas fuerte y piensa con cabeza clara ¿no?)

  2. Joan El Misericordioso Says:

    Hum…ha elegido meterse en el cuerpo dl q iba más ciego, no? digo yo q todos haríamos lo mismo.

  3. Hubiera sido gracioso que poseyera a la Srta. Ullag, a ver como se desenvuelven las hostias alrededor de tanta fiestaka. Me parece que el Hombre Serpiente va a acabar por echar de menos su cautiverio. Allí al menos no podían darle hostiazos.

    A seguir con la fiestaaaaa

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