UNA VEZ, EN UNA TRIBU…

Sucedió hace mucho tiempo…

Fue al final del Invierno del Venado Podrido (llamado así porque la tribu encontró en su deambular una manada de ciervos muertos en una ciénaga y ese fue el menú principal durante la estación de las nieves) cuando Grutolg la Obesa fue al corral de los cachorros y se encontró que el más fuerte y prometedor de todos ellos estaba muerto y casi devorado por completo por los demás. Un cachorro de orco muerto no era algo raro durante el invierno (las propias madres sacrificaban a los débiles para alimentar a los fuertes) pero el hecho de que un orco joven y fuerte de casi dos años hubiera caído en manos de sus hermanos y hermanas, algunos de los cuales apenas gateaban, era algo fuera de lo normal. Gutrolg supuso que la joven orca que se mantenía apartada de los demás mordisqueando un brazo del muerto al lado de una gran piedra ensangrentada tenía algo que ver: era la hermana melliza del muerto y, como éste, no tenía nombre (ningún orco recibía su nombre hasta que salían del corral). Aquella joven orca era algo más baja que su hermano muerto pero seguía siendo más alta que la media. Tenía unas extremidades gruesas y poco femeninas.
Gutrolg se preguntó para sus adentros si valdría para parir buenos orcos. Finalmente, tras cruzar sus ojos con los de la criatura, que mascaba un trozo de carne con la boca abierta, decidió darle una oportunidad.

2400928665_eeb10ea406El principio de la primavera trajo una nueva generación de orcos. Los cachorros que ya llevaban dos inviernos en los corrales ya eran lo bastante grandes como para salir e integrarse en la tribu. Los machos fueron distribuidos entre las partidas de guerra como porteadores y las hembras quedaron a cargo de Gutrolg la Obesa. De entre todas las jóvenes hembras, aquella orca alta y desgarbada sobresalía más de una cabeza entre las demás. La habían llamado Ullag, para distinguirla de Ollag, Ellug, Ullog, Illig y Ullig (Gutrolg carecía de imaginación) y su tamaño la hacía un blanco fácil de la ira de Gutrolg cuando necesitaba desahogarse con alguien.

Gutrolg la Obesa, como matrona de la tribu, se encargaba junto a otras orcas adultas de educar a las nuevas generaciones. Pasaban los días en el bosque recogiendo bayas o leña , en la orilla del río recogiendo arcilla para elaborar toscas vasijas, en el poblado cuidando a los cachorros y un sinfín de tareas destinadas a convertirlas en orcas adultas. Tenían de tiempo hasta el verano, momento en que el jefe de la tribu, Gastrombullag, se encargaría de desflorarlas y bendecirlas con su primera camada.

En todo ese tiempo, Gutrolg no perdió ocasión de torturar a Ullag. Con frecuencia le rompía las vasijas recién hechas, le tiraba al suelo las bayas que había recolectado o la empujaba al río cuando iba a pescar o a buscar arcilla. Los orcos odian el agua. Además, la Obesa siempre llevaba un palo con el que castigar a sus alumnas por cualquier falta, real o imaginada. Y lo utilizaba tan a menudo y con tanta fuerza que tenía que reemplazarlo con frecuencia.
A diferencia de las demás jóvenes orcas, Ullag hablaba poco. Su voz era poco más que un gruñido grave y profundo. También era sorprendentemente fuerte aunque una hembra de dos años no era rival para Gutrolg. Gutrolg pesaba casi noventa kilos y era un chiste corriente en la tribu asegurar que era más fácil sobrevivir al pisotón de un gigante que a una noche de pasión con ella. La vieja hembra se divirtió demostrando a Ullag que no podría con ella si se le ocurría tomar represalias.

La tribu fue atacada a principios de verano.

Card_2005516_68nPoco antes del invierno, cuando los goblins se habían retirado a Gorgal-Tum, el bosque había quedado a merced de los orcos. Y fue entonces cuando Kroggar, un feroz guerrero renegado de la tribu, había fundado su propio clan orco en el extremo norte del bosque, uniéndose a otros orcos llegados de muy lejos. Aquella nueva tribu se hacía llamar del Oso porque aseguraban tener la fuerza de aquellas feroces criaturas. Los orcos de Kroggar contaban con muy pocas hembras entre los suyos así que decidieron conseguirlas de la manera más sencilla y directa que se les ocurrió.

Ullag estaba enferma. Le dolían las entrañas de una manera extraña que nunca había sentido. Sabía muy bien lo que les ocurría a los orcos demasiado enfermos para valerse por sí mismos así que intentó disimularlo todo lo posible. Sin embargo, el ojo vigilante de Gutrolg la había descubierto demorándose un poco más de la cuenta al volver del río y la fiera matrona decidió castigar a la joven orca. Como ya se ha dicho, Gutrolg la Obesa carecía de imaginación.
Llevó a la orca enferma a su cabaña y allí se dispuso a eliminar de una vez a aquella jovencita tan problemática. Ató las manos de la joven Ullag con una correa y le rompió varios palos en la espalda a base de azotarla. Ullag estaba tirada en el suelo, respirando entrecortadamente y con la espalda magullada y sangrando por varias heridas. Sus ojos se abrieron de par en par al ver a Gutrolg sacar de la hoguera que ardía en el centro de la choza una daga calentada al rojo vivo.

Pero su hora no había llegado todavía. Al menos, quedó aplazada en el momento que en la choza entraron dos fornidos guerreros de la tribu del Oso, ansiosos de pelea y botín. Gutrolg intentó plantarles cara y se llevó un hachazo en el hombro. La obesa orca se derrumbó en el suelo prácticamente a la vez que el orco que la había herido se arrancaba el taparrabos y le saltaba encima. Ullag se preguntó si los gritos de Gutrolg se debían a la herida o a lo que le estaba haciendo el orco que, según sabía, era lo que le haría el jefe de la tribu si salía con vida de esta. El segundo guerrero orco del Oso, no obstante, parecía muy dispuesto a mostrárselo.

El guerrero orco sujetó a la joven Ullag con un pie contra el suelo y la tumbó de espaldas. Con las manos atadas, la orca poco podía hacer aparte de patalear y chillar y mover las manos. Vio caer a su lado el taparrabos del guerrero y no se sintió tranquila en absoluto cuando notó que le apartaba la túnica. Braceó desesperadamente buscando un arma y se quemó los dedos al encontrar el cuchillo al rojo de Gutrolg la Obesa.
La voltereta de Ullag, el chillido del orco que estaba sobre ella y el olor a carne quemada fueron prácticamente a la vez. Ullag retorció la hoja en la entrepierna de su adversario antes de afianzar las piernas y hacer toda la fuerza que pudo hacia arriba. El orco cayó sin dejar de gritar sobre la hoguera del centro de la choza levantando una nube de chispas y humo.
Gruñendo como un animal rabioso, Ullag se incorporó de un salto y se arrojó sobre el orco que estaba violando a su matrona. La daga subió y bajo una docena de veces antes de que el ardor guerrero que le quemaba el pecho se calmara un poco. Permaneció sentada sobre el cadáver del orco que aún permanecía sobre la enorme Gutrolg. La respiración de Ullag se calmó poco a poco mientras gruesas gotas de sudor le corrían por la prominente barbilla.
Con sorpresa, advirtió que estaba sangrando. Tocó la mancha roja que se iba extendiendo entre sus piernas y la olió inquieta.

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-Ahora…-le dijo Gutrolg con dificultad-ya eres una auténtica orca.

Ullag le dedicó una mirada fría y llena de ira.

-¡Tú ya no!-gritó levantando la daga todavía caliente.

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2 comentarios to “UNA VEZ, EN UNA TRIBU…”

  1. Joan El Misericordioso Says:

    Buuaaaah!!

    Toma precuela!!

    Eso lo explica todo!

  2. No es por na Joan pero lo unico nuevo de la entrada son las imagenes tan curradas que le ha puesto [ uhmmm creo que empiezo a ser veterana y resavia del blog 😛 ]

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