LUJURIA EN EL MANICOMIO

“Empujó la puerta con todas sus fuerzas pero no había nada qué hacer: se trataba de un sólido panel de seguridad totalmente invulnerable a los esfuerzos de cualquier persona por abrirlo desde dentro. Ahogó un gemido de espanto y se volvió.”

Tanya contempló el papel con satisfacción. Le gustaba como estaba quedando. Cogió el lápiz que estaba mordisqueando y tachó de un papel la frase “encerrada en la celda con un psicótico”. Solía apuntar sus ideas en papeles y luego las iba tachando a medida que las mecanografiaba en aquella vieja máquina Underwood.

“El hombre no estaba atado a la cama. Y en su prisa por correr hacia la puerta de la celda de seguridad había olvidado por completo suministrarle la inyección calmante.
Le había quitado la correa del brazo izquierdo, le había levantado la manga y le había preparado la vena pero no le había pinchado”

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Dejó que su mirada vagara por la habitación. Los muebles eran sencillos y el único adorno era una foto colgada en la pared de su boda concertada con Piotr Kowalsky junto a la ventana, casi permanentemente cubierta de hielo y nieve. Aunque ella se había cambiado su nombre original y nacionalizado en aquel pequeño país, Tanya pertenecía a un lugar muy diferente.
Había nacido en Ecuador hacía casi treinta años pero a los veinte fue comprada por el gobierno inulvano como parte de su plan de “reproducción demográfica”. Miles de mujeres de diferentes nacionalidades habían sido enviadas a aquel país para casarse con inulvanos y procrear. Puesto que habían sido compradas legalmente, no había mucho que pudieran hacer.

“Sólo manteniendo a aquel hombre permanentemente sedado podían controlarle. Era un asesino múltiple con tendencias psicótico-caníbales y no servía cualquier sedante. Sólo una inyección de un poderoso derivado de la ketamina lo mantenía bajo control pero era un producto tan fuerte que cada inyección debía aplicarse justo cuando remitieran los efectos de la anterior. Lo había hecho infinidad de veces, tantas que se había confiado demasiado.
Maldijo para sus adentros al ver a aquel hombre arrancarse la otra correa con su musculoso brazo”

Su marido no era mala persona pero sí bastante aburrido. Trabajaba en el sanatorio mental de Rostropovich y como aquel lugar estaba en medio de las montañas, vivían en una casita cercana sin otra compañía que dos grandes perros y sus dos hijos pequeños.
Puesto que las compras se las traían desde Takovni, Tanya tenía muchas horas vacías que llenar y había descubierto su faceta literaria escribiendo novelas pornográficas.

“La mirada que le dirigió aquel hombre la aterrorizó. Sintió el corazón intentando salírsele por la boca y latir furiosamente contra sus pechos. Estaba casi segura de que su bata subía y bajaba al ritmo de los martillazos que sentía en su interior.
El hombre se incorporó en la cama sin dejar de mirarla. Era increiblemente musculoso. Habían hecho falta cuatro enfermeros para lograr encerrarlo y dos habían resultado heridos.
Era como un animal salvaje e indomable”

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“A pesar del terror que sentía no pudo evitar fijarse en el pantalón del pijama del hombre: una enorme erección la encañonaba como una pistola. Sabía que uno de los efectos secundarios de las inyecciones incluían aquel tipo de síntomas. También podía ser causa de la abstinencia forzada o una simple erección matutina. Se sorprendió de tener la mente tan clara a pesar de su poco envidiable situación: estaba encerrada en una celda con un loco peligroso, no en un examen de la facultad. Para su desconcierto, descubrió que estaba inexplicablemente excitada.”

No había publicado nada todavía pero sabía que su marido conocía a un editor. Se daba cuenta de las dificultades que podía entrañar publicar pornografía en un país tan militarizado pero no perdía las esperanzas. En sus fantasías, su novela era todo un éxito y era trasladada a la gran pantalla. Había pensado incluso en qué actores quedarían bien.
Su hija de año y medio, la pequeña Irina entró en el cuarto abrazando su muñeca de trapo. Llamar muñeca a aquel engendro recosido un millón de veces era algo exagerado pero al menos Tanya podía alimentar a sus hijos a diario y mantenerlos calientes y a salvo. Incluso irían a un colegio (militar, por supuesto) cuando fueran más mayores, algo que no todos los inulvanos podían permitirse.
Pero Tanya quería que sus hijos tuvieran algo más. No le acababa de gustar la idea de engordar el censo de aquel país de tres al cuarto que había comprado su vida.
Aquella novela era su billete para salir de allí. Para ella y para sus hijos. Y quizás para su marido.

Tanya se pasó la lengua por los labios. Sentía su inspiración burbujeando como una olla al fuego. Cuando estaba así podía pasar horas enteras llenando folios sin descanso aunque sus hijos y las tareas del hogar raramente se lo permitían. Iba a dar rienda suelta a sus más tórridas fantasías. Iba a hacer que su protagonista temblara de placer hasta gritar. Iba a conseguir que…

-Mamá, caca-dijo la pequeña Irina tirándole de la falda.
-Mierda-fue su respuesta.

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8 comentarios to “LUJURIA EN EL MANICOMIO”

  1. Hermesh Says:

    Solo voy a hacer 4 comentarios:

    1 Inulvia es un país increíble para vivir, todos sus habitantes están locos y posiblemente sean hijos del Gabriel primigenio.
    2 No tengas hijos, te joderán la vida
    3 Siempre que me imagino un loco con el pene erecto, no se pq me imagino a Lucho, por lo que se ve a Gabri le pasa lo mismo.
    4 Vota Leonis en la lucha, el se lo merece mas que Gabri.

  2. pelonido Says:

    Agradezco tu campaña a mi favor, querido Hermesh. Espero que no tenga segundas intenciones de acuerdo con las costumbres belgas.

  3. JoanElMisericordioso Says:

    Sin duda, el cuento tiene su morbo.
    Una vez más, nuestro querido blogger nos ayuda a sumergirnos en los intringulis de la mente femenina: no hay nada más fantasioso q ser montada cdo una no quiere…yo no queria, eramos solo amigos, no se como pudo pasar, ellos eran 5 y m apuntaron con sus pistolas no tenia otra opción…

  4. jajajajajjajaj ¡¿calmantes para que?!
    Toda la fuerza de un hombre pasa por el mismo centro, asi que…solo hay que dar en el centro…o por las buenas (como es el caso) o por las malas con una patada (cuando es tu centro el que no tiene ganas) jajajajajajj

  5. Sois una panda de degenerados.

    En serio… ¿me puedes mandar la novela al mail? no es para mi, es para un amigo…

  6. Curiosa combinación de historia dentro de historia con historieta paralela. La verdad es que ha estado bien. Las tres partes.

    ¿De qué coño de votaciones habla Chabito?

  7. Gracias.

    Pues, teniendo en cuenta que su comentario es de mayo de 2007 (oooh, os la he vuelto a colar), creo que se refiere al Gran Torneo Galáctico aquel en el que (como siempre, hay que decirlo) te llevaste el gato al agua.

    • La reposición de viejos éxitos me permite redescubrir las chopecientas historias que por una razón u otra no me leí en su tiempo.

      Para el 2012 espero haberme leído por este método todos los relatos de orcos que me he saltado estos años.

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