NOCHE EN EL PANTANO

Anochecía y un viento frío que anunciaba el otoño soplaba en el pantano del Tejón Cornudo. El verano había sido largo, cálido y violento para los orcos de la recién creada Tribu del Pantano y el viento traía los gritos y ruidos de su poblado en el otro extremo de la ciénaga.
pantano La tribu había nacido de la unión de los supervivientes del Colmillo de Jabalí y el Tejón Cornudo y tras varias luchas internas empezaba a actuar como una unidad. El invierno actuaría como prueba decisiva para que los orcos trabajaran en equipo por la supervivencia y la tribu podría dedicarse a las incursiones y el pillaje si lograban superarla.
No había sido fácil. El antiguo jefe del Tejón Cornudo, Tripchung Cabeza Enferma, había sido depuesto a la manera orca (violentamente) pero la nueva tribu no había aceptado el liderazgo de Karg, el caudillo del Colmillo de Jabalí. Varios orcos candidatos al puesto habían intentado sin éxito unir a las dos facciones.
Las hembras, sin embargo, sí se habían hecho amigas rápidamente. Con Madre Ullag como relaciones públicas habían comprendido sin dificultad que les iría mucho mejor con ella al mando, tanto más después de que ahogara en el pantano a un orco borracho que intentó propasarse demasiado con Guki Mejilla Asquerosa. Las hembras se dedicarían a criar a los cachorros y simplemente esperarían a que los demás orcos se pusieran de acuerdo en quién mandaba. De momento, un violento orco llamado Gruenab parecía estar ganándose el apoyo de los demás orcos mediante una simple combinación de amenazas y ultra-violencia.

orc_chicks

El nacimiento de la Tribu del Pantano no había estado exento de sacrificios. Varias purgas internas habían acabado con numerosos orcos que no encajarían en el nuevo orden (o que estaban en medio en el momento en que se declaró una caza de brujas).
Bastardo era uno de ellos. El semiorco había sido un trofeo de la Tribu del Colmillo de Jabalí, el hijo de una prisionera humana al que se aceptaba como un símbolo de la superioridad orca. Sin embargo, los orcos del Tejón Cornudo eran bastante supersticiosos y no estaban dispuestos a aceptar a un mestizo entre ellos que pudiera provocar las iras de los dioses del pantano.
Druat había sido otra expulsada. En realidad, las intenciones de la nueva tribu respecto a ella eran la de darle una función útil para una hembra flaca, fea y estéril: de plato principal en un festín de hermandad. Sin embargo, a pesar de sus taras, Druat sabía pelear. Y tenía las piernas lo bastante ligeras y la cabeza lo bastante despierta como para poder escapar de los, a menudo ebrios, orcos del Pantano.

raices A pesar del frío creciente, el interior de la madriguera era cálido y acogedor. Estaba escavada bajo las raíces de un enorme árbol que crecía junto al agua, dejando varios huecos por los que entraba el aire fresco y salía el humo.
En su interior flotaba un fuerte hedor a orina a duras penas sofocado por la pequeña hoguera que ardía en el centro de la estancia.

Mal olor”, pensó para sus adentros Druat pinchando un escarabajo del tamaño de su puño en un palo y acercándolo al fuego, “nadie cerca árbol”.

La orina era de un masticador gigante, probablemente la criatura más temible del pantano, que había marcado el árbol como parte de su territorio. El masticador, con sus doce metros de largo y su enorme boca llena de dientes afilados donde cabían dos orcos enteros, era probablemente el ser más peligroso de la ciénaga y ninguna criatura se acercaría a menos de veinte metros de un lugar donde pudiera encontrarse con él.
Druat y Bastardo habían elegido aquel lugar para ahorrarse la mayor cantidad de encuentros desagradables posibles. Siendo sólo dos orcos desterrados carecían de la fuerza necesaria para enfrentarse con éxito a muchos peligros del pantano. Viviendo bajo las meadas del masticador sólo podían tener un problema (que, sin duda, sería el último) y según el punto de vista orco, un problema siempre es menos que muchos problemas. Bastaba con tener un poco de cuidado y trepar a un árbol muy alto cuando el suelo empezaba a temblar.
Hoguera%5B1%5D La orca pinchó otro enorme insecto en un palo y lo clavó en el suelo junto al fuego. Bastardo había salido a cazar algo por su cuenta pero con lo inútil que era para esos menesteres lo más probable era que volviera de vacío. En una tribu convencional, Bastardo o Druat ya habrían sido eliminados. Sin embargo, habían logrado sobrevivir al verano pescando, cazando y recolectando frutos. La propia Druat había pensado más de una vez en abandonar al semiorco a su suerte ya que ella sabía sobrevivir por sí sola. Sin embargo, al ser una hembra medio raquítica y estéril siempre había estado sola, incluso en su antigua tribu, y no quería volver a ese estado de cosas. Le gustaba como olía Bastardo y se habría sentido muy sola si por las noches no hubiera estado aquel mestizo flacucho tendido a su lado calentándole el costado.
Una sombra tapó el agujero de entrada y Bastardo entró en la madriguera. Iba hecho una pena, todo empapado y cubierto de púas. Druat no tuvo que mirar sus manos vacías para saber que aquella noche cenarían insectos otra vez. No era un problema ya que eran buenos, grandes y abundantes pero en invierno no serían tan fáciles de conseguir y Bastardo había prometido volver con algo de carne.

El semiorco se derrumbó junto al fuego con una expresión de disgusto oscureciéndole el rostro. Para los estándares orcos, Bastardo era bastante feo. Tenía una mandíbula huidiza poco resistente a los puñetazos y, a diferencia de los guerreros normales, eran sus colmillos superiores y no los inferiores los que asomaban de su boca. Aunque su cuerpo delgado y fibroso era fuerte comparado con Druat o la mayoría de humanos, carecía del volumen muscular y la resistencia de un verdadero orco. Todo eso por no mencionar su ridícula voz atiplada, demasiado gutural para los cánones humanos y totalmente afeminada para los orcos.
El mestizo había logrado sobrevivir en su tribu gracias a un crudo invierno en el que el Colmillo de Jabalí había sido diezmado por una incursión enemiga. La necesidad de nuevos guerreros había sido tal que habían permitido crecer a cachorros como Bastardo, que en otras circunstancias habrían sido sacrificados sin piedad como alimento para los demás. Con los años, Bastardo se había convertido en el último entre iguales, un guerrero armado con las armas torcidas que nadie quería y que en las incursiones solía ocupar un innoble lugar en la retaguardia donde no molestara.
Con un suspiro, Druat se sentó tras él y le empezó a quitar púas de la espalda.

La vida de la hembra no había sido más fácil. Druat, cuyo nombre significaba “Serpiente”, había sido criada con las demás hembras pero cuando pasaron los dos inviernos necesarios para que se la considerara adulta descubrió que no podía quedarse embarazada. Tampoco era fácil seguir intentándolo porque era de una delgadez casi enfermiza con pechos poco generosos que no gustaba a los orcos, más aficionados a las hembras de curvas rotundas. Y cuando Madre Ullag empezó a olisquearla con disgusto no tardó en ir a parar al Festín de los Valientes, la salvaje purga a la que la tribu del Colmillo de Jabalí se sometía cada invierno. En el Festín, todos los considerados débiles (lisiados, viejos, enfermos…) debían enfrentarse al resto de la tribu con una regla muy simple: si lograbas cargarte a alguien, su vida pagaba la tuya. Druat había logrado sobrevivir a dos Festines eliminando en cada ocasión a un cachorro de pocos meses de edad (aunque el propio jefe Karg había logrado su puesto de jefe en uno de dichos festines a dentellada limpia, las heroicidades no eran del gusto de Druat). Después de aquello, había adoptado una vida vagabunda y parásita en pos de la tribu lo bastante lejos de Madre Ullag y alimentándose de lo que podía cazar y los restos que dejaban los demás orcos.

Junto con Bastardo y Enano (un orco que apenas llegaba a la cintura de los demás, producto del mismo invierno que el mestizo), Druat formaba la “ugruj” (escoria) de la Tribu del Colmillo de Jabalí, una carga por la que ningún otro orco se preocupaba, sin derechos ni nadie que les defendiera. Pero Enano había desaparecido hacía tiempo, después del ataque de un gigante que había hecho a la tribu del Colmillo de Jabalí unirse a la del Tejón Cornudo, y ya sólo quedaban Druat y Bastardo solos en aquel pantano.

Bastardo soltó un gruñido de dolor. Druat tiró la púa al fuego y lamió suavemente el hombro del semiorco hasta que éste dejó de gruñir.

-¿Cómo daño?-preguntó Druat reanudando su tarea.
-Pesca cerca planta mala-contestó Bastardo y añadió-Mal.
-¿No pesca?-preguntó Druat en su tono más comprensivo (no muy distinto del tono agresivo, el asustado, el triste, el alegre y el sensual, cosas de la expresividad orca) sacando otra púa especialmente clavada.
-No pesca-confirmó Bastardo.
-Bichos comida-Druat señaló los insectos asándose junto al fuego-No hambre aún.

Y para consolar a su compañero le acarició la oreja con sus estrechos labios emitiendo un suave ronroneo. Bastardo emitió un gruñido de descontento para hacerse el duro pero pronto se dejó hacer. Muy despacio, subió su mano hasta su hombro para ponerla sobre la de Druat.
La orca apoyó la barbilla sobre los nudillos de Bastardo y ronroneó de nuevo. Se acercó más a su cuerpo para transmitirle calor.

Una comadreja saltó desde un arbusto sobre una rata mordiéndole la nuca. Las dos alimañas rodaron por el suelo luchando a muerte ajenos al pantano que las rodeaba. No había maldad en aquel combate, sólo la ferocidad natural e inherente al ciclo de la vida y de la muerte.

Druat y Bastardo cayeron al suelo junto a la hoguera intercambiando caricias y húmedos lametones. Los orcos tienen unos labios demasiado estrechos para besarse. Las manos de Bastardo hurgaron bajo el chaleco de cuero de Druat buscando su calor y sus secretos.

En la ciénaga, un antílope arrancó una hoja de un arbusto y la masticó con gesto pensativo. Sus orejas se movían de un lado a otro escrutando su alrededor en busca de cualquier posible peligro.

PANTANO1

Cerca de allí, una serpiente se incorporó lentamente, en tensión. Considerando que quedarse al aire libre no era buena idea cuando caía la noche, el reptil se introdujo en su madriguera escondida entre la hierba.

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Y, a lo lejos, el masticador rugió al anochecer.

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2 comentarios to “NOCHE EN EL PANTANO”

  1. Joan El Misericordioso Says:

    Hehehe…muy chulo el simil final!

    Un abrazo gente

  2. Muy bueno si señor. Amor Orco… si es que.

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