BENEDICTO ULTIMATUS (2)

El teniente Worker sabía todo esto y nunca lo contaba. Después de todo, era un héroe. Los drallilitas eran un enemigo terrible y escaso a la vez así que, a ojos de la opinión pública corría un gran peligro en las misiones que le asignaban. Si bien en Darondara o en K-752 sí que había visto acción de verdad, después de aquello se había dedicado a servicios de guarnición y exploración en busca de un enemigo que nunca aparecía. Y no le parecía un mal cambio.
Johann Worker había nacido en la luna oceánica de Malory y había recorrido la CPO en una nave mercante. Algún tiempo después, la nave fue destruida por la flota con el cargo de saqueo y pillaje. Worker fue de los pocos supervivientes a los que se les permitió elegir entre alistarse en las Fuerzas Armadas o darse un paseo por el espacio. El resto era historia. Tenía previsto escribir sus memorias algún día. Preferiblemente cuando todos sus hombres hubieran muerto en acto de servicio y así poder contar cómodamente sus trapos sucios.

Aquel día parecía que podría sacar algunos capítulos interesantes para sus memorias ya que después de diez años de tranquila rutina las cosas se habían animado de nuevo.
El Comando U255 había sido desplegado junto con otras fuerzas en el planeta Catanis, un mundo cercano a su sol que alternaba grandes desiertos con pequeñas islas de frondosa vegetación selvática. Al parecer, los drallilitas se ocultaban en las junglas para atacar a los nativos recolectores nómadas que vagaban de un bosque a otro en busca de frutos, resinas, madera y otras sustancias vegetales en las que se basaba su economía.
Worker decidió ocultar a sus hombres en una de estas pequeñas selvas confiando en atrapar a los drallilitas cuando acudieran a ocultarse. Por desgracia, los guerrilleros llevaban ya algún tiempo esperando a que algún incauto se acercara a aquel oasis y cuando el Comando U255 entró en la espesura no pasaron ni cinco minutos antes de que una descarga de fusilería aniquilara a su vanguardia y a su retaguardia.
Junto con media docena de supervivientes magullados, el teniente Worker se retiró hacia las dunas donde su armamento superior les permitió mantener a raya al enemigo y acabar con su persecución. Al menos si dejaban de saquear a los muertos y se decidían a perseguirlos.

Asomó su cabeza por el borde de la duna. En varios cientos de metros no se veía más que arena y la jungla a lo lejos. Suspiró para sus adentros dividido entre la posibilidad de retirarse en busca de refuerzos o intentar ganarse su reputación de héroe:


-¿Señor?-el soldado Jirwis apareció a su lado-Maiem está muy mal. Quiere verle.

Reputación de héroe, pensó Worker incorporándose. Menudo final de héroe: acabar en un agujero del desierto rodeado de sus últimos leales moribundos.
El soldado Maiem era uno de esos leales. B. Maiem había sido uno de los soldados que había acompañado a Worker desde la primera misión del Comando U255 y, probablemente, el último que quedaba aparte del propio Worker. Era valiente como un león y había demostrado su valía salvando la vida de Worker en dos ocasiones. Sin embargo, tampoco era muy listo y cuando los dos consiguieron un permiso y se fueron al planeta natal de Maiem, el soldado ni se enteró de que el teniente se estuvo cepillando a su esposa, su hermana y su cuñada. De hecho, según había averiguado Worker, los tres hijos que las mujeres habían dado a luz algún tiempo después tenían un pelo negro y unos ojos verdes sospechosamente parecidos a los suyos. Afortunadamente, Maiem no había reparado en el detalle (Worker solía llevar gafas protectoras y un pañuelo en la cabeza desde que la mujer de Maiem le envió un picto-mensaje que jamás contestó).

Por eso ahora se desangraba sonriente y feliz. Porque iba a morir junto a su teniente del alma, el único amigo que le quedaba con vida y, sin duda, la persona por la que más a gusto daría su vida: el tío que se había follado a su esposa, su hermana y su cuñada.

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4 comentarios to “BENEDICTO ULTIMATUS (2)”

  1. Me encanta, me cae bien el tal Worker, ojala le vaya bien, aunque conociendote pocas posibilidades tiene.

    Saludos.

    • Ajá. Eh… um… bien, no sé qué decir sin desvelar nada del final. No obstante, encontrarás como dato gracioso que el teniente está inspirado en cierto personaje conocido tuyo. Puede que cuando termines la historia digas “Coño, si esta me la contaron pero…”.

      Por cierto, dentro de no mucho hablaré de orcos de nuevo. Y ojo que he dicho “hablaré de orcos” y no “escribiré una historia de orcos“.

  2. Ironías de la vida.

    Ese planeta Catanis me recuerda a algo y no sé a qué…

    • Ya ves.

      Pues entre mis proyectos inacabados (le quiero dar un poco de caña) está un “Cuento de Catán” tal cual. Naturalmente, pondré un dibujo del mapa.

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