BENEDICTO ULTIMATUS (y 3)

-Teniente-Maiem sonrió y un hilillo de sangre le corrió por la comisura del labio-De esta no salgo.
-No digas tonterías, Berger-el teniente se agachó a su lado y lo examinó por encima: la verdad es que estaba hecho una pena-Saldrás de esta, ya lo verás. Os sacaré de aquí como sea.
-Esos cabrones me han jodido bien-Maiem señaló con su mano destrozada las cuatro heridas de bala que adornaban su pecho-Yo estaré criando malvas muy pronto pero no se preocupe: es un buen final para un soldado.

El teniente Worker asintió en silencio. Si no recordaba mal, en Darondara, casi diez años atrás, Maiem se había visto afectado por la honda expansiva de una bomba ciclónica. Tuvieron que reconstruirle medio cráneo con placas de metal y ponerle un oído artificial. Se tiró cuatro años y medio de rehabilitación y quedó claro que en algún momento perdió un tornillo porque rechazó el retiro que le ofreció el alto mando y se reincorporó al Comando para sorpresa de todos. Desde entonces padecía lo que los psicólogos militares llamaban el Síndrome del Veterano (neurosis de combate, fatiga de batalla y delirios de grandeza) que le hacía meterse en los peores berenjenales posibles con el total convencimiento de que saldría ileso (el Alto Mando llevaba muchos años intentando provocar el Síndrome de forma artificial en sus propios soldados).
Menudo final para menuda vida.

-Mi teniente-Maiem tosió con un gorgoteo-Tengo que pedirle algo: llévele esto a mi familia, por favor.

Hurgó con los dedos de la mano izquierda en su camisa y se sacó un medallón manchado de sangre que llevaba colgado del cuello. Se lo arrancó con gesto teatral y se lo tendió al teniente. Worker lo cogió con cuidado: era un holo-proyector.

-Dígale a mi esposa que mi último pensamiento es para ella y para mi hijo-sonrió un momento respirando ruidosamente-Esa zorra quería ponerle Kwail, como el abuelo, pero yo la convencí de que lo llamara Johann, como usted, teniente.
-Vaya, no sé qué decir-contestó Worker mientras el resto de soldados se congregaban a su alrededor.

Pulsó el botón del holo-proyector y una luz azul formó la imagen del soldado Maiem y su familia. A continuación, empezaron a cambiar las imágenes y se sucedieron varias del soldado Maiem en acto de servicio, muchas veces al lado del teniente.


-Júreme que cuidará de ellos, teniente-jadeó Maiem en tono de súplica.
-Delo por hecho, soldado-contestó Worker mintiendo como un bellaco. Prefería mil veces un pelotón de fusilamiento que irse a un planeta de provincias a cuidar aquella familia de paletos por mucho que se lo debiera.
-Siempre ha sido como un amigo y un padre para mí, teniente Worker-Maiem sonrió de nuevo con gran esfuerzo-Y ahora, ¡máteme!
-¿Qué?-el teniente se quedó helado.

Era una táctica bastante corriente rematar a los heridos propios para que no cayeran en manos del enemigo, ya fuera por motivos humanitarios (para que no los torturaran) o prácticos (para que no los torturaran y revelaran algo de interés para el enemigo). Por toda la Armada corrían historias heróicas de soldados rematando a sus camaradas pero era de conocimiento general que eran más una invención del mando para proteger la información que hechos reales.
Worker, como todos los soldados, había matado gente. Sin embargo, tenía ciertos principios. Una cosa era disparar al enemigo en una guerra y otra muy diferente, darle la puntilla a un colega agonizante.

Jodidas historias de propaganda, pensó. Allí estaba la prueba tiroteada y sangrante de que al menos un pardillo se las había tragado.

Los demás soldados supervivientes se miraron entre ellos con gesto grave aunque en realidad estaban más que aliviados de que la china le hubiera tocado a Worker. Todos podían ser unos asesinos despiadados pero lo cierto es que el soldado Maiem les caía bien gracias a su risa fácil y su capacidad para conseguir alcóhol de contrabando.

-No me jodas, Maiem-dijo el teniente-No puedes pedirme eso.
-No quiero caer en sus manos, teniente-la mano destrozada de Maiem señaló en dirección a la selva-No quiero ser torturado para que me arranquen mis secretos.

El teniente estuvo a punto de soltar una carcajada al oír aquello. ¿Qué secretos podía ocultar Maiem si hasta la combinación de su taquilla era pública porque era incapaz de acordarse de cuatro dígitos? Casi le daban ganas de entregar a aquel tipo a los drallilitas a para ver qué eran capaces de sacarle.

-Estoy seguro de que podrás resistir todo lo que te echen-dijo Worker intentando quitarse el muerto de encima literalmente.
-No. Quiero estar seguro-insistió Maiem-¿Y si tienen sueros de la verdad?¿O máquinas electrónicas de interrogatorio?
-¿Quiénes?¿Los drallilitas?-el teniente alzó una ceja de sorpresa-Lo dudo, soldado. Eh… quiero decir, que los servicios de espionaje ya nos han aclarado que no, que tienen machetes y mosquetes. Y mierda, ya sabes.
-No podemos fiarnos. Venga, pégueme un tiro con su pistola.

Worker quería salir corriendo de allí. Estaba junto a un moribundo que le pedía que le rematara rodeado por sus últimos hombres. Si se negaba, quedaría fatal con todos y eso podría afectar a su reputación. Pero lo cierto es que no tenía cuerpo para rematar a Maiem aunque fuera un maldito idiota. Y de ir a cuidar a su familia, aún menos.

El soldado Jirwis le sacó de sus reflexiones al derrumbarse sobre la arena con un machete clavado en la cabeza. A continuación, un mosquetazo le levantó la tapa de los sesos al soldado Gumm. Casi instantáneamente, el borde de la duna se llenó de drallilitas desarrapados, armados hasta los dientes y con ganas de pelea.

-Menos mal que habéis llegado, hijos de puta-murmuró Worker aliviado y asustado a la vez.

AÑADIDO

El pequeño Tractocarro, después de honrarnos a mí y a mi familia con su cálida presencia durante cuatro años, finalmente ha cedido a los achaques de la edad y nos ha dejado. Esta historia está dedicada a él. Será muy llorado.
En otro orden de cosas, si alguna vez voy al Cielo de los Hámsters me lo voy a encontrar lleno de conocidos…

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5 comentarios to “BENEDICTO ULTIMATUS (y 3)”

  1. Siento lo de trastocarro, ai que ver como un animalito tan chico se le puede coger tanto cariño…trastocarro era mu guapo y se merece una pedazo de historia como esta (que te ha quedado genial).
    Por cierto seguro que el cielo de los hamster es mejor que el nuestro: habra comida, norias gigantes y un desorden apabullanten (¡yo me apunto!)

    • … y pipas. La verdad es que lo he pasado mal. Parece mentira, alguien de mi categoría echando lágrimas de cocodrilo de esa manera. En fin, días malos…

  2. hermesh Says:

    Tienes razón no es todo lo buena que debería, pero el final es sorprendente y es muy original, a veces eres demasiado duro contigo mismo.

    http://foro.flashup.com/foros/include/comun/visor_new.cfm?iddoc=171922&iimg=38517

  3. ¿Pero esto era el final de la historia y la moraleja es: “no comas chorizo” o hay más?

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