DOS AÑOS DESPUÉS (I)

NOTA PREVIA: Vale, vuelven los orcos. Esta historia está escrita como continuación de “El árbol de la serpiente” aunque se puede leer por sí sola. Incluyo aquí enlaces a todas las historias previas de orcos por si alguien quiere empaparse de cultura piel verde. Creo que no me dejo ninguna. Algunas tienen varias partes: los enlaces aquí son a la primera de cada una. Están en orden cronológico (que no de publicación).

Una vez, en una tribu
Navidades verdes
Élite de segunda división
Diez años entre los orcos
Toma de contacto
Amor orco (2 partes)
Los orcos de piedra
Vuelta al hogar
La caza del gigante (3 partes)
La caída de Gorgal-Tum (2 partes)
El árbol de la serpiente (7 partes)
Noche en el pantano

También hay algunos spin-offs que no tuvieron demasiado éxito:
La Obliteradora es un arma demoníaca que aparece de vez en cuando por mi multiverso particular. Existe en el cuadragésimo primer milenio del Warhammer 40.000 y está en el mundo de los orcos. Intenté escribir una historia con ella contada por un semielfo oscuro pero la escasa acogida que tuvo me disuadió de ello. “Oblitera que algo queda” tenía por protagonista a un enano del mundo de Warhammer pero perfectamente adaptable al mío. “El orbe de los sueños” es una historia de elfos en el mismo mundo aunque con poca conexión con los orcos.
Crónicas de la Obliteradora (I)
Crónicas de la Obliteradora (II)
Oblitera que algo queda
El orbe de los sueños

A lo que iba…

Tuvieron que pasar dos inviernos particularmente duros para que la Tribu del Pantano tuviera un nuevo líder. Se llamaba Ajj el Cabezón (a sus espaldas) y no era de la zona. Era un renegado de la Tribu del Oso que había llegado hasta los pantanos del Tejón Cornudo en busca de botín para su tropa de bandidos. Además de doce guerreros orcos, Ajj contaba con un ogro como aliado, Norg que había ayudado considerablemente en su campaña electoral.
Los orcos del Oso eran muy grandes y Ajj no era una excepción: le sacaba una cabeza por arriba a Madre Ullag y un palmo por cada lado. Se rumoreaba que su padre había sido un ogro, un gigante o un escarabajo pelotero (dependía de quién contara la historia).

La docena de recién llegados se había hecho rápidamente con el mando después de un par de sangrientas trifulcas en las que se ganaron el favor de las hembras, mucho más dispuestas a servir a guerreros fornidos y victoriosos que al resto de la tribu, más preocupada en pelearse entre sí cada dos por tres. Los nuevos habían traído por fin una cierta tranquilidad a la tribu y por fin podían sentirse a salvo.

Los dos años habían hecho mella en los antiguos miembros de la Tribu del Colmillo de Jabalí. Después de tanto tiempo de rencillas internas ya sólo quedaban un puñado de la tribu original y el tiempo empezaba a pesarles.

Karg gozaba aún de cierto prestigio entre los suyos pero era de conocimiento general que se estaba haciendo viejo y que probablemente no sobreviviría al próximo Festín de los Valientes. Cojeaba después de su oposición inicial a Ajj y perdía el aliento con frecuencia. Hacía muchos años que había perdido su mano izquierda precisamente contra la Tribu del Oso y no le hacía maldita gracia la nueva situación.

Madre Ullag, antigua alma de la Tribu del Colmillo de Jabalí, se mostraba considerablemente sumisa a su nuevo jefe, particularmente después de que éste y sus sicarios (Norg incluido) le propinaran una monumental paliza con palos y piedras para indicarle que no era apropiado que una hembra intentara intervenir en la toma de decisiones importantes. La habían tirado al pantano dándola por muerta y, aunque regresó hecha una pena y arrastrando un cocodrilo retorcido que la había tomado por su merienda, ahora se guardaba muy mucho de cruzarse en el camino del “Cabezón”.

Tizak estaba viviendo sus últimos años de veterano. Su habilidad guerrera y su conocimiento de los bosques le habían permitido ganar una posición de respeto entre los demás guerreros. Incluso había estado a punto de hacerse el líder de la tribu en una ocasión. Sin embargo, los guerreros más jóvenes le vigilaban de cerca. Aprendían de él tanto como podían y Tizak sabía muy bien que tarde o temprano emplearían sus enseñanzas para matarle. Su preciada espada ancha se había perdido hacía tiempo en el pantano y la había sustituido por una larga lista de armas oxidadas que nunca le duraban más allá de otra pelea.

* * *

La llegada de la primavera trajo una nueva generación de cachorros. Era la tercera desde que la Tribu del Colmillo de Jabalí se había unido a la del Tejón Cornudo y se esperaba que fuera la que borrara sus diferencias de una vez por todas.
Aquella camada criada en una zanja contaba con treinta y dos cachorros a punto de entrar a la edad adulta: doce hembras y veinte machos.
Entre los machos había uno al que llamaban Brasa debido a que sus ojos brillaban de vez en cuando. También hablaba a veces con una voz cavernosa y siniestra en una lengua que nadie entendía. Se había intentado fugar muchas veces pero todas y cada una de ellas había sido capturado por las matronas y, tras recibir un buen par de bofetadas, lo habían devuelto al redil.

Zachaon-Hiss Ska´ak odiaba aquel cuerpo verde y débil en el que estaba encerrado.

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2 comentarios to “DOS AÑOS DESPUÉS (I)”

  1. hermesh Says:

    Grande, ya no me acordaba de la historia ¡el pueblo quiere Orcos!

  2. ¡¡¡GLORIA!!!

    Al fin vuelven los orcos. Bien bien… promete ser un verano bélico y duro.

    enhorabuena por la historia, siempre generas expectación.

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