DOS AÑOS DESPUÉS (II)

Zachaon-Hiss Ska´ak maldijo su suerte por enésima vez la enésima vez que le pillaron fugándose por enésima vez. Tenía que largarse de aquel lugar de pirados al precio que fuera.

No siempre había sido un orco: miles de años atrás había sido un terrible hechicero hombre-serpiente que había puesto al mundo entero de rodillas. A través de una serie de peripecias que le costaba cada vez más recordar (quizás fueran los años que desbordaban su memoria pero tenía la inquietante sospecha de que el cerebro orco de aquel cuerpo no daba para mucho) había acabado poseyendo el cuerpo sin vida de un joven orco en medio de la orgía de fundación de la tribu. Sus antaño inabarcables poderes ahora estaban contenidos en un receptáculo verdoso y enclenque y, sencillamente, no había forma de usarlos.

Había intentado hablar. Podía hacerlo, desde luego, pero los orcos no entendían el alto ofídico. De hecho, cuando las hembras orcas le oían levantar la voz (“Doblegaos ante el Señor del Mundo Conocido, patéticas criaturas”) le daban un papirotazo para que se callase y no armara bulla.

También había intentado emplear su magia para doblegar a los orcos pero aquel cuerpo no era un buen catalizador de energías arcanas. Era como intentar vaciar un océano con una pajita y a lo más que había llegado era a llenar el corral de cría de un humo pestilente cuyo principal efecto había sido llevarse un papirotazo por hacer sus necesidades fuera de sitio.
Para más inri, sus ojos brillaban cuando intentaba emplear sus poderes y éste era el único efecto que apreciaban los orcos. Lo habían apodado “Faq” que significaba “brasa” en orco (no sin antes llevarse un papirotazo por hacer cosas raras) y eso le había resultado molesto.

Sí, le había resultado molesto. Lo peor de su encierro en aquel cuerpo era que no era fácil tener el cuerpo de un orco y no empezar a pensar como un orco. Se había descubierto en varias ocasiones jugando con los demás cachorros y cuando una mariposa se puso a revolotear sobre el corral de los cachorros se llevó un papirotazo por intentar seguirla con la boca abierta de asombro.

Con el tiempo, se había hecho un hueco en la jerarquía del corral. Ya sabía quiénes eran los más fuertes a los que no convenía molestar y quiénes eran los más débiles a los que podía robar la comida sin temor a represalias. Había aprendido a pelear sucio y a no demostrar debilidad pues los que no daban impresión de fortaleza solían acabar sacrificados por sus propias cuidadoras para alimentar a los demás.
Y sabía que él podía ser el siguiente: había ocupado su cuerpo dos años atrás. Cuando su espíritu fue liberado, la única mente medio aceptable que había encontrado fue la de un cachorro descalabrado junto al pantano cuyo corazón estaba a punto de pararse. Todas sus energías mágicas animaban aquella carcasa de piel verde y, aunque podían hacer que el cuerpo funcionara e incluso que creciera normalmente, era cuestión de tiempo que alguien notara que aquel cachorro no era normal.

No lo notó nadie. Y entonces llegó el Ferg Maaj, el ritio de iniciación a la edad adulta.

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Una respuesta to “DOS AÑOS DESPUÉS (II)”

  1. Bien, bien, bien, ya esta cerca la liada. En cualquier momento los matará a todos.

    Vamoooos!!

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