THE DICK WITH ONION

Quiero dedicar este post a Leonis que en su día me pidió escribir acerca del dolor. Creo que ya lo hice en su momento pero el hecho de que las cayenas tengan cierto protagonismo le dan cierta trascendencia.
Lavaos las manos después de comer. Antes puede que sea sano. Después puede ser vital.

Me explico:
estuve picando cebollas y me eché unas buena llorada (es duro trocear vegetales que te caen bien). Después de eso, comí y me fui a mear. No habían pasado ni diez minutos cuando empecé a notar un picor genital extremo sumamente desagradable (te vienen cosas a la cabeza como enfermedades venéreas, ladillas o piedras en el riñón) que me forzó a sacar brillo a algo más que a mis uñas.

En otra ocasión, estuve picando cayenas con las manos para un guiso. Después, mientras estaba comiendo, me froté un ojo con el dedo con el resultado de que empezara a escocer salvajemente. Rápidamente, me fui al baño a lavarme la cara… con las manos huntadas de guindillas. No podía ni abrir los ojos de lo que me ardían así que me vi forzado a buscar a tientas el jabón, lavarme las manos a ciegas y volver a lavarme la cara (con jabón, que después de las guindillas era agua bendita en comparación).


(esta imagen no viene especialmente al caso (seamos sinceros, pocas conversaciones se desmadran tanto como para que salga a colación una muñeca hinchable hermafrodita de cuerpo centáurico) pero es digna de haber salido en esta web en el celebrado artículo “Señoritas que se pinchan“)

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9 comentarios to “THE DICK WITH ONION”

  1. XD, yo tuve que disimular la risa porque lo estabas pasando fatal pero el día de la cebolla fue graciosísimo.

  2. hermesh Says:

    No sabía que las cebollas te pudieran hacer eso…
    La foto de la muñeca hinchable no tiene orecio

  3. Yo también desmenuzo las cayenas con las manos. Y luego me olvido de que lo he hecho. Craso error.

    Por lo menos, yo no tengo que tocarme los genitales para mear. Así que sólo me pasó lo del ojo. Y en los labios (los de la cara), que ahí sí que tardé un rato en caer por qué cojones me ardían tanto.

    Fatal.

  4. Esta señorita que se pincha es graciosa

  5. Se agradece la dedicatoria.

    De estas también me han tocado a mí. Recuerdo una vez que le unté al Wey el cubata con una cayena, y lo siguiente fue ir a mear. Exquisito.

    En fin, hay cosas que duelen

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