EN UN MERCADO PERSAAAAA…

Si al ciudadano medio le hablan de Persia, lo más probable es que le venga una alfombra a la cabeza (es lo mismo que Manila, que, por muy capital de Filipinas que sea, sólo exporta mantones). No obstante, alguno dirá que Las Mil y Una Noches están ambientadas allí y tendrá toda la razón del mundo. Persia es lo que ahora son Irán e Irak y de siempre ha sido una tierra de beduinos, mercachifles moros, camellos y palmeras. Y lo más emblemático y evocador que tiene es el videojuego que nos ocupa:

Año 1989. La industria del video juego atraviesa un momento mágico y crítico a la vez: ya no quedan argumentos originales (o eso pensaba yo con mis tiernos 10 años habiéndome leído un artículo al respecto en la Micromanía, mira tú qué me sabría yo). Entonces salió un juego ambientado en tierras morunas (porque habrá diferencias pero durante muchos años este juego fue “el del moro” por muy rubiales que fuera el protagonista): PRINCE OF PERSIA

La historia nos trasladaba a la antigua Persia. El sultán se había pirado y el malvado visir (siempre son malvados: no sé si es que los escogen así o que son muy tontos para no eliminar el cargo) Jaffar (cero en originalidad aunque no estoy seguro si el malo de Aladdín vino antes o después) rapta a la hija del sultán para obligarla a casarse con él o morir. El único que puede hacer algo es un héroe anónimo (que en ninguna parte dice que sea príncipe salvo en el título del juego pero que muy persa no parece con esas carnes rosadas y ese pelo rubio) que acaba en las mazmorras por listo: tiene una hora para rescatar a la princesa o todo se irá a la mierda. Adivinad el límite de tiempo que tenías para acabar el juego…

El juego fue un gran éxito en su día a pesar de su planteamiento chorra y argumento insulso debido a la increíble (para la época) fluidez de los movimientos del prota. Aunque su espada era un palitroque y tenía unos píxeles como garbanzos, daba gloria ver al tío correr, andar de puntillas, colgarse de los sitios (con mi primo comentábamos que tenía que acabar con las manos despellejadas de tanto encaramarse como una mona) y, por qué no, morir de formas horribles. Cuando tenía el día tonto me dedicaba a tirarme por precipicios para oír gritar al protagonista ante su inevitable muerte (tenías vidas infinitas: otro acierto) y cuando llegaba a una trampa que no había visto antes era imposible resistirse a meter un pie dentro a ver qué le pasaba al pobre hombre.

En 1993 salió una digna segunda parte en la que cambiaba el mono blanco del protagonista por un atuendo más principesco con turbante y todo y los escenarios se volvieron más variados (tejados, barcos, templos, playas, etc.). Por esa época fue cuando la vida me reclamó para otros menesteres y el juego quedó durmiendo el sueño de los justos para mí.
Desde entonces, han salido bastantes secuelas cada vez más salvajes y con argumentos más descerebrados (os invito a leerlas en la wikipedia porque a mí me da pereza transcribir semejantes follones) hasta la inevitable traslación a la pantalla grande (que ni ganas de verla pero manda huevos que para una vez que tienen la traducción fácil con el título…) en la que espero que el tío ande con pasos cortos para que no salgan los pinchos.

Hace poco encontré en la biblioteca la novela gráfica escrita por el autor del videojuego original. Os ahorraré rollos y os diré que es infumable: en lugar de hacer una historia de acción sencillita, resulta que es todo un embrollo de flashbacks en tres épocas distintas (creo) que no hay por dónde agarrar. Sobran personajes y falta claridad por todas partes (¿Agua para regar campos? ¿Tres hermanos? ¿Profecías? ¡Por Dios, que se trata de saltar de plataforma en plataforma!). Un truñaco. Y tiene gracia que diga esto porque el malo (creo que es el malo pero tampoco queda claro) está estreñido y sale en un par de escenas apretando a ver si le sale algo con la gota de sudoro escurriéndole por la sien.


CONCURSO “BIEN, SARTÉN”: Por diez mil millones de euros (cuidado, es coña como lo de la farlopa casera) ¿podrías distinguir al príncipe de Persia de un mongol y un elfo oscuro?

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8 comentarios to “EN UN MERCADO PERSAAAAA…”

  1. Has nombrado la palabra “Flashback”. Creo que por casualidad, pero está muy bien traida, porque había otro juego así llamado que bebía del “Prince of Persia”. Fluidez de movimientos y toda esa mierda…

    • Pues sí, ha sido casualidad. En la wikipedia sí menciona que el “Another World” salió a caballo de este y, posteriormente, el “Flashback” (que también tenía su gracia pero que mi madre calificó “de mal gusto” por llevar a un tío que tenía que conseguir un permiso de trabajo para currar y cosas similares).

      Pero para mi post ya vale con este…

  2. solo dire que en cuanto he visto el pantayazo del principe de persia e dicho:
    – Hostiaaaaa

    (y ma salio una lagrimilla y to)

    Que molaba el primero, el más cutre, menudo vicio le pille y trauma infantil que me agarré cuando mi padre en un castigo me quito los codigos del juego (que era pirata) y los quemo delante de mi ojos…¡eso si fue crueldad! nunca pude llegar a la pantalla final .

    • Que sí, que sí: en mi piso tenemos una versión “remasterizada” de la primera parte que, aunque está muy bien, falla en cosas fundamentales (como el combate, que de ser una cosa fácil y sencilla se ha vuelto aleatorio y desmadrado).

      Como el primero, ninguno.

  3. Este me gusta más..

  4. A ver si acierto con diferencias carcterísticas:

    Del mongol nos llevamos descojonando años en este pais y nadie piensa en que lleva dos espadas, sino un bote con dinero colgado del cuello; el principe se caracteriza por ensartarse multiples veces en unos pinchos puestos con muy mala idea (imaginate cuando llega el cartero a darle un recado a un guardia); y de un elfo oscuro se espera que baile con cimitarras y reparta aburridisimos mamporros.

    Me ha proporcionado mas alegrias el Mongol.

  5. Pues yo tenía un trauma con este juego que te cagas. Porque lo de las vidas infinitas no sé para qué formato sería, pero para PC cutre, yo tenía tres vidas, una que me encontraba por el camino, y aún así no me llegaba ni para alcanzar el tercer nivel. Vamos, que no hacía más que morir horriblemente. La princesa, o se murió de asco, o le dio para casarse y divorciarse veinte veces del visir, porque lo que es yo, no llegué a verla en mi puta vida.

    Pero sí que es verdad que el moñaco se movía bien, sí.

    Respecto al concurso, qué más da. Son todos intercambiables.

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