ANTIOQUÍA 200 A.C. (I de II)

Había llovido mucho durante los últimos dos meses. La orgullosa ciudad de Antioquía era ahora un cenagal inmundo lleno de casas derruídas y cadáveres flotantes que arrastraba la corriente. Más de la mitad de la población había muerto o se había marchado en busca de un sitio mejor para vivir. Se rumoreaba que al sur había un chiflado construyendo un barco enorme en el que pretendía guardar una pareja de cada especie animal.

Caía la noche bajo un cielo negro de nubes de aspecto amenazador. Había dejado de llover durante un rato y sólo en una choza de aspecto miserable brillaba una luz.

-Siento no haber predicho este diluvio-masculló el agonizante Okziflúrnides en su lecho de muerte.

La choza del profeta era de las pocas que todavía estaban en pie. Okziflúrnides había vivido mucho (doscientos diecisiete años atendiendo a sus propias mediciones) y después de haber visto muchas catástrofes naturales había sido sabio al establecer su morada en lo alto de una colina.

Okziflúrnides se moría. Una vela de sebo casi agotada iluminaba los rostros de los presentes con una luz mortecina. Ocasionalmente, las riquezas de Okziflúrnides soltaban un destello dorado pero nadie estaba de humor para ello con la que estaba cayendo.
Okziflúrnides había formado parte de la comunidad durante más de un siglo desde un lejano jueves de otoño en el que había llegado a Antioquía sin más posesiones que un viejo cofre de madera oscura. Era toda una figura política, social y religiosa hasta el punto de que ningún rey, jefe o cabeza de familia osaba mover un dedo sin su consentimiento. A veces tenía prontos muy malos (sobre todo cuando le daba por soltar sentencias que casi siempre acababan en lapidaciones) pero en conjunto toda Antioquía le tenía bastante aprecio. Además, era de conocimiento general que si aquellas lluvias eran cosa de la ira de los dioses, lo más recomendable era tener entre ellos a todos los iluminados posibles para que les guiaran.

Tres figuras observaban inquietas los últimos momentos del gran profeta Okziflúrnides.

-Rey Asalía-gimió el profeta haciendo un gesto con la mano-Espero que podrás disculparme de aquella vez que hice desflorar y sacrificar a los dioses a tus hijas prepúberes.
-Por supuesto, oh sabio Okziflúrnides-contestó el soberano-Tu voluntad ha sido siempre la de los dioses.
-Espero que en pago por tus estipendios puedas aceptar mis bendiciones-gorgoteó Okziflúrnides-Nada puedo dar al que ya lo tiene todo.

El soberano asintió con un gesto de la cabeza. El profeta cerró los ojos y tosió antes de hablar de nuevo:

-Isaac el Comerciante-llamó.

Un judío de nariz prominente dio un paso al frente sin dejar de mirar de reojo las pilas de monedas de oro que había a su alrededor:

-¿Sí, oh próspero Okziflúrnides?-preguntó.
-Quiero pedirte perdón por aquella vez que declaré que los judíos erais los culpables de la plaga de langostas y ordené lapidaros a todos-susurró el sabio-Sé que las incontables riquezas que alberga esta choza no podrán traer de vuelta a tus congéneres pero espero que les sepas dar un buen uso.
-El pueblo judío es sabio pero también sabe perdonar-contestó Isaac con una reverencia-Si no os importa, llamaré a unos primos para que vayan vaciando este cuchitril no vaya a ser que se lo lleve una tromba de agua.
-Haz lo que debas-sentenció Okziflúrnides.

El profeta apretó los dientes como si cada vez le costara más mantenerse consciente:

-¡Padre Mateo!-llamó de repente abriendo mucho los ojos.

¡CONCURSO SIN PREMIO!: Señalad las incorrecciones históricas de este cuento bíblico.

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2 comentarios to “ANTIOQUÍA 200 A.C. (I de II)”

  1. No estoy muy segura (bueno, más bien me da cosica fallar) pero creo que:

    + Las plagas son después del diluvio universal, y además la teoria es que son para liberar a los judios y no castigarles.

    + Jesucristo también es posterior y por tanto no existía la Iglesia católica, y a los “curas” judios se le llama rabinos.

    Sé que pone que no hay premio pero… quiero un paint! (si gano)

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