HACIENDO EL INDIO EN UNA BODA

Aunque luego nos recorrimos el país como quien dice sin querer, el objetivo principal del viaje a la India era la boda de Carlangas. Aunque la India alberga una buena cantidad de cristianos (200 millones, no es fácil encontrar eso en la vieja Europa con tanto luterano, testigo de Jehová y demás subsectarios y carne de hoguera), nuestra pareja prefirió el rito pagano hindú para llevar su amor a buen término.

Para ello nos emperifollamos adecuadamente ya que “donde fueres…” (aunque no deja de darme la impresión de que nos tomaron el pelo e íbamos disfrazados de árboles de navidad mientras los indios iban tan felices con sus vaqueros y camisetas). Como podéis ver, el resultado es una especie de reparto de obra de teatro de fin de curso de instituto cutrongo. En la tienda había trajes llenos de pedrería y cristalitos que, más que rozar la horterez, se sumergían en ella y se revolcaban en los lodazales del mal gusto. Lamentablemente, la horterada se pagaba y preferí un mucho más sobrio e irisado kurta rojo-verdoso y la cabeza, a pelo (porque este cabezón privilegiado mío NO ACEPTA gorros de ningún tipo).


(el bigote a lo Tom Selleck también era por exigencias culturales)

Las tías también debían envolverse en una especie de cortina (un shari), pintarse cosas mágicas por la cara y colgarse joyas para protegerse de los espíritus malignos. O eso creo. En cualquier caso, llamaban bastante la atención de los locales y las fotos furtivas, las miradas lujuriosas y los comentarios obscenos (que estarán en idioma gutural pero suenan igual) estaban a la orden del día.
Tanto la ropa de ellas como la de ellos estaban diseñadas estrictamente para la ceremonia: cualquier intento de quitársela para algo tan simple como echar una meada (y no digamos con cuatro copas de más) se convertía en toda una proeza.
La ceremonia en sí constaba de una serie de pasos bastante curiosos: llegada al hotel, tomarnos unas bebidas coloreadas (con una graduación alcohólica similar a la de la gaseosa) y salir a recibir al novio. Carlangas (el novio) debía acudir montado a caballo al hotel. Entre el jamelgo y el trajecito, el chaval llevaba unas pintas de figura de la baraja que daban ganas de cantar las cuarenta. Nosotros, disfrazados de forma similar, nos encargamos de hacer de guardia pretoriana, cortejo nupcial o qué se yo bailando a su alrededor al son de la música chumba-chumba que ponía un coche que iba delante nuestro (y gaseándonos con su tubo de escape de forma totalmente inmisericorde).

Y empezó la boda hindú. No os engañéis: estas ceremonias son igual de coñazo que las cristianas PERO aquí pasan camareros dando de comer mientras los novios las pasan putas a base de focos, calambres (porque buenas posturas tenían para sentarse) y murgas diversas.
El que presidía la ceremonia, aparte de un sacerdote guru-guru (al menos sonaba así) y su monaguillo era este impresionante COCO NAZI que representaba al dios de turno que pudieran necesitar los novios (en la India, con tantos credos distintos, es necesario y práctico tener tótems comodín para no herir susceptibilidades). El coco era más importante que los novios (o eso me pareció porque se llevaba todas las ofrendas mientras que a los novios ni una puta bandeja de canapés les pasaron) y le ofrecieron toda suerte de chorradicas (incienso, arroz, fruta… una dieta digna de un dios menor) a la par que los novios hacían descacharrantes promesas tales como:

Pedir siempre permiso a tu marido para salir de casa.
No decir a tu esposa que no te gustan sus amigos delante de ellos.
Querer a tu esposa como si fuera un rebaño de cabras.

Lógicamente, una quincena de españoles borrachos dio bastante juego a una ceremonia que prometía ser tranquilita pero de eso hablaremos en otra ocasión.

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6 comentarios to “HACIENDO EL INDIO EN UNA BODA”

  1. Gracias por este post, lo necesitaba :D.

  2. Joan El Misericordioso Says:

    -Pedir siempre permiso a tu marido para salir de casa.
    -No decir a tu esposa que no te gustan sus amigos delante de ellos.
    -Querer a tu esposa como si fuera un rebaño de cabras.

    Sin duda son una civilización milenaria. Nos llevan siglos de ventaja

    • No te creas, en algunos aspectos como la sanidad, el transporte, los camareros, la comida, el agua caliente, las lavanderías, las carreteras, el código de circulación, los cubatas, la cerveza, la música, las películas, la conservación del patrimonio, la seguridad, los aeropuertos, la burocracia, el olor corporal, el olor local, el control de los animales callejeros y alguna otra cosa que se me olvida se quedaron en Tagore, Siddartha y Bramaputrha.

      Eso sí, tienen una ciudad que se llama Puthaparty. ¡Vámonos todos a Puthaparty de fiesta!

  3. Si ya he hecho yo bien en no postearlo yo… G le dará mucho más lustre!

    Estaba recordando ahora tu primer “post” por llamarlo de alguna manera. De aquellas vacaciones en Salou en nuestra tierna adolescencia… caracterizados de descubridores de América… ains…

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