MEMORIAS DE BEICON CON QUESO (II de III)

Otra posibilidad del backstage es encontrarte con famosos. Un servidor puede presumir de haberse codeado con Loquillo, haber sido escupido por Nikki Sixx de los Motley Crue o robado bebidas isotónicas a Luis Miguel (y amigos míos presumen de no haberles dejado entrar por no ir identificados) y de haberse emborrachado con los chicos de Ed Guy. Que no hablábamos alemán ni ellos español pero con un barril de cerveza no hay barreras de idiomas.

Vigilar puertas era más entretenido porque veías gente pero más estresante porque tenías que soportarla. Siendo pipa aprendí que, si bien yo soy un tipo encantador e ingenioso cuando llevo tres copas de más, el común de los mortales es un gilipollas borracho y hediondo que se cree la ostia y está pidiendo a gritos que llames a seguridad. Aunque te topas con muchos imbéciles, el buen pipa tiene dos símbolos de autoridad indiscutibles: el chaleco y los de seguridad. El primero equivale a un uniforme y los segundos te proporcionan exactamente lo que indica su nombre. Uno no puede evitar sentirse poderoso en situaciones como estas:

YO: A ver, la entrada.
POLICÍA: Soy policía.
YO: Pues enséñame la entrada.
POLICÍA: Hombre, que soy policía.
YO: ¿Y no tienes entrada?
POLICíA: Te vas a buscar un problema…
YO: Y tú. ¡Seguridad!

No hay problema con que entren los polis si tienen la placa y están de servicio. Pero si lo que tienen es la cara dura y están de juerga no hay que tener piedad con ellos. Igual que los bomberos.

YO: Por aquí no se puede pasar.
BOMBERO: Que somos bomberos.
YO: Y yo el que vigila esto. Por aquí no se puede pasar.
BOMBERO: Pero…
YO: ¡Seguridad!

Estar en las puertas te permitía ver situaciones raras. En una ocasión, dos niñas de quince años se me acercaron muy educadamente:

-Perdone, es que hemos venido a ver a Andy & Lucas con nuestras amigas y nuestras madres y después del concierto nos han dejado pasar a los camerinos para verles pero nos han echado fuera sin verles y no tenemos las entradas, que las tiene mi madre…

¿Qué haces en una situación así? Parece una excusa estándar para colarse pero ¿y si es verdad? ¿En qué clase de monstruo te conviertes si dejas a esas dos en la puta calle y sin abrigo? Decidí ser práctico y dejarlas pasar (total, pensaba, porque se cuelen dos crías después del concierto…) para tener la conciencia tranquila. Para mi sorpresa, media hora después desfilaron por mi puerta de salida doce adolescentes que se despidieron todas de mí. No acababa de relacionarlas con las otras cuando aparecieron dos madres para darme las gracias por haberlas dejado pasar:
-De nada, señora: es mi trabajo.

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