MEMORIAS DE BEICON CON QUESO (III de III)

No siempre eran niñas en apuros. En otra ocasión nos vino un cañí de catorce años jurando como un carretero (de él aprendí lo de “Me cago en mi puta vida“) junto a sus dos amigos (bautizados al instante como “Los teleñecos“). Nos preguntaron si podían entrar a lo que les contestamos que sin entrada, no. Entonces, el teleñeco nos explicó su desgarradora historia: habían conocido a unas tías y él le había dejado a una de ellas 30 euros “para que se los guardara” y la muy puta los había usado para entrarse al concierto de Chenoa. Aguantándonos la risa, le explicamos al chaval que no podía pasar sin entrada a lo que el pobre desgraciado se retiró a un árbol con sus amigos a llorar. Nos dio pena y al final le dejamos pasar sólo a él (al menos que no se colaran todos). Lo acojonante es que una hora más tarde volvió a nuestra puerta diciendo que no encontraba a la chica en cuestión:
-Pues vuelve al concierto ¡y no vuelvas sin esa zorra!

A los amigos los colabas, por supuesto. En un concierto de REM algún fascista tuvo la idea de vender entradas distintas con asiento o sin y estar de vigilante entre un público supuestamente buenrollista es algo infame. Los listos se te quieren colar a las gradas y te llega un matrimonio mayor:
-Verás, es que mi mujer está mal de la espalda y no tenemos entrada de gradas para sentarnos.
-A ver, déjeme ver esa entrada.
-Toma, pero ya te digo que es de las baratas que no dan derecho a sentarse…
-A mí no me lo parece. Pasen por aquí.

Aunque te timen, lo importante es sentirse bien con uno mismo. Como cuando el jefe hizo colarse a un grupo de casi veinte personas. Curioso, cogí del brazo a la última chica y le pregunté su conexión con el jefe (si era amiga, del curro, yo qué sé, me aburría) y me contestó, para mi sorpresa, con gritos incoherentes. Se sacó un carnet del bolsillo donde ponía:
SOY UNA PERSONA SORDOMUDA.
Acabáramos: veinte sordomudos en un concierto.

También había destinos más ingratos: los aparcamientos de atrás eran aburridísimos (y eso en Pilares con el frío que hace no es plan) y los baños, aunque buenos para ligar, acababan encharcándose de meados hasta los tobillos. El olor de los baños de Interpeñas al amanecer es como el de una película de zombies.

Y hay muchas más historias de conciertos pero de momento bastará con estas.

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8 comentarios to “MEMORIAS DE BEICON CON QUESO (III de III)”

  1. beatriz Says:

    ¿Que quieres que te diga? me estan gustando tanto esto de “memorias de beicon con queso” que me estan dando ganas de ser PIPA (¿donde hay que apuntarse? no vienen locos al museo y me aburro…menos mal que me quedan los niños de la biblioteca para dar emoción a mi vida)

  2. Néstor Says:

    O sea que colabas a personas sin pedirle permiso al jefe…

    • No, perdón, ya se especificó en las condiciones de trabajo que se podía colar a los colegas. Y si el que aparece es el jefe con 20 sordomudos que quieren pasar, pues que pasen.

  3. No he comentado antes porque tampoco tengo nada que comentar, pero que sepas que me he leído todas las memorias de beicon con queso y que me han gustado.

    • Oh, gracias. Sabía que lo de vaciar camiones, trasnochar y acumular mugre conmovería las almas de los sensibles.

      No, que gracias, que para eso las escribo.

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