EN EL JIGOKU ESTARÉ

“Nos vemos en el infierno:
un buen lugar para conocernos.
El mejor sitio para reparar motores
y curar las heridas como buenos perdedores”
(Dinamita Pa Los Pollos)

Un factor común a la mayoría de religiones (aparte de que, agárrense, son mentira) es el concepto del INFIERNO. Curiosamente, desde Oriente hasta Occidente en casi todas partes existe la creencia en un lugar subterráneo y desagradable donde los demonios (o similares) se dedican a putear a los pillos que vivieron su vida con el dedo en el gatillo (o simplemente fueron un poco más cabrones de lo admisible por la deidad de turno).
El jigoku es el de los japoneses. Corría el siglo XII (más o menos) y el archipiélago del Sol Naciente era una casa de putas de guerras, conflictos culturales, cambios sociales y fregados políticos bastante complejos. En este contexto, los monjes budistas lo tenían bastante crudo para que la gente no se dedicara a hacer el animal e instruían como buenamente podían al personal en lo de portarse bien a base de mostrarles lo que ocurriría si se portaban mal.

Hay que hacer un inciso aquí para hablar del budismo y sus circunstancias: en esta doctrina, tenemos 10 niveles de trascendencia espiritual (el 10 es el nirvana que, a pesar de lo aterrador que resulta escuchar grunge por toda la eternidad, sólo Buda alcanzó en su día). Uno pasa su vida en uno de estos niveles y dependiendo de su comportamiento, cuando se reencarne subirá de nivel o se hundirá un poco más en la mierda: esto es lo que se conoce como karma.
En el nivel 1 de trascendencia espiritual tenemos a los pringadillos que van al infierno. Allí son sometidos a diversos martirios por los demonios de turno que van desde lo corriente (fuego, fieras que te muerden, latigazos…) hasta lo directamente asqueroso (estar sumergido hasta la barbilla en un mar de heces y que enormes insectos te devoren la carne y te metan picotazos si no te sumerges).

El nivel 2 es el de los gakis, los espíritus eternamente hambrientos. Estos se parecen bastante a fantasmas invisibles de estómagos hinchados cuyo martirio consiste en pasar hambre y sed eternas mientras se mueven entre las personas que no pueden verlos. Cuando se llevan algo a la boca, les quema y, si esto no basta, diversos demonios suelen rondarles para sacudirles un poco de vez en cuando.

Vedlos aquí pasando hambre mientras esperan a que la gente cague para comerse su mierda (que les quemará de todas formas):

La parte buena de todo esto es que, a diferencia del infierno cristiano, del jigoku se puede salir. Si un monje budista se dedica a hacer ofrendas a Buda por todos estos pringados, llegará un momento en que suban de nivel (sí, suena un poco raro) y puedan replantearse su vida.

Nosotros, en cambio, si nos tocamos con fines lascivos nos vamos derechitos al plató de la Divina Comedia sin billete de vuelta. Recordadlo.
Nos veremos allí.

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4 comentarios to “EN EL JIGOKU ESTARÉ”

  1. Trikikov Says:

    Level 3…Fight!

  2. Hermesh Says:

    El CAP en que nivel de infierno queda? en el dos? que dura ha sido la vuelta y eso que estoy en plan escaqueo.

    • En el de (y cito textualmente) “estar sumergido hasta la barbilla en un mar de heces y que enormes insectos te devoren la carne y te metan picotazos si no te sumerges”.

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